La estación de tren más bonita de España tiene un jardín tropical de 4.000 metros cuadrados donde crecen 260 especies de cuatro continentes: fue diseñada por el arquitecto Rafael Moneo y tiene palmeras de 10 metros
La combinación entre la arquitectura industrial del siglo XIX y la vegetación interior genera una de las imágenes más reconocibles de Madrid.

Atocha / Istock / 5
¿Alguna vez te has equivocado de planta al entrar en Atocha porque te has quedado embobado mirando el jardín tropical? A nosotros sí nos ha pasado.

Paneles en Atocha / Istock / R
No podemos ser los únicos que entren en la estación de Madrid-Puerta de Atocha sin mirar el panel de salidas. Y, ya, no es lo habitual en una estación, pero lo de esta es diferente, porque antes de pensar en el tren, el espacio te obliga a detenerte y mirar desde la barandilla.

Adriana Fernández
Al cruzar la antigua nave, la luz se filtra desde lo alto y en el centro aparece el jardín que, lejos de ser un elemento decorativo menor, ocupa buena parte del espacio.
La estación actual es el resultado de varias etapas
La estación de Atocha tiene su origen en el siglo XIX. La nave histórica, inaugurada en 1892 y atribuida al ingeniero Alberto de Palacio, responde al modelo de grandes estaciones metálicas de la época, con cubierta de hierro y vidrio.
A finales del siglo XX, el conjunto se reorganizó con la intervención del arquitecto Rafael Moneo, que proyectó la nueva terminal para trenes de alta velocidad. Esta ampliación no sustituyó la nave original, sino que la liberó de su función ferroviaria directa y la convirtió en el gran vestíbulo que tenemos hoy en día.

Estación de tren de Atocha / Istock
El jardín tropical ocupa la nave histórica y transforma el espacio en un entorno vegetal poco habitual
El elemento más reconocible (además de su fachada exterior, que ya es una de las postales típicas de la capital) es el jardín interior, que ocupa en torno a 4.000 metros cuadrados dentro de la nave. Alberga más de 200 especies vegetales procedentes de distintos continentes, con presencia destacada de plantas tropicales y subtropicales.
Entre ellas aparecen palmeras que alcanzan varios metros de altura (en algunos casos en torno a los 8 ó 10 metros), además de ficus, helechos y otras especies adaptadas a condiciones de humedad y temperatura controladas.

Atocha / Istock / t
El jardín no se atraviesa. Se rodea. Los recorridos de paso se distribuyen en torno a él, lo que genera distintos puntos de vista según el trayecto. Por ejemplo, desde los accesos laterales, la vegetación aparece en segundo plano, pero si te acercas, la cubierta metálica queda parcialmente oculta y el protagonismo se lo lleva la vegetación. Esta relación entre estructura industrial y vegetación es uno de los rasgos más reconocibles de Atocha.
Aunque lógicamente el foco suele centrarse en el jardín, la nave conserva elementos de su uso original. La estructura metálica, las proporciones del espacio y ciertos detalles constructivos remiten a la estación del siglo XIX.
Entra únicamente para visitar el jardín de Atocha
No tienes que ser pasajero para poder disfrutar de este peculiar jardín. El acceso a la nave histórica es libre y no requiere billete de tren, por lo que puedes visitarla sin problema. Aun así, conviene no olvidarse de que se trata de una estación en funcionamiento, con momentos de alta afluencia que tal vez le quiten parte de ese romanticismo que te puedas estar imaginando.
Teniendo eso en mente, evita las primeras horas del día y busca que tu visita sea en las franjas de menor tráfico para recorrer el espacio con más calma. Pese a que está permitido, el jardín no está pensado como un lugar visitable en sentido tradicional, por lo que no esperes encontrar recorridos interiores ni acceso directo a la zona de vegetación.
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