Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El destino favorito de la clase media española en otoño es un "ciudad colgada" Patrimonio Mundial: de origen medieval, tiene un centro histórico fortificado y cuelga sobre el abismo

Pocas ciudades pueden presumir de un casco histórico que literalmente cuelga sobre el paisaje.

Cuenca, una ciudad para comerse el otoño

Cuenca, una ciudad para comerse el otoño / Istock

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

El otoño tiene algo mágico: paisajes increíbles que mudan de color, apostando por una paleta repleta de ocres, amarillos, tostados y anaranjados. Y aunque hay destinos que una y otra vez aparecen en las listas de imprescindibles para visitar cuando llegan los meses de septiembre y octubre, hay uno que no suele ocupar un lugar privilegiado en esos listados y que, sin embargo, a mí me encanta especialmente: Cuenca.

Paisaje espectacular

Paisaje espectacular / Istock / Leonid ANDRONOV

En Cuenca la naturaleza forma parte de la propia ciudad: el casco histórico está encajado entre las hoces de los ríos Júcar y el Huécar, una posición defensiva que directamente nos lleva a la época medieval, a ese momento en el que la ciudad se levantó como un equilibrista sobre la pendiente escarpada del terreno.

La ciudad favorita de la clase media española para sus vacaciones: está a orillas del mar y tiene una oferta increíble para las familias

Adriana Fernández

Ciudad Patrimonio de la UNESCO

Es precisamente su integración dentro de ese paisaje imposible uno de los aspectos que hasta la UNESCO destacó en su reconocimiento como ciudad Patrimonio de la Humanidad. Y no es para menos. Lo curioso es que poner un pie en Cuenca no tiene mucho que ver con poner un pie en un museo al aire libre, no va de eso esta ciudad, a diferencia de otras ciudades medievales como Cáceres o Toledo, por poner un par de ejemplos.

Es la combinación perfecta entre la conservación de una ciudad histórica fortificada que se eleva sobre los cañones de dos ríos, y la singularidad de su arquitectura civil, la majestuosidad de sus templos religiosos y su integración con el paisaje que rodea todo el conjunto.

Espectacular, la mires por donde la mires

Espectacular, la mires por donde la mires / Istock / Ivan Moreno

El gran icono de Cuenca

Quien no haya estado en Cuenca podría pensar que la catedral es la construcción más fabulosa que uno puede encontrarse en la ciudad, y no es para menos: está considerada la primera catedral gótica construida en Castilla, a pesar de tener aspecto de fachada inacabada (porque lo está). La culpa la tuvo un rayo, que hizo que a comienzos del siglo XX se derrumbara la torre de las campanas en 1902; y aunque se reconstruyó en parte siguiendo los preceptos neogóticos historicistas, no se terminó del todo.

Una obra de la ingeniería civil medieval

Una obra de la ingeniería civil medieval / Istock

Frente a su aspecto monumental y su verticalidad, hay otra construcción que se lleva todas las miradas en Cuenca, y son sus casas colgadas (casas colgantes, no, por favor, colgadas). Son ese conjunto de edificios civiles medievales situados en el borde del precipicio sobre la hoz del río Huécar. Destacan por sus grandes balcones de madera que sobresalen al vacío sobre la pared vertical de la roca y, aunque cuesta creer por su heroicidad, fueron construidas entre los siglos XIV y XV, aprovechando al máximo el espacio limitado de la antigua ciudad amurallada.

Un museo de vanguardia y restaurante con Estrella Michelin

Se sabe que en el pasado había muchas más edificaciones como las que vemos hoy, sin embargo solo han llegado tres hasta la actualidad: la Casa de la Sirena y las dos Casas de los Reyes. Por supuesto, al igual que el resto del conjunto medieval de Cuenca y la catedral, están declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Lo más curioso son sus inquilinos actuales: dos de las casas albergan el Museo de Arte Abstracto Español, una joya entre los museos de arte contemporáneo que poca gente sabe que existe y que es una absoluta maravilla recorrer. La tercera casa, sin embargo, funciona como restaurante, y no uno cualquiera: un lugar que permite comer sobre el abismo de Cuenca, con estrella Michelin y dos Soles Repsol. El conquense Jesús Segura es su artífice, un chef que ha hecho de la investigación y la reinterpretación del entorno de Cuenca la base de su menú.