El embalse más grande de España y el tercero de Europa: casi 14.000 hectáreas de agua que cambiaron para siempre el paisaje de Extremadura
Un mar interior que no estaba en los mapas y hoy define toda una comarca.

¿Qué haríamos nosotros sin los mapas? Son fundamentales, y no mienten. Pero lo que te puedo decir con seguridad es que se quedan cortos. Porque sobre papel (o más bien sobre la pantalla del móvil) el embalse de La Serena es solo una mancha azul en el este de la maravillosa provincia de Badajoz. Pero cuando te plantas allí y miras alrededor, entiendes que no estás ante una simple infraestructura hidráulica, sino ante un paisaje que se ha ido haciendo a sí mismo con el paso de los años. Hablamos de casi 14.000 hectáreas de agua dulce que hoy parecen naturales, pero que hace no tanto no existían. Un mar interior que cambió la vida de toda una comarca y que, sin comerlo ni beberlo, ha terminado creando uno de los escenarios más sorprendentes de Extremadura.
Un coloso hidráulico en el corazón de La Serena
En Extremadura hacen todo a lo grande, y en este caso no iba a ser menos. Con una superficie de unas 14.000 hectáreas, el embalse de La Serena es el más grande de España y el tercero de Europa, solo por detrás de Alqueva, en Portugal. Y no contento con conseguir tal reconocimiento, también se extiende entre las maravillosas comarcas de La Serena y La Siberia extremeña, un territorio históricamente seco, de grandes llanuras y economía ligada al campo. Su capacidad (más de 3.200 hectómetros cúbicos) lo convierte en una pieza clave del sistema hidráulico del Guadiana, fundamental para el abastecimiento de agua, el riego y la regulación de avenidas.
La presa es bien joven, pues se terminó a finales de los años ochenta y el embalse comenzó a llenarse en 1990. Desde entonces, el paisaje no ha vuelto a ser el mismo. (a mejor). Y es que donde antes había dehesas, vaguadas y cauces estacionales, hoy hay orillas amplias, penínsulas, islotes y una hermosa masa de agua que cambia de color según la luz y la estación. Lo que nos recuerda que todo es efímero y, al mismo tiempo, nos demuestra que los cambios no siempre son malos.
El agua como eje principal
El impacto del embalse fue mucho más allá de lo visual. La llegada del agua alteró el microclima, suavizó temperaturas extremas y permitió un desarrollo agrícola más estable. Aquellas zonas que durante décadas habían sufrido sequías recurrentes pasaron a depender de un recurso regulado, lo que supuso un antes y un después para la economía local.

A su alrededor se reparten municipios como Cabeza del Buey, Castuera, Capilla, Peñalsordo o Esparragosa de Lares, además de localidades de La Siberia como Puebla de Alcocer, Garlitos o Siruela. Todos ellos conviven hoy con un paisaje que ya sienten como propio, aunque sea fruto de una obra relativamente reciente.
Un refugio inesperado para la vida salvaje
Con el paso del tiempo, el embalse se ha convertido también en un espacio clave para la biodiversidad. Parte de su entorno está declarado Zona de Especial Protección para las Aves, ya que funciona como área de invernada y paso para numerosas especies acuáticas. En los meses fríos es habitual observar garzas reales, ánades, cercetas, silbones europeos y otras aves ligadas a humedales interiores.
Este nuevo ecosistema demuestra cómo una infraestructura humana, pensada con fines prácticos, puede acabar generando un equilibrio natural propio cuando se integra en el territorio. Una maravilla que sorprende a los auténticos amantes de la naturaleza y de todas sus vertientes.
La maravilla de La Serena
Más allá de su tamaño, el embalse se ha consolidado como un espacio perfecto para actividades para el disfrute al aire libre. No es extraño ver embarcaciones de vela, zonas habilitadas para la pesca deportiva y tramos tranquilos para piragüismo. Y, para sorpresa de todos, ¡también hay playas! Y vaya playas… Las de Orellana o Peñalsordo, muy frecuentadas en verano, tienen una calidad del agua difícil de igualar. El entorno invita, por otro lado, a conocerlo mientras caminas, acabar en miradores naturales y a descubrir un turismo tranquilo, sin decoraciones, donde el paisaje es el protagonista absoluto.
La mejor vista está en lo alto
Si hay un lugar desde el que se comprende de verdad la magnitud del embalse, es desde el castillo de Puebla de Alcocer. Esta fortaleza del siglo XV se alza sobre un cerro y ofrece una panorámica privilegiada del “mar” de La Serena. Desde allí, el agua parece no tener fin y el contraste entre historia medieval y paisaje transformado resulta especialmente poderoso.

Hoy cuesta imaginar esta zona sin el embalse, lo que nos demuestra lo fácil que nos adaptamos a los cambios. En apenas tres décadas, La Serena ha pasado de ser una tierra marcada por la aridez a convertirse en uno de los grandes paisajes de agua del sur de Europa. Y, como dice mi abuela, el agua hace camino, y aquí no solo lo hizo, sino que dibujó un paisaje entero.
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