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El desconocido pueblo a 98 kilómetros de Madrid conocido como "la Provenza española": 1000 hectáreas que se tiñen de violeta, una fortaleza imponente y famoso por la miel

Hay tanta belleza en los pueblos de España, que poco tienen que envidiar a los de otras zonas del mundo como la Provenza francesa.

Este pueblo alcarreño es uno de los más bonitos y visitados de Guadalajara

Este pueblo alcarreño es uno de los más bonitos y visitados de Guadalajara / Istock / Luis Baneres

La Provenza es ese lugar donde el tiempo queda completamente detenido entre pueblos de piedra, monasterios y extensos campos de lavanda. De aquella postal se enamoró un alcarreño y decidió recrear aquel precioso paisaje en su tierra, transformando el pueblo de Brihuega en un lugar de peregrinación, sobre todo para madrileños que se sacan la foto como si hubieran estado en la misma Francia. Si Brihuega ya era un tesoro por su patrimonio histórico y cultural, gracias a los campos de lavanda, es el pueblo más visitado de la comarca.

Muchos visitantes se quedan a las afueras, donde se encuentra la lavanda que recuerda a la Provenza y donde en verano se celebra un festival de música con artistas de primer nivel. Lo que no saben es que el corazón de la Alcarria de Guadalajara tiene muchísimo más que ofrecer que esos campos que florecen entre junio y julio. Y no es una manera de hablar. Cuando te adentras en sus calles de piedra, donde la temática es la lavanda mires donde mires, es como estar en un tiempo pasado donde todavía se celebraban justas entre caballeros.

El pueblo de Guadalajara que parece sacado de una película Disney

Martín Álvarez

Mucha miel, un castillo y una fábrica de paños

Comenzando por la plaza del Coso, aquí todo está cubierto de la arquitectura alcarreña más tradicional, con colores vivos para recordar que estamos en "la Provenza española" y comercios donde se venden las mejores mieles, algunas elaboradas con lavanda que tienen un sabor genuino y muy especial. Otro tesoro del casco antiguo es la iglesia de San Miguel, cuyos orígenes datan del siglo XIII, de la época tardorrománica. Hoy está desacralizada, pero bajo su bóveda y sus arcos mudéjares todavía se celebran exposiciones y eventos.

La plaza principal y el Ayuntamiento de Brihuega

La plaza principal y el Ayuntamiento de Brihuega / Istock / Wirestock

También cuenta Brihuega con una de las fortalezas más imponentes de la zona, el Castillo de la Peña Bermeja -o Piedra Bermeja-, que erigieron los árabes en el siglo X. Su nombre proviene del color rojizo del acantilado sobre el que se ubica, pero lo realmente impresionante son sus vistas hacia el valle del Tajuña. En el interior de sus muros está el cementerio municipal en el antiguo patio de armas o la iglesia gótica de Santa María de la Peña, patrona del pueblo. Una restauración reciente le devolvió el esplendor perdido durante las guerras.

Las vistas desde el castillo de Brihuega, con el cementerio municipal, la iglesia al fondo y la Alcarria al fondo

Las vistas desde el castillo de Brihuega, con el cementerio municipal, la iglesia al fondo y la Alcarria al fondo / Istock / IHervas

Frente a la iglesia está el antiguo convento de San José, que sirve como sede del Museo de Historia de Brihuega y el Museo de Miniaturas del Profesor Max. Donde realmente se aprecia el esplendor del que gozó Brihuega en el pasado es en la Real Fábrica de Paños, que fundó el rey Fernando VI en el siglo XVIII. Actualmente, se ha convertido en un paraíso del bienestar bajo la marca Castilla Termal, con un restaurante de lujo en su interior, La Redonda. Volviendo al pueblo, merece la pena mencionar aquello que no se aprecia a simple vista.

La belleza de lo que no se aprecia a simple vista

Bajo suelo alcarreño se constituyen las Cuevas Árabes, de gran importancia histórica desde que se registraron por primera vez durante la Edad Media como 'Castrum Brioca'. Mucho antes de los monarcas católicos, Brihuega vivió una época de máximo esplendor entre los siglos X y XI, cuando se crearon las cuevas que acabaron convirtiéndose en túneles y, para aquellos que no conocen su recorrido, en auténticos laberintos. Se extienden por un total de ocho kilómetros, de los que solo 700 metros están abiertos a vistas.

El acceso a las Cuevas Árabes de Brihuega

El acceso a las Cuevas Árabes de Brihuega / Wikicommons. Millars

No todo está en el interior de Brihuega, pues entre este pueblo y Masegoso de Tajuña se abre paso lo que parece "la Capadocia española" que también parece una aldea tibetana, un lugar que recibe el nombre de Cívica. Parecen cuevas despobladas con siglos de antigüedad, pero realmente empezaron a construirse en la década de 1950. Su origen oficial está vinculado al cura don Aurelio Pérez, que quiso crear un santuario allí. Al principio, lo trató de construir con sus manos, pero acabó contratando trabajadores que acabaron veinte años después.

La aldea de Cívica, al lado de Brihuega

La aldea de Cívica, al lado de Brihuega / Istock / Alfonso Sangiao

Un vecino de Cívica -que tiene una parte de propiedad privada que hay que respetar-, contó a una servidora que aquel lugar se utilizó una vez como bar del pueblo. Pero cuando cerró antes de los años 80, nació la leyenda de Cívica. Camilo José Cela lo describió así en su 'Segundo Viaje a la Alcarria': "El viajero no estuvo nunca en el Tíbet pero se imagina que sus aldeas deben ser así, solemnes, miserables, casi vacías, llenas de escaleras y balaustradas, colgadas de las rocas y también horadadas en la roca".