
La ermita más bonita del mundo está en Bizkaia y tiene formaciones geológicas de hace 40 millones de años
Uno de los lugares más especiales del mundo, flanqueado por un precioso río y en unas lindes en las que parece que el tiempo se ha detenido. Así es la ermita de San Miguel de Arretxinaga, una de las tantísimas sorpresas que esconde la Comarca de Lea-Artibai, en Bizkaia.
Hay un lugar de Euskadi donde el silencio deja oír los ríos que desembocan en sus lindes, donde las soleadas callejuelas parecen sumergirnos en un cuento y en el que se esconde uno de los lugares más fascinantes que hemos visto en los últimos años. Hablamos de Markina-Xemein, que es todo eso y mucho más. Una villa fundada a mediados del siglo XIV tras la fusión de Markina y la anteiglesia de Xemein que pertenece a la comarca de Lea-Artibai, en Bizkaia.
Y es que lo cierto es que aquí es difícil mantener la atención en una sola cosa: tiene uno de los centros históricos más bonitos de la provincia, se ubica en un terreno ante el que solo cabe constatar la belleza de los pueblos de Euskadi y corre la suerte de ser atravesado por dos ríos que convierten el lugar en una estampa digna de una película Disney.

Allí, entre todo eso, es inimaginable que podamos encontrar un lugar que consiga superar el entorno, pero es prácticamente imposible no quedarse prendado ante la ermita de San Miguel de Arretxinaga, el punto exacto en el que el Río Artibai se cruza con el de Urko Ibaia y en plena quinta etapa del Camino de Santiago del Norte, que une Markina con Guernika.
Formaciones geológicas de hace 40 millones de años y la cuna de la Cesta Punta
Traspasar las puertas de esta ermita es vislumbrar en el centro, ocupando todo el protagonismo, tres gigantes peñascos de sílice cuarzo que se sujetan entre sí, creando entre ellas una pequeña capilla. Es en el interior de esta capilla hecha de roca donde se encuentra la imagen del arcángel San Miguel, que empuña la lanza contra el demonio que tiene a sus pies.

Pero quizás lo más curioso de esta ermita no sean sus grandes peñascos inabarcables a la vista, sino su historia. O, al menos, lo que se sabe de ella. Comienza cuando se funda la villa de Markina, en 1355, en un momento en el que se decía que la iglesia de Xemein había quedado abandonada porque sus feligreses frecuentaban otro recinto religioso que, sin lugar a duda, era este lugar. No sería hasta 1451 cuando se menciona por primera vez en escritos la presencia de esta ermita, que era habitada por ermitaños y freilas que cuidaban de ella. Tendrían que pasar casi 200 años tras estos escritos para que finalmente se consagrara el altar de San Miguel, por considerar que tenía gran semejanza con el del Monte Gargano, en la italiana zona de Apulia.
Pero quizás la historia más curiosa de esta ermita es que se dice que, antes de ser reedificada en 1734 porque el lugar amenazaba ruina y mucho antes de que se consagrara a San Miguel, era un lugar de culto pagano repleto de feligreses que llegaban atraídos por la extraña y curiosa disposición de estas piedras. Unas formaciones geológicas que, recordemos, datan de la época cenozoica y que ya estaban en el lugar como si de un milagro se tratara. De hecho, la ubicación y disposición de esta ermita se hizo alrededor de estas tres grandes formaciones que han permanecido inmóviles durante millones de años en el mismo lugar.

En la actualidad sigue habiendo varias teorías y juegos que envuelven su interior con un halo de misterio, quizás un recuerdo de todo lo que en antaño ya imaginaron ermitaños y freilas. Uno de los más populares es el de pasar tres veces por debajo de sus piedras sin tocar las paredes: se dice que si lo haces encontrarás pareja en el próximo año. Nosotros, como no podía ser de otra forma, lo hemos hecho... y ahora solo nos queda esperar a que Cupido venga a darnos el amor que tanto merecemos.
No podemos abandonar Markina-Xemein sin conocer otra parte importante de su historia. Y es que este pequeño pueblo rodeado de naturaleza es uno de los protagonistas de la tradición vasca. Tanto que esta localidad es considerada como la cuna de la Cesta Punta, uno de los deportes típicos de la tierra. Imprescindible es acercarse a su frontón, inaugurado en 1798 y que, tras varias remodelaciones, ahora cuenta con espacio para casi 1.000 asientos y 300 localidades de pie.
Tal es su pasión por la Cesta Punta o Jai Alai (que, en euskera, significa ‘fiesta alegre’), que este pueblo ha sido reconocido y nombrado como la “Universidad de la Pelota”. Una mención que viene dada por los tantísimos deportistas profesionales que han sido formados en esta cancha y que han llegado a jugar en Estados Unidos, México o Filipinas.

