El desconocido pueblo medieval de España que lo tiene todo para hacer una escapada en invierno: fue declarado Conjunto Monumental, está a 1.073 metros de altitud y son expertos en asado
Cultura, gastronomía e historia definen a la perfección esta villa de Segovia que cada invierno atrae a cientos de viajeros para sumergirse en su memoria medieval.

Esta villa medieval del norte de la provincia de Segovia, respira historia por cada uno de los adoquines de sus calles. Este lugar conserva una única entrada, un acceso estrecho que actúa como frontera simbólica entre el presente y un pasado que sigue muy vivo en la forma de vivir de sus vecinos: calles empedradas, fachadas de piedra, balcones de madera oscurecidos por los inviernos y una sensación que nos transporta a otra época a medida que el viajero va caminando.
Es precisamente en los meses fríos cuando este enclave muestra su rostro más evocador, puesto que en ocasiones la nieve hace acto de presencia y el pueblo se convierte en una estampa de película perfecta para los que buscan desconectar de la ciudad en un paisaje invernal. Hablamos de Pedraza, declarada Conjunto Monumental en 1951. El hogar de las 335 personas que habitan sus casas, se alza a más de mil metros de altitud sobre un promontorio de roca, rodeada por los arroyos San Miguel y Vadillo, que más abajo se funden con el río Cega.

Qué ver en este desconocido pueblo de Segovia si haces una escapada
Su historia dice que mucho antes de que se levantaran murallas y torres, este lugar ya estaba habitado. Los restos arqueológicos hallados en los alrededores del castillo apuntan a un asentamiento celtibérico en el siglo IV a. C., seguido por una ocupación romana que alimenta incluso teorías tan sugerentes como la posible vinculación del emperador Trajano con estas tierras. De cualquier modo, pasear sus calles es una obligación para los amantes de la memoria de los pueblos medievales.

Andar por la Calle Real es un 'sí' hasta que desembocas en la Plaza Mayor, una de las más bonitas y auténticas de Castilla. En uno de los laterales se alza la iglesia de San Juan Bautista, con restos románicos visibles en su torre y bóveda, mientras que su interior barroco guarda una pila bautismal del siglo XIII. Muy cerca, la antigua Cárcel de la Villa permite echar la vista atrás para encarnar la dureza de la justicia medieval: mazmorras, cepos y estancias sombrías te dejarán sin palabras.

¡Pero eso no es todo! El castillo, del siglo XIII, corona la villa. Fue prisión real, fortaleza señorial y, siglos después, refugio creativo del pintor Ignacio Zuloaga. Hoy, convertido en museo, permite a los visitantes aprender del pasado.

El plato típico de esta villa medieval por el que los viajeros se desplazan cada invierno
Pedraza es sinónimo de cocina tradicional, de platos pensados para reconfortar tras una caminata a bajas temperaturas. El cordero lechal asado en horno de leña es el gran protagonista de sus platos, preparado con la receta de siempre: carne melosa, piel crujiente y poca sal. Lo acompañan clásicos como la sopa castellana o las judías de La Granja.
En definitiva, es un pueblo para empaparse de historia, cultura y gastronomía durante unos días en los que es mejor mantener el teléfono apagado y la mente totalmente abierta a sus leyendas.
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