Entramos en la ciudad con "el mejor desayuno de España": su pan tiene sello europeo IGP y sus dólmenes son Patrimonio de la Humanidad
El desayuno es una comida que los vecinos de esta localidad malagueña nunca se saltan, pero hay mucho más en su entorno que ha atrapado durante años a miles de viajeros.

El mejor desayuno de España se come en una pequeña localidad de Málaga: su pan tiene sello europeo IGP y sus dólmenes son Patrimonio de la Humanidad / Istock / Tunatura
La ciudad más devota de España, considerada la localidad española con mayor número de templos por habitante, una concentración que le ha valido el sobrenombre de “ciudad de las iglesias”, es mucho más que religión. Los 33 templos que guardan sus 41.000 habitantes están rodeados de bares con los mejores desayunos de toda la provincia malagueña, y su historia desvela el paso de civilizaciones de antaño que le han servido hasta de reconocimientos internacionales. ¡Sigue leyendo!
Es justo en el punto de encuentro donde convergen todos los caminos andaluces, donde aguarda una ciudad que ha sido cruce de civilizaciones desde la Edad de Piedra y que atesora un patrimonio capaz de deslumbrar al viajero. Las comunidades del Neolítico ya consideraron este enclave, Antequera, un espacio sagrado. La arquitectura de sus calles rinde homenaje al esplendor señorial de los siglos XVI y XVIII. Las casas palaciegas salpican sus calles blancas, custodiadas desde lo alto por las murallas de la Alcazaba y la silueta de la Real Colegiata de Santa María la Mayor.

Adriana Fernández

Vista aérea de Antequera (Málaga) / Istock / saiko3p
El imperio del mollete: el pan del mejor desayuno de España
Este alimento es capaz de representar la identidad de una ciudad: el mollete de Antequera. Este pan de miga tierna, corteza fina y forma ligeramente ovalada lleva siglos formando parte de los desayunos andaluces e incluso, ha visto reconocido su valor con la obtención de la Indicación Geográfica Protegida (IGP), un sello europeo que certifica su origen y su elaboración tradicional. A día de hoy existen procesos que agilizan parte de la producción, pero muchas panaderías mantienen un método en el que el trabajo artesanal sigue siendo el verdadero protagonista.

La ciudad de Antequera / Istock / benedek
La historia del mollete se remonta varios siglos atrás. Los documentos conservados sitúan su elaboración, al menos, en el siglo XVI, aunque numerosos estudios apuntan a que sus raíces podrían encontrarse en los panes planos que preparaban las comunidades musulmanas y judías durante la época de Al-Ándalus. Su elaboración parte de ingredientes sencillos: harina, agua, levadura y sal. Tras el amasado, la masa se divide en pequeñas porciones que reposan durante varias fases de fermentación antes de adquirir su característica forma achatada.
El último paso tiene lugar en hornos de piedra, donde una cocción breve permite obtener una corteza muy fina, apenas dorada, mientras el interior conserva una miga blanca, ligera y extraordinariamente esponjosa. Precisamente esa textura es una de las características que más valoró la Unión Europea al conceder la IGP. En Andalucía resulta casi imprescindible servirlo tostado con aceite de oliva virgen extra, tomate rallado o jamón ibérico, aunque también admite mantequilla, mermeladas, quesos o cualquier otro ingrediente.
Un conjunto megalítico declarado Patrimonio Mundial
La visita debe completarse recorriendo algunos de los grandes atractivos de la ciudad: el conjunto arqueológico de los Dólmenes de Antequera, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Mucho antes de que existieran las grandes civilizaciones del Mediterráneo, en el corazón de Andalucía ya se levantaba uno de los conjuntos monumentales más sorprendentes de la Prehistoria europea. En Antequera, enormes bloques de piedra fueron colocados hace más de 5.000 años para crear monumentos funerarios que aún hoy desafían la lógica de quienes los contemplan.

Dolmen de Menga (Antequera) / Istock / Tunatura

El Torcal de Antequera / Istock / Deep Pixel
Su extraordinario valor histórico y arqueológico lo ha situado entre los enclaves culturales más importantes del planeta. El conjunto está formado por tres grandes monumentos megalíticos: los dólmenes de Menga y Viera y el tholos de El Romeral. A ellos se suman dos elementos naturales inseparables del enclave, la Peña de los Enamorados y el paraje kárstico de El Torcal, cuya presencia resulta esencial para comprender el significado de este paisaje ritual levantado durante el Neolítico y la Edad del Bronce.
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