Parece Versalles pero está en España: el palacio barroco que es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura del Renacimiento de Europa
Durante siglos, soberanos, cazadores reales y artesanos del vidrio escogieron este enclave como refugio, laboratorio de ideas y residencia de verano.

A menudo pensamos que es necesario viajar a los pueblecitos perdidos de Suiza, a los castillos de Alemania o a los palacios de Francia para sentir que nos hemos colado entre las páginas de un cuento. Sin embargo, a veces no hace falta siquiera cruzar fronteras.

En el corazón de la Península, entre montañas cuya brisa fresca se agradece en verano y bosques que han sido rincón favorable a la caza durante siglos, existe un lugar donde los jardines están salpicados de fuentes que un día parecieron mágicas. Su aire afrancesado no es casual, sino que es señal de la llegada de la dinastía borbónica a nuestro país. Solo después de entrar por sus calles tranquilas, uno descubre que está ante el Real Sitio de San Ildefonso, más conocido como La Granja.
La historia del Real Sitio de San Ildefonso
La historia de este Real Sitio se remonta a la dinastía de los Trastámara. Enrique IV fue quien levantó el palacio de Valsaín, un fantástico refugio de caza que se convirtió rápidamente en residencia veraniega de los monarcas. Entre estas paredes se celebraron reuniones y fiestas de postín, destacando entre ellas la cuarta celebración de boda de Felipe II, tras casarse en el Alcázar. Después del incendio que lo arrasó en 1692, aquel primer palacio quedó reducido a ruinas, pero abrió la puerta a un proyecto mayor.
Fue Felipe V quien imaginó el palacio que hoy conocemos. Tras haber crecido en tierras galas y enamorado de estos montes, donde solía cazar, decidió levantar aquí un palacio inspirado en la grandeza de Versalles. Recuperó los territorios de una ermita que los Reyes Católicos habían cedido a los monjes jerónimos y adquirió su granja, su hospedería y sus tierras. Allí se levantaría un edificio grandioso cuyos planos fueron encargados a Teodoro Ardemans, quien inició las obras en 1721.

El monarca ordenó que no se demoliera ningún edificio antiguo, lo que dio lugar a lo que Eugenio de Llaguno describió como un “conjunto de añadiduras”: una mezcla de épocas y estilos que fue creciendo a base de ampliaciones.
En 1810 se constituyó el ayuntamiento, y poco después el enclave recibió oficialmente la categoría de Real Sitio, consolidando su estrecha relación con la corona.

Los jardines de La Granja
Los jardines fueron proyectados por el escultor René Carlier y el jardinero Étienne Boutelou, herederos directos del estilo de Le Nôtre, creador de Versalles. Ambos levantaron un parque de 146 hectáreas de estilo francés.
Hay un elemento que distingue San Ildefonso y lo alza por encima del mismísimo Versalles: 21 fuentes monumentales salpican los jardines. Mientras que Versalles presentaba la complicación de su llanura, en el Real Sitio de San Ildefonso el desnivel natural de las colinas favoreció que se crearan fuentes de hasta 40 metros de altura.

Así es La Granja hoy
La Granja fue residencia veraniega de los reyes de España. En su planta baja se alojó la célebre colección de estatuas de Cristina de Suecia, cuyos originales están hoy en el Museo del Prado. Las copias actuales, elaboradas en escayola, permanecen en el Palacio.
Aunque un incendio en 1918 dañó parte de los frescos y salas de la planta alta, la mayor parte del Palacio se ha mantenido intacta. Sigue en pie, por ejemplo, la antigua capilla del monarca, hoy Real Colegiata de la Santísima Trinidad.

Más allá del propio Palacio, el Real Sitio de San Ildefonso tiene mucho que ver. En el siglo XVIII, muy cerca del palacio, se levantó la Real Fábrica de Cristales, impulsada por Ventura Sit con el apoyo directo de la Corona. Su objetivo reducir las importaciones de cristalería de lujo y proteger la manufactura nacional, pero lograron llegar a colocar a España como toda una referencia internacional en la fabricación de vidrio, exportando a toda Europa.
La propia población también merece una visita. Durante el reinado de Carlos III, el casco urbano fue reordenado: se delimitó una muralla, se trasladó el cementerio fuera del pueblo.Y , sobra decirlo, uno no puede marcharse de aquí sin sentarse a la mesa para probar sus judiones, los famosos judiones de La Granja.
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