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Un día en la urbanización más británica de España: un pueblo en Alicante donde "se desayuna beicon y los precios están en libras"

Tiene calle Madrid y avenida de Londres, el 77,6 % de sus vecinos son extranjeros y ostenta un récord que ningún otro municipio español le discute.

Un paseo por el lugar más británico de Alicante... y de España.

Un paseo por el lugar más británico de Alicante... y de España. / Istock

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Lo primero que descoloca no son los carteles. Es el silencio. A las nueve de la mañana de un martes de agosto, la avenida de Londres de La Marina está tan tranquila como una calle de Surrey en horario de oficina, con la diferencia de que aquí el termómetro ya roza los treinta grados y las buganvillas se descuelgan sobre las tapias. Luego sí llegan los carteles: "Full English Breakfast served all day", "Sunday roast, book now", una peluquería que anuncia sus tarifas en inglés y una inmobiliaria cuyos escaparates traducen los precios de las villas a libras esterlinas por si el comprador aún piensa en esa moneda. Nadie ha montado esto para el visitante. Simplemente es así.

Casas en La Marina, el barrio más británico de España.

Casas en La Marina, el barrio más británico de España. / Istock

La Marina es una urbanización del municipio de San Fulgencio, en plena Vega Baja del Segura, a media hora larga del aeropuerto de Alicante-Elche y a un puñado de kilómetros de las dunas de El Pinet. Y es, con los últimos datos del padrón, el lugar de España donde menos españoles hay en proporción: San Fulgencio encabeza el ranking nacional con un 77,6 % de población extranjera, por delante de Rojales, Llíber y Benitachell. La colonia británica ronda los 3.300 empadronados, seguida a distancia por unos 700 alemanes y un colectivo cada vez más diverso de otras nacionalidades. Es también el único municipio español que ha llegado a tener dos concejales de nacionalidad británica dentro del equipo de gobierno. Nada de esto sucedió de golpe. Llevaba cuarenta años cociéndose a fuego lento, mientras el resto del país miraba hacia Benidorm.

Ni Altea, ni Guadalest: el pueblo más bonito de Alicante está repleto de cuevas, es Bien de Interés Cultural y tiene una casa con 700.000 conchas marinas

Adriana Fernández

El desayuno de las nueve en la avenida de Londres

El pueblo de San Fulgencio, el de verdad, el de la plaza de la Constitución y la iglesia, lo fundó en el siglo XVIII el obispo de Cartagena Luis de Belluga y Moncada, cuando desecó estas marismas para convertirlas en huerta. Durante dos siglos fue eso: una veintena escasa de calles, campos de alcachofa, la acequia. En los años ochenta, a cinco kilómetros de allí, empezó a levantarse otra cosa. Chalés blancos de una planta, parcelas pequeñas, rotondas, un trazado que crecía por adición y no por plan. La bautizaron La Marina. Hoy la urbanización tiene más calles, plazas y avenidas que el núcleo fundacional, y muchas llevan nombre de río o de ciudad española, lo cual produce el efecto más marciano del lugar: preguntar en inglés por la calle Guadalquivir.

La Marina tiene la mayor concentración de población extranjera de España.

La Marina tiene la mayor concentración de población extranjera de España. / Istock

Los desayunos cuentan la historia mejor que el catastro. En Twilight Bar, en la calle Luis de Góngora, abren a las nueve y media y sirven beicon, huevo, salchicha, alubias y tostada con té ilimitado; en Em's Dreams, en la calle Alfredo Kraus, la clientela habitual entra sin mirar la carta. No es folclore ni reclamo turístico: es lo que come a diario una comunidad mayoritariamente jubilada que lleva veinte o treinta años aquí, que compró barato cuando la Costa Blanca sur todavía era terreno de nadie y que ha envejecido en estas calles. Los datos de renta lo confirman sin necesidad de adornarlos: hablamos en buena parte de pensiones británicas modestas que aquí cunden mucho más que en Yorkshire.

