El edificio más bonito de Valencia es una joya del siglo XV, Patrimonio de la Humanidad y esconde en su interior una sala con palmeras de piedra
La belleza de un edificio puede asemejarse al dicho popular que asegura que muchas veces "las apariencias engañan". Este lugar quizás no llama la atención desde fuera, pero dentro esconde una de las salas más bonitas de toda Valencia...

Valencia puede presumir de ser una de esas ciudades que puede competir perfectamente con Madrid o Barcelona. Es la tercera más poblad de España, y una gran referente en cuanto a cultura e historia. Situada a orillas del Turia, su costa levantina atrae a miles de turistas cada año para disfrutar de unas vacaciones plenas: con una gastronomía exquisita y miles de lugares increíbles por los que perderse durante unos días.
Una ciudad que es sin duda símbolo indiscutible de las ciencias y las artes, son miles los atractivos que podemos sacar de Valencia. Pero hoy nos centraremos en un lugar, que más que definirse como un edificio, es una obra de arte maestra y a la que quizás no le dedicamos todo el tiempo que merece cuando visitamos la ciudad. Hoy vamos a intentar arreglar esto.

El Siglo de Oro Valenciano
En la plaza del Mercado de Valencia, justo en el centro de la ciudad, se halla un edificio de estilo gótico al que puede aplicarse al popular dicho de que “las apariencias engañan”. También podemos afirmar que el edificio está muy bien acompañado: justo en frente de la preciosa iglesia de los Santos Juanes y del Mercado Central de Valencia, otra obra maestra del modernismo valenciano.

Volvamos al protagonista de hoy, un edifico que como bien he dicho, seguramente no robe todas las miradas curiosas de la calle, pero que por dentro esconde una de las salas más bonitas de toda Valencia. Se comenzó a construir en los años 1470, en la época denominada por los historiadores como el siglo de Oro de Valenciano, como resultado de la prosperidad comercial que valencia había conseguido en el siglo XV.

El edificio tuvo como modelo de referencia la Lonja de Palma de Mallorca, y se convirtió en uno de los lugares más emblemáticos de Valencia tras acabarse su construcción. Aunque el autor principal del proyecto fuese Francesc Baldomar, su repentina muerte dejo la Lonja en manos de Joan Ivarra y Pere Compte, que siguieron edificando en base a los planos originales, siendo fieles al estilo de su creador original. Gracias a ellos, hoy visitamos la Lonja de Seda de Valencia.

La Lonja, emblemática de Valencia
Cómo ya os he introducido, situamos La Lonja en el mismísimo centro de la ciudad, ocupando una superficie de casi 2.000 metros cuadrados. Podemos dividir la Lonja en cuatro zonas diferenciadas: la sala del Consulado del Mar, la Torre, la sala de Contratación y el patio de los Naranjos.

Sin duda la sala que roba toda la atención del visitante es la de Contratación, una gran estancia llena de columnas de once metros de altura cuyos nervios parecen moverse en espiral hasta conectar con las bóvedas. Una auténtica maravilla de la arquitectura que busca imitar una especie de palmeras, con sus troncos retorcidos y sus ramas se formarían por los nervios. Son sin duda una de las palmeras de piedra más bonitas que he visto nunca. No podemos tampoco dejar pasar sus otras estancias, como el precioso patio de naranjos o la torre, donde aún se conserva el calabozo donde se encerraba a los ladrones de seda.

Que se denomine a este edificio la Lonja de Seda ya nos da una pista de que es lo que se comerciaba entre sus muros, ¿no?

Puedes visitar la Lonja de Seda en Valencia por un precio de tan solo dos euros, si eres estudiante o jubilado será tan solo uno. Aunque sinceramente, visitar un edificio tan emblemático e histórico que hasta la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad, no tiene precio.
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