Eloi vive solo en un pueblo del Pirineo al que hasta hace poco no llegaban los coches: “No busco la soledad, me la he encontrado y se me está haciendo larga”
Una antigua aldea reconstruida tras un alud vive ahora un nuevo capítulo con un solo habitante y un acceso que acaba de mejorar.

Eloi vive solo en un pueblo del Pirineo que quiere volver a tener vecinos / Wikimedia Commons / Mgclape
Vivir en un pueblo de montaña puede sonar idílico hasta que llega el momento de mirar alrededor y comprobar que no queda nadie más. Eso es lo que le ocurre a Eloi Pasarin, que decidió instalarse en Àrreu, un pequeño núcleo del Pallars Sobirà rodeado de bosque y montañas. Tiene su casa, su taller de carpintería, caballos y todo el espacio que pueda necesitar, pero también algo que no había buscado: ser el único vecino.

Àrreu tiene todo lo que uno imagina cuando piensa en un pueblo perdido del Pirineo / Wikimedia Commons
Porque Àrreu tiene todo lo que uno imagina cuando piensa en un pueblo perdido del Pirineo: montaña, bosques, una iglesia románica, caminos de herradura y casas agrupadas en una ladera. Lo que ya resulta menos habitual es encontrarlo sin vecinos. Durante años, además, llegar hasta este lugar a 1.250 metros de altitud en coche no era posible.

Adriana Fernández
La historia de Eloi fue contada por La Vanguardia cuando el periódico visitó Àrreu para conocer cómo era la vida del que entonces era su único habitante. Eloi había llegado por primera vez en 1994 junto a dos o tres amigos, buscando un lugar donde vivir en la montaña. Un propietario les dejó una casa con la condición de que la cuidaran y pasaron allí un año. Después se marchó a Llavorsí y dejó Àrreu atrás.

Àrreu tiene hoy una imagen difícil de asociar a un pueblo habitado / Wikimedia Commons
Muchos años después, volvió a interesarse por el pueblo cuando supo que se iba a construir una pista que facilitaría el acceso. Consiguió comprar una de las casas y comenzó a rehabilitarla. También levantó allí su taller de carpintería artesanal.
Para sacar madera del bosque utilizó caballos, una solución que encajaba con la vida que quería llevar. “Todo cuadraba: el taller, los caballos, el bosque, el entorno…”, explicaba a La Vanguardia. Pero había algo que no terminaba de encajar. “Aunque hay una cosa que no me gusta, que es la soledad”, reconocía. Cinco años después de instalarse allí, decía estar viviendo una “soledad no deseada”.

Ermia de Àrreu / Wikimedia Commons
Un pueblo que una avalancha obligó a reconstruir
La historia de Àrreu ya estaba marcada por el aislamiento mucho antes de que Eloi llegara. En 1803, un enorme alud de nieve destruyó el antiguo núcleo y provocó la muerte de 17 personas. La avalancha destruyó las diez casas que formaban entonces el pueblo. Los supervivientes no abandonaron la montaña. Tras la tragedia, trasladaron Àrreu a un emplazamiento considerado más seguro, aproximadamente a 450 metros del lugar original y a una cota más baja. Allí se reconstruyó el pueblo que todavía se conserva. La antigua ubicación, conocida como Àrreu de Dalt o las bordas de Àrreu, quedó como recuerdo de aquel pueblo destruido por la nieve.
El Àrreu que conoció Eloi muchos años después también terminó quedándose sin vecinos. Su despoblación se produjo en los años 80. La falta de acceso rodado, la dureza del clima y las dificultades para mantener una población estable fueron haciendo cada vez más difícil la vida permanente en el núcleo.
La carretera fue durante décadas uno de los grandes problemas del pueblo. Finalmente, la pista forestal llegó y permitió acceder en coche con precaución. Cuando La Vanguardia entrevistó a Eloi en 2025, hacía menos de un año que el Ayuntamiento había abierto ese acceso y él explicaba que ya empezaba a recibir alguna visita: “Ya no hay tanta complicación. Tal como está ahora, espero y deseo que se llegue a repoblar”, decía entonces.
Una iglesia románica, un puente medieval y un taller de madera
Àrreu conserva además algunos elementos que demuestran que en otro tiempo no estuvo vacío. La iglesia de Sant Serni, de origen románico y fechada en el siglo XII, permanece en el núcleo. También existe la ermita románica de la Mare de Déu de les Neus, restaurada hace unos años, aunque la talla policromada del siglo XIII que representa a la Virgen se conserva actualmente en la iglesia de Sant Martí de Borén.
También queda su puente de estilo románico, situado en el antiguo camino de herradura que conduce hasta el pueblo y declarado Bien Cultural de Interés Local. El entorno conserva además los restos del antiguo castillo de Àrreu y de la llamada Torre de la Minyona.

La iglesia de Sant Serni / Wikimedia Commons
Pero para Eloi la vida cotidiana transcurre sobre todo entre madera, herramientas y animales. En su taller fabrica utensilios para el hogar, muebles restaurados y otros encargos que vende también a través de internet y de Instagram.
Su mayor preocupación tampoco es el silencio de la montaña, sino lo que puede ocurrir cuando algo sale mal y no hay nadie cerca. “Lo tengo presente cada día: qué pasaría si tuviera un accidente o un problema de salud”, contaba. Ha trabajado como socorrista en pistas de esquí y también en una ambulancia, así que conoce los primeros auxilios y procura reducir los riesgos mientras trabaja.
Para entretenerse, escucha la radio a través de internet (aquí no llega al señal de FM), lee y ve la TV al anochecer. Y tiene una manera bastante particular de organizar sus días: si una tarea se complica demasiado, prefiere parar y hacer otra cosa. “Soy como los artesanos japoneses: el día me dice qué tengo que hacer”, explicaba.
Pero lo que más pesa después de tantos años no es la falta de trabajo, es no tener a quién saludar al salir de casa. “No busco la soledad. Me la he encontrado y se me está haciendo larga, porque a mí me gusta la gente. Es una putada no poder saludar a nadie ni tener un vecino en la casa del lado”, se lamentaba Eloi, que desea que vuelvan los vecinos, que alguna casa vuelva a abrirse, que alguien encienda una luz al caer la tarde y que el pueblo deje de depender de un único habitante.
- El paseo marítimo más largo del mundo está en España y recorre 26 kilómetros: en una Reserva de la Biosfera y rodeado de paisajes volcánicos
- El pueblo medieval ideal para recorrer a pie donde se elige 'el mejor torrezno del mundo': una catedral gótica para 5.000 vecinos, una calle Mayor porticada y una muralla del siglo XV
- La Vía Verde más larga de España cruza tres provincias, tiene casi 200 kilómetros: recorre 27 espacios naturales protegidos y sigue el trazado de un antiguo ferrocarril minero
- Nadie la visita, pero dicen que es la “Suiza española”: lagos de montaña, pueblos de piedra y cumbres de más de 2.000 metros en una de las zonas menos pobladas de España
- César es el único vecino del pueblo al que La Vuelta a España no pudo llegar: 23 curvas, un 21% de desnivel y un futuro sin vecinos
- El pueblo más bonito de Badajoz no es Olivenza: es uno de calles blancas coronado por una fortaleza templaria con cuatro torres barrocas
- Las Azores, el refugio atlántico donde el verano todavía se vive sin multitudes
- Lo siento Albarracín, la joya medieval más bonita de Teruel es una villa atravesada por el meridiano de Greenwich: con una iglesia-fortaleza , gárgolas desafiantes y un laberinto de bodegas subterráneas