El cobertizo que nació de una muerte silenciosa

En 2013, un residente británico llamado Barry Wallis acompañó a la policía a entrar en casa de un vecino mayor que llevaba cinco días muerto sin que nadie lo hubiera echado en falta. De ahí salió la idea del Men's Shed de San Fulgencio, el primero de España, concebido como un espacio donde los jubilados pudieran trabajar en el taller, aprender un oficio o simplemente tomarse un té y hablar. Hoy es una asociación abierta a cualquiera, no solo a hombres, con una cuota anual pequeña, revisiones médicas básicas para los socios y actividades sociales. Han construido huertos elevados para un niño con parálisis cerebral y han recaudado fondos para instalar un desfibrilador comunitario.

Urbanicación La Marina, en San Fulgencio.

Urbanicación La Marina, en San Fulgencio. / Istock

A pocos minutos está el Jardín de la Reflexión, un espacio ajardinado donde residentes y visitantes recuerdan a sus familiares fallecidos. Cuando el embajador británico Hugh Elliott visitó el municipio en diciembre de 2021 —la primera vez que un embajador del Reino Unido pisaba San Fulgencio—, fueron esos dos proyectos los que le enseñaron. Elliott resumió la jornada agradeciendo al pueblo de San Fulgencio que les hicieran sentir como en casa.

Lo británico, en todo caso, es solo la capa más visible. En estas calles conviven alemanes, belgas, neerlandeses, escandinavos, irlandeses y franceses, y el padrón municipal ha llegado a reunir vecinos de más de setenta nacionalidades. La comunicación del Ayuntamiento se hace en castellano e inglés, y las campañas informativas sobre el padrón se han repartido traducidas también al francés y al alemán. Para pasear, el circuito lógico va de la plaza Sierra Castilla, donde se concentran terrazas y comercio, a la calle Madrid, que hace de eje, y de ahí al complejo deportivo de la calle Berna. Hay mercadillo, hay bolera, hay clubes sociales con calendario propio. Es una vida de barrio completa, solo que en otro idioma.

Puesta de sol en la ciudad de San Fulgencio, La Marina

Puesta de sol en la ciudad de San Fulgencio, La Marina / Istock

Media hora desde el aeropuerto: cómo llegar y dónde comer

Desde Alicante son unos 35 kilómetros por la N-332 y la CV-905, con desvío señalizado hacia San Fulgencio urbanizaciones; desde Elche, apenas 16, y desde el aeropuerto de Alicante-Elche, poco más de veinte minutos si el tráfico acompaña. Conviene ir en coche: el transporte público entre la urbanización y el núcleo urbano es escaso y las distancias interiores, con 114 calles trazadas en abanico, se hacen largas a pie bajo el sol. Las playas de El Pinet y La Marina, con dunas y pinada, quedan a unos diez minutos.

Para comer, la mejor decisión es no elegir bando. En el lado internacional, Fuego (calle Mar Mediterráneo, 4) borda el pollo a la brasa y las croquetas y abre todos los días; Jimmy's (plaza Sierra Castilla, 6) trabaja la carne a la parrilla con reserva casi obligatoria y cierra sábados y domingos; The Grill House (calle Parque Pisuerga, 14) es la referencia de chuletón de la zona, solo cenas y cerrado los lunes. En el lado mediterráneo, Tio Pepe (avenida de Londres, 1) lleva años sirviendo arroces, gambas y costillas con una clientela fiel, y Maya's (calle Madrid, 115) hace tapas caseras con Alhambra de grifo. Y si se quiere cruzar al San Fulgencio de toda la vida, en el pueblo esperan Bar David (calle de Guardamar, 64), con menú del día y terraza asomada a los campos hacia Rojales, y la Cervecería Hermanos Guijarro (plaza de la Constitución, 26), de chipirones y ensalada de tomate. Cinco kilómetros separan un mundo del otro.

Al caer la tarde, en la terraza de la plaza Sierra Castilla coinciden un matrimonio de Birmingham que lleva veintidós años aquí, una pareja belga recién llegada y el camarero, alicantino, que les habla a todos en su idioma sin pensarlo. No hay ninguna épica en la escena y precisamente por eso funciona. Esto no es una colonia ni un decorado: es un pueblo de la Vega Baja donde el padrón dejó de parecerse al mapa hace cuatro décadas y a nadie, salvo al que viene de fuera, le llama ya la atención.