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La escapada por el Pirineo de Girona perfecta para septiembre: un monasterio del siglo IX, un pueblo gobernado durante siglos por abadesas y otro famoso por sus dulces

De los manuscritos medievales de Ripoll a las calles de Camprodon, el recorrido permite descubrir algunas de las historias más singulares del Pirineo gerundense.

La escapada por el Pirineo de Girona perfecta para septiembre

La escapada por el Pirineo de Girona perfecta para septiembre / Istock / Iakov Filimonov

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Un manuscrito medieval, una antigua comunidad de abadesas, un puente de piedra sobre el Ter y unas galletas que llevan más de un siglo ligadas a una localidad del Pirineo. Son algunas de las historias que aparecen al recorrer el Ripollès, una comarca de Girona donde el patrimonio, los antiguos oficios y la gastronomía permiten montar una escapada muy variada en pocos kilómetros.

Vista de Camprodón en pleno Pirineo catalán

Vista de Camprodón en pleno Pirineo catalán / Istock / JackF

Dos o tres días dan para conocer monasterios y cascos históricos con propuestas más cercanas al territorio: desde aprender caligrafía medieval en Ripoll hasa recorrer la Vila Vella de Sant Joan de les Abadesses, acercarse a la tradición del hierro y el agua en Campdevànol o probar mieles.

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Ripoll: un monasterio y un viaje a la Edad Media

El recorrido puede comenzar en Ripoll, junto al monasterio de Santa Maria, emblema de la ciudad. Está en el centro de la población, rodeado de calles y casas, y forma parte de su paisaje cotidiano. Mandado a construir en el año 888 por el conde Wifredo el Velloso, fue uno de los grandes centros religiosos y culturales de la Cataluña medieval. La parte más importante del monasterio es su pórtico románico del siglo XII, considerado una de las grandes obras del románico europeo.

Para entender mejor la importancia que llegó a tener este monasterio, acércate al Scriptorium. Allí descubrirás cómo trabajaban los monjes copistas y cómo se elaboraban los manuscritos medievales. Su legado incluye las conocidas Biblias de Ripoll y de Rodes. Los originales no están aquí: uno está en el Vaticano, otro en la Biblioteca Nacional de Francia y el tercero fue destruido en el incendio que arrasó la biblioteca del monasterio en 1835. Si te animas, puedes participar en un taller de caligrafía medieval para probar algunas de las técnicas utilizadas por aquellos escribas.

El rincón del Pirineo donde todavía se puede escribir como en la Edad Media

El rincón del Pirineo donde todavía se puede escribir como en la Edad Media / Istock / Iakov Filimonov

Sant Joan de les Abadesses, la villa de las abadesas

La siguiente parada es Sant Joan de les Abadesses, cuyo propio nombre conserva la huella de su pasado. El monasterio fue fundado en el siglo IX como comunidad femenina y tuvo a Emma de Barcelona, hija de Wifredo el Velloso, como primera abadesa. Las monjas benedictinas permanecieron aquí hasta el 1017, cuando fueron expulsadas por una bula del papa después de ser acusadas de llevar una vida poco ejemplar. La comunidad fue entonces sustituida por una masculina.

Sant Joan de les Abadesses

Sant Joan de les Abadesses / Istock / 5

Tras acercarte a sus puentes (protagonistas de todas las fotografías), puedes conocer mejor la historia del pueblo recorriendo la Vila Vella a pie pasando por los principales puntos del casco histórico. El monasterio es la joya de la corona, especialmente por el Santísimo Misterio, una talla de madera del siglo XIII considerada una pieza excepcional de la transición del románico al gótico. Después de la visita, Sant Joan de les Abadesses es un buen lugar para hacer noche antes de continuar hacia Camprodon.

Camprodon y las galletas que se convirtieron en patrimonio

Camprodon puede ocupar la segunda jornada. El Pont Nou es su postal más reconocible: un puente medieval de piedra sobre el río Ter que formaba parte de la antigua vía de comunicación con la Cerdanya. Desde aquí puedes continuar el paseo por el centro, acercarte al monasterio de Sant Pere y recorrer el Paseo de la Fuente Nueva, una de las avenidas más características de la localidad porque es donde Camprodon inició una notable recuperación económica y social (y vivió una oleada de veraneantes). Se trataba de familias con dinero que venían de la ciudad a pasar el verano en algunas de las mejores casas de este paseo y tuvieron mucho peso en la historia y el desarrollo de la localidad.

Casas colgadas sobre el río Ter en Camprodón

Casas colgadas sobre el río Ter en Camprodón / Istock / Manuel Milan

La historia de Camprodon también se puede contar a través de las galletas Birba. La familia comenzó en el negocio de los dulces a finales del siglo XIX y, en 1910, Llorenç Birba empezó a comercializar sus tan famosas galletas para que los veraneantes pudieran llevarse sus productos de vuelta a sus ciudades sin que se estropeasen por el caminno. La empresa levantó posteriormente una fábrica junto al Paseo de Maristany y el antiguo edificio todavía forma parte del patrimonio industrial de la localidad.

Campdevànol, Ribes y Montgrony para completar la escapada

La tercera jornada puede comenzar en Campdevànol, donde la tradición del hierro y el agua permite acercarse a una de las actividades que marcaron la historia industrial del Ripollès. Si tienes algo de tiempo y algo de maña, apúntate a un taller de lana con OvellaLab, una propuesta para conocer de forma práctica otro de los materiales vinculados a la vida de montaña.

Después, el recorrido continúa hasta Ribes de Freser. Allí puedes conocer la tradición apícola de la comarca a través de una cata de mieles en La Botiga de la Mel de Ribes, antes de seguir hacia Gombrèn y el Santuario de Santa Maria de Montgrony. El lugar es mágico ya sea que te pille un día totalmente despejado o que las nubes impidan que la vista te alcance más de dos metros.

Subida al Santuario de Santa Maria de Montgrony

Subida al Santuario de Santa Maria de Montgrony / Istock

Para terminar el viaje, no dejes de probar la gastronomia local en el restaurante del propio santuario de Montgrony. Puedes cerrar allí la jornada o, si te has quedado con ganas de más, regresar a Ribes de Freser y hacer noche en el Hotel Resguard dels Vents, que tiene un spa con vistas incomparables a la montaña donde reponerte de la eterna escalera que sube al santuario.