Un día en el balneario donde está prohibido hacer fotos y en el que el silencio es obligatorio: 52 grados, 200.000 metros y una lápida romana encontrada en 1751
Hay sitios donde bajar la voz es cuestión de educación. Aquí está por escrito, igual que la prohibición de sacar el móvil en los espacios acuáticos.

Balneario de Archena. / Vicsoriano/Balneario de Archena
La carretera que sube desde el pueblo tarda cuatro minutos escasos en dejar atrás las últimas casas y meterse entre palmeras. A la derecha baja el Segura, apretado entre paredes de piedra ocre; a la izquierda aparecen los edificios del complejo, pintados en tonos que no terminan de ser blancos ni amarillos. Uno llega con la idea de un spa cualquiera, de esos con música ambiental y velas. Y entonces cruza la puerta de la zona termal y entiende que se ha equivocado de expectativa.

El Balneario de Archena en pleno Valle de Ricote / Wikicommons. Balneario de Archena
Lo primero que se nota no es el calor ni el olor a azufre. Es que nadie habla. No es que hablen bajito: es que no hablan. El silencio está impuesto por la normativa interna del recinto, colgada en los accesos, y el personal lo hace cumplir con la misma naturalidad con la que recuerda el gorro de baño. Tampoco se puede sacar el teléfono ni hacer fotografías dentro del recinto de aguas. Se deja todo en la taquilla y se entra sin nada. La consecuencia es rara y bastante adictiva: durante dos horas se oye el agua caer sobre la piedra, un rumor de burbujas al fondo, el chapoteo de alguien que cambia de piscina, y poco más. Ni una notificación, ni un vídeo de nadie grabándose. En 2026 eso es casi un lujo que se puede vivir en el Balneario de Archena.

Adriana Fernández
La losa que apareció cavando un aljibe
Nada de esto es reciente. Los íberos ya usaban estas aguas en el siglo V a.C., cuando el enclave era paso obligado en la ruta comercial hacia el interior peninsular. Los romanos llegaron después, levantaron termas y montaron la infraestructura hidráulica correspondiente, y dejaron constancia escrita de ello sin proponérselo.
En 1751, unos operarios excavaban los cimientos para construir un aljibe cuando dieron con una lápida de piedra. La inscripción, en latín, cuenta que Cayo Cornelio Capito y Lucio Heio Labeo, duoviros —alcaldes, en la práctica—, se encargaron de restaurar los acueductos por decreto de los decuriones, el pleno municipal de la época, y que ellos mismos dan fe de haberlo hecho. Los especialistas la sitúan entre los siglos I y II d.C. La pieza se conserva a la vista en el Hotel Termas, y su valor va más allá de lo anecdótico: la presencia de duoviros implica que Archena era municipio. Un pueblo pequeño de la vega del Segura con magistrados propios y obras públicas documentadas.

Balneario de Archena. / Istock
Después vino la Edad Media y el complejo pasó a manos de la Orden de San Juan de Jerusalén; a partir de 1579 las visitas empezaron a multiplicarse. Fernando VII, tras la Guerra de la Independencia, ordenó arreglar el camino que unía el pueblo con los baños y ampliar el número de habitaciones. Pero el balneario que hoy se recorre nace en realidad de la desamortización: en 1850 la propiedad pasa a manos privadas, a las de José de Bustos y Castilla, vizconde de Rías, y en menos de tres décadas se levanta prácticamente todo. El Hotel León en 1858, el Hotel Termas en 1868, el Hotel Levante y la capilla de la Virgen de la Salud en 1878, el Casino en 1898. Hacia esa misma fecha llega la decoración neonazarí que define el conjunto, obra de Manuel Castaños: arabescos, patios interiores, una cúpula firmada y fechada por su autor en los capiteles de la escalera. En la entrada a las Termas hay una fuente que reproduce la del Patio de los Leones de la Alhambra. Es una copia decimonónica, sin mayores pretensiones arqueológicas, pero explica bien la ambición estética del momento.
Quince mil años bajo tierra para salir a 52,5 grados
El agua brota del manantial a 52,5 °C. Está clasificada como sulfurada-sulfatada-clorurada-sódica-cálcica y fue declarada de utilidad pública en 1869, según el decreto de 25 de abril de 1928. El dato que descoloca a casi todo el mundo es otro: su tiempo de permanencia bajo tierra ronda los 15.000 años. No es la antigüedad del balneario ni la de las termas romanas; es lo que ha tardado esa agua en atravesar el subsuelo hasta salir aquí. Cuando uno se mete en la piscina, está compartiendo baño con un líquido que empezó su recorrido cuando en Europa todavía quedaban glaciares.

Piscina de los Olivos, Valle de Ricote / Istock
El complejo ocupa más de 200.000 metros cuadrados en pleno Valle de Ricote, con eucaliptos, palmeras y vegetación subtropical entre los edificios. Se organiza en tres bloques. La Galería Termal, en el nivel -2 del Hotel Termas, es la parte médica: allí se aplican los tratamientos balneoterápicos prescritos y supervisados por el equipo facultativo, y la edad recomendada empieza en los 16 años. El Espacio Termalium reúne las piscinas termales. Y el Circuito Termal Balnea es el recorrido de contrastes, el que da sentido a la visita de un día.
El Balnea se hace en turnos de dos horas y funciona por alternancia de frío y calor. La Estufa Archena trabaja a unos 50 °C con humedad superior al 90%, por microdifusión del agua del manantial. La piscina de flotación lleva 80 gramos de sal por litro y está a 34 °C, igual que la de esencia natural de limones. La de contracorriente se queda en 32 °C. La fría, en torno a los 20. Y luego está el iglú, una cueva de hielo a unos 2 °C, que sirve para bajar la temperatura corporal despacio después de las saunas. Entre medias, dos pasillos de marcha —uno caliente, otro frío— por los que se camina para forzar la dilatación y contracción de las venas. Todo se recorre sin decir una palabra.

Archena, Murcia. / Istock
Lo que conviene saber antes de cruzar la puerta
Archena está a unos 25 kilómetros de Murcia capital, un cuarto de hora largo por autovía, y a unos 80 del aeropuerto de Alicante. El acceso al balneario se hace por la Carretera del Balneario, que arranca del casco urbano.
Las normas conviene leerlas antes, porque no son negociables. Silencio en todo el recinto. Gorro de baño obligatorio y ducha previa. Nada de fotos ni de teléfonos dentro de la zona de aguas. Al Circuito Termal Balnea solo se entra a partir de los 14 años, y los menores de 18 deben ir acompañados de un adulto. Los turnos son de dos horas —a las 10:15, 12:30, 15:00, 17:15 y 19:30— y conviene reservar con antelación, sobre todo en fin de semana. El horario general va de 10:00 a 22:00 casi todo el año, y se amplía hasta medianoche del 27 de junio al 5 de septiembre. Tampoco hay que encadenar más de media hora seguida dentro del agua caliente: no es una recomendación cosmética, es hidroterapia.
Para comer, lo más cómodo es el Restaurante Internacional, en la propia Carretera del Balneario, a pie de complejo, con menú del día y cocina de producto. En el casco urbano funciona muy bien La Taberna de Laso, en la plaza de la Chimenea de Basilio, de tapa corta y buena bodega, cerrado los miércoles. Y si la visita cae en fin de semana y apetece algo más largo, Atempo Weekend Bistrot abre solo de viernes a domingo con menús degustación. Un poco más al norte, ya subiendo el valle, el OXOX 131 de Ojós merece el desvío por la terraza junto al río.
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