Lea-Artibai: cuando Bizkaia se convierte en una caja de sorpresas
Valles recónditos, entornos naturales mágicos, senderos ancestrales y pueblos pesqueros. Esta comarca, que debe su nombre a los ríos Lea y Artibai, es un paraíso frente al mar y un descanso entre las montañas. Una pequeña caja de sorpresas que ha sabido conservar con mimo sus tradiciones y su legado patrimonial, forjado a lo largo de los siglos gracias a los caminos que siguen los cursos del agua.
Lekeitio y el Faro de Santa Catalina
Un imprescindible en una visita a la comarca es Lekeitio, que sigue manteniendo una fuerte tradición pesquera que arrastran desde siglos. De hecho, hoy en día es posible alucinar viendo cómo los barcos descargan sus capturas para, más tarde, ser vendidas a pie de calle en lo que ellos llaman “del barco a la casa”. Su puerto tiene una y mil tradiciones, pero una de las más curiosas es acercarse una tarde cualquiera a su paseo marítimo. Allí descubrirás que decenas de niños juegan a tirarse al agua de una y mil formas en la que es, como nos cuentan, “una de las actividades estrella que todos los que son de Lekeitio han hecho de pequeños”.

Junto a su puerto vislumbrarás el impresionante templo gótico de Santa María de la Asunción, que alberga en su interior el tercer retablo más grande de la Península, que cuenta con 72 imágenes.

A escasos kilómetros de Lekeitio, a unos 5 minutos en coche, nos toparemos con el Faro de Santa Catalina, en pleno valle del Lea, el único visitable de todo Euskadi. A este le rodea una postal de cuento: unos acantilados de vértigo tapizados de unos imponentes valles verdes y donde se respira el inconfundible olor a mar. Desde allí, si tienes la suerte de tener unos cielos despejados, es posible ver casi toda la costa de Bizkaia de un solo vistazo.

El Monasterio de Zenarruza
Tanto si eres peregrino, como si no lo eres... el Monasterio de Zenarruza es otra de las paradas imprescindibles en un viaje por la comarca de Lea-Artibai. Aunque, quizás, si te animas a hacer el Camino de Santiago del Norte, este sea el punto perfecto en el que encontrar el descanso en el albergue que se encuentra en las lindes de este templo.

Este lugar es curioso por varias razones: aquí se encuentra el único claustro renacentista de toda Bizkaia y alberga una curiosa historia que se remonta al 968. Se dice que fue en ese año cuando la gente de los pueblos cercanos asistió asombrada a un suceso inusual: un águila cogía con sus garras una calavera del cercano cementerio y la depositaba entre unos matorrales, señalando el lugar donde debía alzarse un monasterio. No importó cuántas veces se quitara la calavera, siempre volvía al mismo lugar. Y eso fue, según la historia que ahora se cuenta, lo que dio origen a este monasterio, considerado uno de los más bonitos de la región.

Dos lugares para, literalmente, soñar
Hay lugares donde soñar es más que irse a la cama. Eso lo saben muy bien en el Hotel Antsotegui, que se encuentra enclavado en un valle próximo a la localidad de Etxebarría. Un espectacular paraje de Euskadi en el que nos topamos con un coqueto hotel-restaurante boutique ubicado en una antigua ferrería que llegó a ser la segunda más importante de Europa.

Aún se pueden ver resquicios de su historia entre sus paredes, ahora reformadas en un lugar en el que apetece quedarse y en el que sirven una de las comidas más contundentes y ricas de la región. Tal es su fama, su buen hacer y el amor de sus trabajadores que lograron hacerse con el Premio a Mejor Hotel Rural de Rusticae en 2022.
Aquí, más allá de dormir en una de sus habitaciones que se dividen entre las Selecta y las Superiores, podrás degustar algunos platos típicos de la zona como el Txuletón (un imprescindible si visitas este restaurante), las anchoas del cantábrico aderezadas con aceite, ajo y perejil o alguno de sus pescados del día.

Hay otro lugar en la comarca de Lea-Artibai en el que no querrás despertar jamás de tu sueño. Hablamos de la Casa Rural Garro, en las estribaciones de Munitibar, un pequeño pueblo que rebosa verde y plagado de preciosos jardines. Aquí encontraremos un gigante caserío fundado en el siglo XI por Sancho el Fuerte de Navarra. Más tarde funcionaría como ferrería y como molino para, ahora, ser un lugar en el que pasar unos dias perfectos con familia o amigos.

Aquí, además de seis habitaciones dobles con baño, un comedor, un salón social y una terraza repleta de obras de arte, también nos encontraremos en pleno paso del Camino de Santiago del Norte, por lo que es más que normal estar acompañado de peregrinos durante todo el día. Pero lo más especial de este lugar, quizás, sea el hecho de que se encuentra, literalmente, repleta de obras de arte. Solo hay que conocer que su dueño es José Ángel Uberuaga, conocido como Ube, para saber que aquí dentro (y fuera, en el cercano valle) encontraremos más que una estancia, sino un lugar en el que se suceden los cuadros y las esculturas.

Sea como sea, vayas a donde vayas, comas donde comas y visites lo que visites queda clara una cosa... esta comarca de Bizkaia es, literalmente, como un sueño del que no querríamos despertar nunca.