Escapadas de Semana Santa: 12 valles cercanos donde estalla la primavera

El espectáculo de la naturaleza alcanza en primavera todo su esplendor. Campos en flor, verdes bosques, fértiles huertas y ríos que ofrecen su mejor caudal después del deshielo. Muchos valles de España estallan de vida en múltiples colores y el aire adquiere una luz especial. Es el momento ideal para disfrutar de estos impresionantes entornos, de sus paisajes, sus pueblos y su gente.

Celia Lorente
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1. Respirar en verde 

Valle de Baztán (Navarra)

Situado en el corazón del norte navarro, un idílico paisaje de intenso verdor salpicado de pueblos y caseríos muestra en primavera su mejor cara. La llamada Suiza navarra alberga tesoros naturales como extensos hayedos, crestas escarpadas, intrincados barrancos, aguas cristalinas y rincones indiferentes al discurrir del tiempo. El pueblo de Elizondo celebra el 21 de abril su Fiesta de la Primavera coincidiendo con su feria de ganado, con numerosos puestos de artesanía, presentación del primer queso elaborado con leche de oveja del año y demás productos agroalimentarios de Baztán.

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2. La belleza del Pirineo

Valle de Benasque (Huesca)

Un valle de origen glaciar con el telón de fondo del mayor número de cimas de 3.000 metros de los Pirineos: Aneto, Posets y Perdiguero. Este valle con capital en Benasque,ofrece a sus visitantes unos paisajes espectaculares y únicos. Un marco natural de grandes montañas, bosques, ríos y lagos. Durante los meses de invierno la nieve cubre todo de blanco, pero con la llegada del buen tiempo la naturaleza se muestra en todo su esplendor. En primavera el deshielo deja paso a la floración de lirios, malvas, campanillas y margaritas que contrastan con el verdor de los campos.

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3. El jardín del Teide

Valle de la Orotava (Tenerife)

Un suelo volcánico y un clima atlántico influido por los vientos alisios han modelado el paisaje de este valle que se extiende desde la vertiente septentrional del Teide hasta el océano. El geógrafo Alexander von Humboldt describió a esta tierra como “el más bello rincón del mundo”. Desde el mirador que lleva su nombre se puede contemplar una espectacular vista panorámica del Puerto de la Cruz, La Orotava y Los Realejos, entre amplias extensiones de cultivos de plataneras. También se avistan los volcanes de El Fraile y Las Arenas y, cómo no, el  majestuoso Teide en lo alto.

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4. La flor de los cerezos

Valle de El Jerte (Cáceres) 

En esta comarca extremeña se celebra desde la década de los 70 la Fiesta del Cerezo en Flor, cuando más de un millón y medio de estos árboles se visten de blanco. Y lo hace con un programa cargado de acontecimientos culturales, deportivos, gastronómicos y de turismo activo. Unos festejos que dan comienzo al filo del equinoccio, con la llegada de la primavera, y finalizan a primeros de mayo tras la lluvia de pétalos, a pocos días de que dé comienzo la recolección del oro rojo del valle, época conocida en estas tierras como La Cereceda.

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5. Torrentes y saltos de agua

Vall d'Aran (Lleida)

Cimas de más de 3.000 metros, lagos y espectaculares saltos de agua que con el deshielo se encuentran en todo su apogeo. Un espectáculo natural que podemos contemplar en las impresionantes cascadas de la Artiga de Lin o la Saut deth Pish, que en esta época alcanzan su máximo torrente. Los más atrevidos pueden sentir la emoción del descenso sobre las aguas bravas del Garona para más tarde disfrutar tranquilamente del importante patrimonio cultural del Valle de Arán, con un conjunto románico y gótico único en el mundo.

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6. La vega más fértil

Valle de Ricote (Murcia)

El río Segura serpentea a lo largo de las riberas de chopos, sauces y palmeras que dan paso a un mar de huertas cuajadas de frutas, verduras y hortalizas. Una vega fértil de melocotoneros, limoneros, almendros, albaricoqueros, ciruelos... Cada uno aporta su color y la conjunción de todos ellos es un verdadero regalo para los sentidos. También conocido como el Valle Morisco, por ser el último reducto de los musulmanes en España tras la Reconquista, aún quedan vestigios de su paso por estas tierras, como las norias de regadío, algunas de ellas todavía en activo.

