La ermita más bonita del mundo está en Castilla y León: cuelga sobre dos cañones, la sobrevuelan buitres y preside uno de los parques naturales más impresionantes de España

La ermita que no solo impresiona por su sobriedad y piedra, sino por tener la capacidad de imponerse dignamente en un lugar de ensueño durante siglos.

Una espectacular ermita de Segovia que deberías visitar, al menos, una vez en la vida.
Una espectacular ermita de Segovia que deberías visitar, al menos, una vez en la vida. / Istock

La primera vez que llegas a la Ermita de San Frutos no miras la ermita, aunque también. Lo que impresiona realmente es el conjunto; un templo que impacta por no solo su construcción, sino donde está plantado. A un lado, un cañón; al otro, otro aún más profundo. Y no solo eso, sino que si miras arriba disfrutarás de la vista de buitres planeando como si ese borde del mundo fuera su casa. Y ahí, como si nada, se encuentra también una construcción que lleva siglos imponiéndose como quien no quiere la cosa. Es de esos lugares que te obligan a parar, a callarte un poco… y a mirar.

Adriana Fernández

Un espolón rocoso elegido con intención

La ermita se levanta sobre un meandro del río Duratón, en un espolón calizo desde el que se dominan dos cañones casi paralelos. Este punto ofrece aislamiento natural, control visual y una sensación de retiro absoluto. Una sensación, que seamos sinceros, necesitamos de vez en cuando.

La ermita más espectacular de España se encuentra en Segovia.

La ermita más espectacular de España se encuentra en Segovia.

/ Istock / Raul Ortega Marinas

Mucho antes de que existiera el templo románico, el enclave ya se utilizaba como lugar de vida eremítica. Además, aquí se retiró San Frutos, patrón de Segovia, en el siglo VII, acompañado por sus hermanos Valentín y Engracia. La tradición sitúa su tumba en este mismo entorno, y ese origen explica por qué el lugar mantuvo su esencia espiritual durante más de mil años, incluso cuando todo lo demás desapareció.

La Ermita de San Frutos en el Parque Natural Hoces del río Duratón.

La Ermita de San Frutos en el Parque Natural Hoces del río Duratón.

/ Istock / Raul Ortega Marinas

La ermita actual se construyó entre los siglos XII y XIII, en un románico sobrio, como a mí me gusta. Tiene una sola nave, ábside semicircular, muros gruesos y piedra caliza del entorno. Nada sobra y nada distrae. A su alrededor aún se reconocen los restos del antiguo monasterio de San Frutos, abandonado tras la desamortización del siglo XIX.

Donde mandan los buitres

Si algo te acompaña durante la visita, además del viento, es el vuelo constante de los buitres leonados. Las paredes del cañón son uno de los principales lugares de nidificación de la especie en la península, y verlos planear a escasos metros es una experiencia inolvidable. Y es que, no es casualidad, pues el enclave forma parte del Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, protegido precisamente por su valor ecológico. Os hablo de un lugar donde el patrimonio cultural no compite con la fauna, más bien convive con ella desde hace siglos.

La leyenda que explica el paisaje

Cada 25 de octubre, día de San Frutos, se celebra una romería que recuerda uno de los episodios más conocidos del santo; el llamado “paso de la hoz”. Según la tradición, San Frutos separó el terreno con su báculo para protegerse de invasores. El gesto es simbólico, pero encaja sorprendentemente bien con el paisaje real; un corte limpio que parece hecho a propósito.

Ermita de San Frutos en Parque Natural Hoces del río Duratón.

Ermita de San Frutos en Parque Natural Hoces del río Duratón.

/ Istock / Raul Ortega Marinas

La Ermita de San Frutos no busca gustar, pues no tiene grandes ornamentos, ni es cómodo subir hasta ahí. Sin embargo, funciona porque está exactamente donde tenía que estar, en sintonía con su entorno. En lugar de imponerse a las Hoces del Río Duratón, se apoya en él. Hay ermitas más grandes, más decoradas y más accesibles, sí. Pero San Frutos no se visita para tacharlo de una lista. Se visita para disfrutar y a la vez entender cómo un edificio mínimo puede dialogar con uno de los paisajes más descomunales de España. Y eso, hoy en día, es motivo de visita y de celebración.

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