El efecto Guggenheim: 25 años del museo que transformó Bilbao

Quién te ha visto y quién te ve. Inaugurado el 18 de octubre de 1997, el museo Guggenheim ha cambiado Bilbao de arriba a abajo. En su 25 aniversario, el director del museo nos enseña sus rincones favoritos de la ciudad.

Pablo Fernández
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Foto: cristina candel

Existe un género musical conocido como bilbainada: Desde Santurce a Bilbao, A Portugalete fui, Si vas a Baracaldo... Como se puede intuir, la temática principal de este género tradicional es la idiosincrasia de la capital vizcaína y sus alrededores. Otra característica relevante es el tono guasón y pachanguero de sus letras. Sin embargo, el término bilbainada también se emplea en el habla cotidiana con el sentido de fanfarronada típica de los bilbainos. Cuando en diciembre de 1991 se acordó la creación del Museo Guggenheim de Bilbao, muchos pensaron que se trataba de una bilbainada más.

El nuevo estadio de San Mamés
El nuevo estadio de San Mamés | cristina candel

 Tras su inauguración seis años después, los escépticos y agoreros comenzaron a reconsiderar sus prejuicios. El 18 de octubre de 1997, los Reyes inauguraron en una gala nocturna el museo. “Se abre el último gran museo del siglo, el Museo Guggenheim de Bilbao”, tituló El País. Sin embargo, el titular de portada de El Periódico de Catalunya introducía otro matiz al evento: “Bilbao inaugura el Guggenheim en paz”. Para entender la complejidad de aquel periodo y los problemas a los que se enfrentó el proyecto desde un principio conviene recordar que, tan solo cinco días antes, la banda terrorista ETA asesinó a un Ertzaintza que resguardaba el museo. 

Mirador del monte Artxanda, al que se accede con un funicular
Mirador del monte Artxanda, al que se accede con un funicular | cristina candel

Han pasado 25 años de aquella inauguración y el Guggenheim no solo se ha convertido en una de las instituciones culturales españolas más valorada por sus visitantes —en 2022 ha recibido el premio Travellers’ Choice otorgado por los usuarios de TripAdvisor—, sino que ha colocado a Bilbao en primera línea del panorama turístico internacional. Atraídos por su resplandor, los visitantes han descubierto, además, los encantos de una ciudad que ha experimentado una radical transformación en las últimas dos décadas. 

El 25 aniversario del Guggenheim es una excusa tan buena como otra cualquiera para disfrutar de la capital vizcaína, una ciudad repleta de vida y amigable con el visitante. De la mano de Juan Ignacio Vidarte (Bilbao, 1956), director del museo desde su inauguración, recorremos los rincones más atractivos de Bilbao. 

Puente de Bizkaia o Puente Colgante de Bilbao
Puente de Bizkaia o Puente Colgante de Bilbao | cristina candel

Guggenheim  

“La primera recomendación es obvia y no requiere explicación”. Independientemente de lo que opine Juan Ignacio Vidarte, visitar Bilbao y no ver el Guggenheim es inconcebible. Más allá de las inmersivas esculturas de Richard Serra (San Francisco, 1939), el inmenso perro vegetal de Jeff Koons (Pensilvania, 1955) o la araña de bronce de Louise Bourgeois (París, 1911), la principal obra del museo es el icónico edificio diseñado por Frank O. Gehry (Toronto, 1929). 

Escaleras del Guggenheim que van a dar al paseo de Uribitarte, junto a la ría de Bilbao
Escaleras del Guggenheim que van a dar al paseo de Uribitarte, junto a la ría de Bilbao | cristina candel

Preguntado acerca de si el continente a veces ha desplazado al contenido, el director usa una analogía playera: “En una  playa, hay gente que va a tomar el sol, otros a pasear, algunos a jugar a las palas... cada persona tiene una relación distinta con la playa. Pero la playa está ahí para todos. El museo intenta que todos los visitantes tengan una experiencia enriquecedora, independientemente de su formación o intereses. La arquitectura es muy importante para lograr este objetivo. Es mucho más que nuestra tarjeta de visita. Pero la arquitectura no determina el tipo de arte que exponemos”.

El moderno edificio Osakidetza
El moderno edificio Osakidetza | cristina candel

Más allá del Guggenheim, Bilbao tiene numerosos atractivos culturales dignos de visitar. El Museo de Bellas Artes es un gran desconocido que merece reivindicación. Y la Alhóndiga, otro tanto. Ubicado en un antiguo almacén de vinos, este innovador centro cultural, deportivo y de ocio cuenta con una espectacular piscina pública con suelo translúcido. Para los amantes del teatro, la visita al Arriaga es obligatoria. Construido en 1890 a imagen y semejanza de la ópera de París, su nombre homenajea a un bilbaíno de pro, Juan Crisóstomo de Arriaga (Bilbao, 1806-París, 1826), compositor conocido en su época como el Mozart español y que vio truncada su prometedora trayectoria cuando falleció con tan solo 20 años. 