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7. Puro aire mediterráneo

Valle de los Naranjos de Sóller (Mallorca)

Es uno de los lugares más bellos del archipiélago balear, un vergel enclavado entre el mar y la Sierra de Tramontana, donde el perfume de la flor de azahar en primavera lo inunda todo. En este valle crecen naranjos junto a limoneros, clementinos, kiwis y aguacateros. Una fertilidad que se debe a su clima húmedo regado por los torrentes que descienden desde la montaña. Una forma ideal de llegar allí es subiendo al ferrocarril de madera que partiendo de Mallorca tarda alrededor de una hora en llegar a la bonita estación de Sóller. Un trayecto para disfrutar del más tradicional paisaje mallorquín.

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8. Meca de senderistas

Valle del Tiétar (Ávila)

Al abrigo de la Sierra de Gredos, “techo de Castilla y corazón pétreo de España”, como la definió Miguel de Unamuno, el Valle del Tiétar dibuja un paisaje que impresiona. En primavera es un paraje ideal para senderistas de todos los niveles. Los cerezos florecen en la cara sur de este macizo, en los alrededores de El Arenal, Guisando y El Hornillo, pueblos rebosantes de encanto. Hay rutas que conectan estas localidades, por las que poder caminar contemplando la floración y también la fauna local, ya que es lugar de avistamiento de águilas reales, buitres leonados y grullas, entre otras aves. 

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9. Vergel con tradición

Valle de las Caderechas (Burgos)

Al noroeste de la comarca de La Bureba, a 60 kilómetros de Burgos, se ubica el Valle de las Caderechas, un lugar que cada primavera se convierte en un vergel debido a la fertilidad de sus tierras. Los 40.000 cerezos que pueblan el valle se encuentran enclavados entre tres enormes unidades geomorfológicas que ejercen de pantalla y generan un microclima idóneo para su floración. Un valle salpicado de pintorescos pueblos cuyo parapeto orográfico ha servido para preservar a su vez una arquitectura tradicional capaz de poner la guinda a este atractivo pastel de cerezas.

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10. Paisaje de agua y bosque 

Valle del Guadalhorce (Málaga)

El río Guadalhorce forma un fértil valle de bosque mediterráneo, con olivos, alcornoques, pinos, castaños y huertas que trepan en bancales por cabezos y pequeñas colinas. Después, el paisaje asciende por el tremendo barranco de los Horcajos hasta las cimas de la serranía. Allí colgado se encuentra el famoso Caminito del Rey, una estrecha pasarela peatonal de más de tres kilómetros adosada a la roca en el interior de un cañón que alcanza en algunos puntos del recorrido hasta cien metros de altura sobre el río en paredes verticales. Un reto solo para los que no sufren de vértigo.

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11. Oasis en el desierto

Valle de las Mil Palmeras (Lanzarote)

Dijo el poeta que las palmeras son “promesas de felicidad” y es lo primero que inspira la visión de este valle donde crecen cientos de ejemplares de Phoenix canariensis, la palmera canaria. Situado en el municipio de Haría, este valle se encuentra protegido por el macizo de Famara y los volcanes de La Cerca, Los Helechos y La Corona. Desde el mirador de Los Helechos se puede contemplar todo el valle con los verdes palmerales salpicados de casitas bajas encaladas en blanco. Un microclima muy especial convierte estas tierras en las más verdes de la isla y ha favorecido el desarrollo de una flora autóctona muy poco corriente. 

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12. El corazón de Picos de Europa

Valle de Sajambre (León)

Este valle se encuentra en la cabecera del río Sella, en plena cordillera Cantábrica. Bosques de hayas y robles coexisten con otras especies botánicas tales como fresnos, castaños o acebos que en primavera se visten con intensas tonalidades de verdes y amarillos. La vida se abre paso en esta naturaleza donde no es difícil avistar un rebeco, un venado, un tejón u otro animal típico de la zona. Hacia el norte, el Desfiladero de los Beyos, en el cual las aguas del Sella fluyen entre impresionantes paredes verticales de piedra caliza, dando lugar a cascadas y fuentes. 

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