La ermita medieval más bonita de España está en uno de los paisajes más bonitos y extraordinarios de España: a más de 100 metros de altura se mezcla la religión y la naturaleza
Este enclave se encuentra en uno de los lugares más bonitos de la Península Ibérica, un lugar en el que la religión y la naturaleza se unen en un entorno idílico.

En lo alto de una lengua de roca que se adentra en el vacío sin miramiento, aparece la ermita de la que tanto se habla. Pocas construcciones en España logran un equilibrio tan perfecto entre espiritualidad y naturaleza. A su alrededor, el río forma un meandro profundo que abraza la piedra, convirtiéndose en un reto para los que tienen miedo a las alturas. El visitante que llega hasta esta capilla, lo hace tras una caminata que recorre algo menos de un kilómetro de ida, para lo que hay rutas organizadas en las que disfrutar al máximo del entorno.
Es en el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón donde encontramos este tesoro. El recinto es un santuario de vida salvaje: anidan buitres leonados, alimoche, águila real y halcón peregrino, cuyas sombras se deslizan sobre el río día tras día. Sin esfuerzo, el río Duratón ha esculpido uno de los paisajes más majestuosos de Castilla y León. Entre Sepúlveda y el embalse de Burgomillodo, sus aguas han tallado durante millones de años un cañón de paredes verticales que superan los cien metros de altura y que permiten encontrar joyas como esta.
La ermita más bonita de España está a más de 100 metros de altura
Cuenta la tradición que San Frutos, un eremita segoviano nacido en el siglo VII, buscó en estas tierras la soledad y el recogimiento. Aquí levantó él mismo su refugio de oración. Siglos después se edificó la actual ermita, en el siglo XII, y alrededor de ella floreció un pequeño conjunto monástico dependiente del monasterio de Silos. Hoy, solo la iglesia resiste al paso del tiempo, convertida en símbolo para los senderistas y una de las ermitas románicas más bonitas de la Península Ibérica.

El interior de la ermita conserva un retablo barroco con la imagen del santo y los relicarios de sus hermanos, mientras en el exterior una necrópolis de tumbas excavadas en la piedra recuerda su pasado monástico.

La ruta para acceder a la ermita
El punto de partida se encuentra en Villaseca. Junto a su iglesia románica de Santo Tomás, una señal discreta indica el desvío: el camino comienza por una pista de grava que serpentea entre campos secos y sabinares. Tras recorrer unos cuatro kilómetros, la pista desemboca en un pequeño aparcamiento: desde aquí solo queda un corto paseo de unos 900 metros hasta la ermita. El sendero, bien señalizado y en suave descenso, invita a los pocos minutos a tomar un desvío a la derecha para detenerse en el mirador natural del parque: el cañón del Duratón.

Al fondo se aprecia la diminuta silueta de la ermita de San Frutos. De regreso al camino principal, la senda se estrecha y, casi sin aviso, aparece ante el viajero la ermita románica sobre la serenidad del cañón, el vuelo de los buitres y el sonido lejano del río. Una postal de película. Tal y como aconsejan desde la propia página web de Las Hoces de Duratón, la mejor hora para emprender la ruta es a primera hora de la mañana, cuando el sol ilumina el cañón desde el este, invitando a hacer este camino acompañado de familiares o amigos... Apto para todas las edades por su poca dificultad y corta duración.
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