
Acantilados, aguas turquesas y playas escondidas en el Algarve, uno de los grandes destinos atlánticos del país / Mlenny
Portugal para viajar sin prisa: el país vecino que invita a recorrer el camino con otros ojos
Maria de Lurdes Vale, Directora de Turismo de Portugal en España, propone descubrir el país desde una mirada pausada, atenta y emocional, a través de rutas, islas, pueblos, gastronomía y paisajes que permanecen en la memoria.
Portugal es uno de esos destinos cercanos que admiten muchas formas de viaje. Se puede recorrer a través de sus grandes ciudades, de su costa atlántica, de sus islas o de sus pueblos del interior, pero también desde una mirada más pausada, atenta a los detalles y a la identidad de cada lugar. “Importa más el camino que el viaje”, defendió Maria de Lurdes Vale, Directora de Turismo de Portugal en España, durante el encuentro “Nos gusta VIAJAR a... Portugal”, organizado por VIAJAR junto a Turismo de Portugal en el Moco Museum Barcelona.

Maria de Lurdes Vale, Directora de Turismo de Portugal, junto a Josep Maria Palau, director de la revista VIAJAR, durante el encuentro “Nos gusta VIAJAR a... Portugal”. / María José Cayuela
Su reflexión abría una forma distinta de entender el país vecino: no como una escapada rápida ni como una suma de postales reconocibles, sino como un territorio que invita a viajar despacio, a conversar con sus habitantes, a atravesar paisajes cambiantes y a recuperar algo cada vez más valioso en el viaje contemporáneo: la atención.
¿Cuál es la mejor ruta para descubrir el Portugal más auténtico?
Para quienes quieran conocer Portugal de una forma pausada y auténtica, Maria de Lurdes Vale recomienda recorrer la Estrada Nacional 2, más conocida como la N2. Esta carretera cruza el país de norte a sur y permite entender Portugal como un viaje de transición, de contraste y de descubrimiento constante.
La ruta comienza en el norte, entrando por Trás-os-Montes, una de las regiones con más carácter del interior portugués, y termina en el Algarve. Entre ambos extremos, el camino atraviesa aldeas, ciudades menos conocidas, paisajes rurales, montañas, ríos, viñedos y territorios donde el ritmo del viaje cambia por completo. No se trata solo de conducir, sino de parar, observar y sentir cada lugar.

La costa del Algarve conserva algunos de los paisajes marinos más espectaculares del sur de Portugal / Eloi_Omella
La N2 permite descubrir ese Portugal que a menudo queda fuera de los recorridos más evidentes. Un país de pueblos tranquilos, cafés donde todavía se conversa sin prisa, mercados locales, miradores inesperados y carreteras que invitan a desviarse. Es, en cierto modo, una forma de viajar que devuelve protagonismo al trayecto.
¿Por qué las islas portuguesas son perfectas para viajar despacio?
Además del interior, las islas ocupan un lugar esencial en esta manera de descubrir Portugal. Los Açores, con sus nueve islas, son una de las grandes recomendaciones de Maria de Lurdes Vale para quienes buscan un viaje pausado, sensorial y conectado con la naturaleza. Cada isla tiene una personalidad propia, distinta de las demás, y todas comparten una relación intensa con el Atlántico.
Allí el viaje se mide en volcanes, lagunas, miradores, senderos, pueblos marineros, piscinas naturales y paisajes verdes que parecen cambiar con la luz. Es un destino que invita a caminar, respirar, mirar el horizonte y entender que el lujo, muchas veces, está en el silencio y en la inmensidad.

Madeira combina mar, montaña y pueblos junto al Atlántico en un viaje perfecto para recorrer sin prisa / Aleh Varanishcha
Madeira y Porto Santo ofrecen otra forma de emoción atlántica. Madeira, con sus montañas, levadas, jardines, acantilados y pueblos suspendidos entre el mar y la vegetación, propone un viaje lleno de contrastes. Porto Santo, en cambio, aporta un ritmo más sereno, marcado por su extensa playa dorada y una sensación de calma difícil de encontrar en otros destinos europeos.
¿Qué diferencia a Portugal como destino emocional?
Portugal es un país de contrastes. Esa es una de sus grandes fortalezas. En pocos kilómetros puede cambiar el paisaje, la luz, el acento, la cocina y la relación con el tiempo. La costa atlántica ofrece pueblos marineros, playas salvajes, ciudades abiertas al océano y una cultura profundamente vinculada al mar. El interior, en cambio, conserva otra cadencia: aldeas de piedra, rutas históricas, viñedos, montañas, castillos, fiestas locales y una hospitalidad que se expresa en gestos sencillos.
Para Maria de Lurdes Vale, Portugal invita a disfrutar de “la atmósfera de cada lugar”: la gastronomía casera, el pan delicioso, los vinos y quesos excelentes, el patrimonio histórico y las celebraciones populares. Esa suma de elementos convierte el viaje en una experiencia cultural, humana y sensorial.

Los Açores, con sus nueve islas, ofrecen uno de los paisajes naturales más sorprendentes de Portugal / mzabarovsky
Porque viajar despacio por Portugal también significa comer sin prisa, probar un queso local, entrar en una panadería, descubrir un vino de una región menos conocida, coincidir con una fiesta de pueblo o dejarse llevar por una conversación inesperada. Son momentos pequeños, pero muchas veces son los que construyen el recuerdo más duradero.
¿Cómo se aprende a mirar un camino?
“Para conocer bien un camino, hay que saber recorrerlo con atención, observar todo lo que nos rodea, con admiración por la diferencia y sin juicios”, señala Maria de Lurdes Vale. Esa frase resume una manera de viajar que va más allá del turismo. Habla de apertura, de curiosidad, de respeto y de emoción.

Brindis al atardecer frente a Oporto, una ciudad que invita a descubrir Portugal con calma y todos los sentidos. / A&J Fotos
Portugal, en ese sentido, no necesita imponerse. Se revela poco a poco. En una carretera secundaria, en una mesa compartida, en una isla barrida por el viento, en una iglesia de un pueblo pequeño, en una copa de vino, en una fiesta local o en un paisaje que obliga a detener el coche para mirar.
Quizá por eso el país vecino sigue teniendo la capacidad de sorprender incluso a quienes creen conocerlo. Porque detrás de sus grandes iconos —Lisboa, Oporto, el Algarve, el Duero o Belém— existe otro Portugal más íntimo, más lento y más profundo. Un Portugal que no se recorre para llegar antes, sino para entender mejor.