La ermita románica del siglo XII que cuelga sobre Segovia tiene la mayor colonia de buitre leonado de Europa: un templo al que solo se llega caminando a través del Parque Natural "La Cuchillada"
Descubrimos una ermita que no solo impresiona por su sobriedad, sino por su capacidad de imponerse de manera espectacular sobre su entorno.

Es un destino espectacular. / Istock
Colgada del borde de un acantilado en el corazón del Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, que se extiende en la provincia de Segovia y está clasificada como Zona de Especial Protección de las Aves (ZEPA), la ermita de San Frutos crea uno de los enclaves más impresionantes de todo el territorio español. La presencia de la ermita impacta no solo por su construcción, datada de los siglos XII y XIII y de un sobrio estilo románico, sino por la belleza y espectacularidad que crea en conjunto con su entorno natural.

Adriana Fernández
Emplazada en lo alto de uno de los meandros que forman las hoces del río Duratón, a ambos lados de la ermita se extienden dos cañones de gran profundidad, con el agua corriendo por el fondo y el embalse de Burgomillodo a pocos metros de distancia. A esta belleza natural se le añade que, como se trata de una ZEPA, por el entorno se pueden observar a buitres leonados planeando por los alrededores de la ermita, creando una estampa que te obliga a parar, guardar silencio y disfrutar de la magia del mundo.

Parque Natural de las Hoces del Río Duratón. / Istock / Javier Perez
Rodeada por cañones
Sobre un espolón calizo alrededor del cual se extienden dos cañones casi paralelos, los cuales crean un aislamiento natural, control visual y una sensación de retiro y tranquilidad absoluta, la ermita de San Frutos ofrece una sensación que, de vez en cuando, necesitamos más que nada en el mundo. Un entorno al que escapar cuando el día a día se vuelve demasiado y nuestros refugios habituales ya no son suficientes.

Buitre Leonado en el Parque Natural Hoces de Río Duraton / Istock / Al Carrera
La ermita está bautizada en honor a San Frutos, patrón de Segovia, que en el siglo VII se retiró al enclave junto a sus hermanos Valentín y Engracia. Seguramente es por esto que, desde mucho antes de que se construyera el templo, el lugar mantiene una esencia espiritual única, la cual ha estado presente durante más de mil años. Construida entre los siglos XII y XIII, cerca del lugar en el que se cree que se halla la tumba de San Frutos, la ermita expone un románico sobrio y elegante, con una sola nave de muros gruesos y ábside semicircular construida con la piedra caliza del entorno.
Lugar de milagros
Uno de los milagros más conocidos de San Frutos fue el que se produjo durante las continuas persecuciones de los cristianos por parte de los sarracenos. Mientras los habitantes de Sepúlveda intentaban escapar de los musulmanes, el santo golpeó el suelo con su bastón, provocando la creación de una gran grieta que obligó a los sarracenos abandonar la persecución.

Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, con acantilados verticales de piedra caliza / Istock / Aleksandra Tokarz
Conocida como “la cuchillada”, no fue hasta el siglo XVIII que se construyó un puente de piedra para poder atravesarla y acceder a la ermita. Cada 25 de octubre, día de San Frutos, se celebra una romería que recuerda el episodio, por lo que este es el mejor día del año para visitar el lugar.
El camino hasta el priorato
Para llegar hasta la ermita, lo primero que hay debes hacer es desplazarte hasta el diminuto pueblo de Villaseca, perteneciente al municipio segoviano de Sepúlveda. Allí, junto a la pequeña iglesia de Santo Tomás Apóstol, se extiende un camino de tierra de unos 5 kilómetros que lleva hasta la ermita de San Frutos. El camino se puede hacer en un tiempo de cerca de una hora, pero hay que tener en cuenta de que el sendero recorre una planicie sin ningún trozo de sombra, por lo que antes de emprender el camino hay que asegurarse de que vamos bien preparados, especialmente para las altas temperaturas que estamos viviendo este verano.

Parque Natural de las Hoces del Río Duratón. / Istock
Un cielo dominado por los buitres
Algo que hace más ameno el trayecto entre el pueblo de Villaseca y la ermita de San Frutos es la posibilidad de avistar el vuelo constante de los buitres leonados que habitan por el entorno. Las paredes del cañón excavado por el río suponen uno de los principales puntos donde esta especie construye sus nidos en la península; no es casualidad, puesto que el enclave se encuentra dentro del Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, protegido por su alto valor ecológico. Un lugar donde el patrimonio cultural e histórico entra en armonía con la naturaleza desde hace siglos.
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