La encina más antigua y grande del planeta está entre España y Portugal: en una dehesa única en Extremadura junto a uno de los pueblos más bonitos del mundo
Naturaleza e historia se unen en este punto tan bonito y desconocido de Extremadura que merece la pena visitar.

Una encina puede llegar a vivir hasta 1.200 años. Es un árbol que, como no podía ser de otra manera, simboliza fuerza, longevidad, solidez y adaptación. En antiguas civilizaciones se consideraba un árbol sagrado, ligado a deidades como Zeus en Grecia y Júpiter en Roma. En esa misma época, se otorgaba la corona de encina a soldados y ciudadanos destacados por su valentía y virtudes cívicas, a modo de premio a la fuerza y la gloria, en palabras de Tito Livio.
Venerado en la Antigüedad, hoy no hace más que seguir impresionando a aquellas personas que se ponen frente a ella por su grandeza en todos los sentidos. En Cáceres (Extremadura), a medio camino entre España y Portugal, se encuentra la que se cree que es la más longeva y grande del mundo. Se trata de La Terrona: se estima que tiene entre 800 y 1.100 años, el diámetro de su copa es de 27 metros, tiene 16,4 de altura y un tronco de unos 7,7 de perímetro.
La encina más grande y longeva del mundo
Esta encina, ubicada en el paraje de Cordel de la Cumbre, en el pueblo de Zarza de Montánchez, ha vivido episodios de la historia de España que pocos imaginarían. Con sus más de ocho siglos de existencia, ya estaba ahí durante la ocupación musulmana, para hacernos una ligera idea. Aunque actualmente no es el ejemplar tan robusto que fue hace unas décadas, porque en 1998 una tormenta provocó daños en él e hizo que se convirtiera en un árbol protegido.

Lo rodean unas vallas de madera y lo sujetan unas barras metálicas que se colocaron un tiempo después para ayudar a soportar la estructura y evitar que se viniera abajo. Es una de las maravillas naturales más preciadas de todo el país y de todo el mundo, pese a que no todo el mundo la conozca. Su entorno está igualmente salpicado de otras encinas, alcornoques y pastos, formando una dehesa que se conoce precisamente como La Dehesa.

En este mismo entorno es donde se alimenta al cerdo ibérico, otro de los grandes representantes de la cultura pacense. Este animal que luego se utiliza para hacer el mejor jamón del mundo -según los expertos- se alimenta de bellota, un fruto que nace de árboles del género Quercus como los robles, los alcornoques o las encinas. En un solo paisaje se resume la esencia pacense: encina, bellota y cerdo ibérico. Tres símbolos de la identidad de una tierra muchas veces olvidada.
Uno de los pueblos más bonitos del mundo a un paso de La Terrona
Aquellos viajeros que se acercan a conocerla, a empaparse un poco de su longevidad, aprovechan para visitar también el pueblo en el que se ubica, Zarza de Montánchez. Es un pueblo diminuto con un encanto grandísimo, donde ver monumentos como la iglesia de San Miguel Arcángel o la Fuente Santa; y si vas en coche y te animas te recomendamos otra localidad que se considera una de las más bonitas del mundo por su belleza e historia: Jerez de los Caballeros.

Es cierto que no está al lado, pero ya que se coge el coche para ver La Terrona, no hay excusa para continuar hasta esta población de origen templaria. Está prácticamente en la frontera con Portugal y ya existía en tiempos de fenicios y romanos. Su nombre hace referencia directa a la Orden del Temple, destacando la importancia que tuvieron los templarios en esta zona. Allí se erige uno de los castillos templarios más impresionantes de toda España.

Es una fortaleza que se incorporó a la Orden en el siglo XIII y que forma parte del centro histórico amurallado declarado Conjunto Histórico Monumental. La muralla, que construyeron los templarios, tenía en sus orígenes seis puertas, de las que hoy solo se conservan dos: la de Burgos y la de la Villa. Otro de los lugares más visitados del pueblo es la Torre Sangrienta, nombre que se otorga a la Torre del Homenaje, la más importante de la fortaleza.

Pero si hay por algo por lo que destaca Jerez de los Caballeros es por ser la capital del Barroco de Extremadura. Entre su patrimonio de este estilo hay varios palacetes como el de las Cigüeñas o el del Bachiller Juan Martínez de Logroño; o edificios religiosos como la iglesia de San Bartolomé, construida en el siglo XV bajo influencia gótica y ampliada posteriormente en estilo barroco. Jerez de los Caballeros junto a La Terrona hacen la escapada perfecta para este otoño.
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