Casco viejo

“Mi segunda recomendación es un paseo por el casco viejo”, continúa Vidarte. “Podemos comenzar en el Arenal —donde está el teatro Arriaga— pasando por la iglesia de San Nicolás, la catedral de Santiago y llegar hasta al mercado de la Ribera —dicen que es el mercado cubierto más grande de Europa—. Incluso se puede cruzar al otro lado de la ría, a Bilbao la Vieja, que es una zona emergente de la ciudad”.

Puente de la Ribera, junto al Casco Viejo
Puente de la Ribera, junto al Casco Viejo | cristina candel

El cogollo del casco viejo bilbaíno es conocido entre los locales como Las siete calles. A su alrededor se agrupan los comercios y locales de restauración más populares de la zona. Este es el lugar ideal para irse de chiquiteo. El objetivo es saltar de bar en bar tomando chiquitos —o txikitos—, vasos pequeños de vino también conocidos como chatos. Normalmente se acompañan de pinchos —o pintxos—. La misma idea se recoge en la expresión “irse de potes” —aunque aquí se amplía el concepto a cualquier tipo de bebida acompañada por un pincho—. “On egin!” (buen provecho). 

Mirador de Artxanda  

Para llegar a la tercera recomendación hay que tomar como referencia el puente Zubizuri —“puente blanco” en euskera—. No hay que ser un gran experto en arquitectura para distinguir en sus formas curvas la mano de Santiago Calatrava. A escasos metros de allí, en el barrio de Castaños, se encuentra la plaza del Funicular. Juan Ignacio Vidarte nos sugiere acudir allí para entender un poco mejor las peculiaridades urbanísticas de la ciudad: “Bilbao está en un valle, que conocemos como El Botxo, y es difícil entender la configuración de la ciudad cuando se está en ella. Una buena forma de entenderla es subir a alguno de los montes que hay alrededor. Un paseo bonito es subir el funicular de Artxanda y ver la ciudad en su conjunto desde lo alto. En los días despejados incluso se puede ver la desembocadura del Abra” [el Abra es la bahía donde desemboca el estuario de Bilbao].

Una de las siete calles del Casco Viejo
Una de las siete calles del Casco Viejo | cristina candel

Getxo  

A la altura del paseo Uribitarte, varias compañías ofrecen paseos en barco por la ría. La cuarta recomendación del director del Guggenheim es coger una de estas embarcaciones para entender otro aspecto importante de la ciudad. “Fuera del término municipal —aunque todo el mundo lo considera Bilbao— está Getxo”, explica Juan Ignacio Vidarte. “Allí se encuentra el Abra, muy importante para entender la relación de la ciudad con el mar. Aunque está a 12 kilómetros del mar, Bilbao es una ciudad marítima. Además, otra seña de identidad de Bilbao desde finales del siglo XIX es el puente Bizkaia, conocido también como el Puente Colgante, que se encuentra en Getxo”.

Pastelería El Tilo, en Bilbao
Pastelería El Tilo, en Bilbao | Cristina Candel

Uno de los grandes atractivos a la hora de realizar este recorrido radica en la posibilidad de apreciar cómo ha evolucionado la ciudad desde su pasado industrial hasta la actualidad, pasando por el traumático colapso de sus astilleros en los años 80. En los terrenos que ocuparon los astilleros Euskalduna se encuentra hoy el Museo Marítimo de Bilbao. El objetivo de su colección radica en mostrar la importancia de la navegación en la historia de la ciudad. Parte de su exhibición transcurre en el exterior e incluye las bombas de achique de los antiguos diques, anclas, boyas y la grúa conocida como Carola, una pintoresca grúa roja de 60 metros de altura capaz de alzar 30 toneladas de peso. En 1954, año de su construcción, Carola era la grúa de mayor envergadura y capacidad de España. 

San Mamés 

Aunque el Fútbol Club Barcelona reivindica que es més que un club, otros muchos clubes españoles podrían definirse de la misma manera. Y el Athletic es uno de ellos.  “Es muy recomendable asistir a un partido en San Mamés”, aconseja Juan Ignacio Vidarte. “El estadio es muy bonito y la experiencia es muy interesante, aunque el visitante no sea seguidor del Bilbao o incluso no le guste el fútbol. Reconozco que soy del Athletic, pero lo recomiendo por el ambiente que se genera en el campo”. Mientras que el antiguo San Mamés se inauguró el 21 de agosto de 1913, el Nuevo San Mamés abrió sus puertas justo un siglo después, en 2013. Construido a partir del diseño del arquitecto local César Azcárate, este moderno estadio sigue manteniendo el espíritu y ambiente original. De ahí que ya se le conozca como La nueva catedral.

Mercado de la Ribera
Mercado de la Ribera | Cristina Candel

Tras realizar este recorrido por Bilbao, el visitante habrá percibido que  los bilbainos están orgullosos de su ciudad. Y, como Juan Ignacio Vidarte reconoce, el Guggenheim ha sido esencial para recuperar la confianza perdida tras los duros años 80. El Botxo —término cariñoso con el que se refieren a Bilbao— ocupa un lugar especial en el corazón de los bilbaínos. Habrá quien argumente que hay que tener un témpano de hielo en el pecho para no apreciar los encantos de esta pequeña pero gran ciudad. Puede que esto último sea una bilbainada más... O puede que no.