El desconocido pueblo de Cataluña que debes visitar una vez en la vida: tiene un solo habitante, un monasterio y un castillo
Está situado en un territorio clave de la historia medieval de Cataluña, y compone uno de los conjuntos románicos más importantes de la región.

Cuando hablamos de pueblos medievales, casi siempre lo hacemos refiriéndonos a pueblos que siguen habitados, pueblos que, pese que conservan su aspecto de siglos y épocas pasadas, se mantienen actuales y al día gracias a la cotidianidad de sus gentes. Aun así, también los hay que, con el paso del tiempo y la marcha de sus vecinos, han ido quedando abandonados por completo.

Los motivos por estos abandonos suelen ser siempre diferentes dependiendo del pueblo: los hay que se vaciaron durante la Guerra Civil, otros que fueron expropiados para la construcción de embalses y los habitantes se vieron forzados a marcharse, y otros que simplemente fueron perdiendo vecinos debido a la llegada de la globalización y los nuevos tiempos, cuando la gente se fue en masa a vivir a las ciudades. Lo que tienen en común todos estos pueblos es la lástima que da verlos vacíos, habitados tan solo por los ecos del pasado.
Antiguo municipio desaparecido
Si nos desplazamos hasta la comarca catalana del Pallars Jussà, ubicada en el Alto Pirineo, podemos encontrar uno de estos pueblos medievales que, desgraciadamente, fueron abandonados. Tan abandonado fue que incluso ya no figura en ningún registro, aunque hoy en día mantiene un habitante censado. Esto se explica porque, en 1972, pasó a formar parte de un municipio nuevo.
Situados en lo alto de un cerro, el castillo y el monasterio de Mur dominan un entorno que en su día fue clave para las fronteras catalanas dominadas por los condes de Pallars Jussà, aparentemente impasibles ante el paso del tiempo. Ambos monumentos crean lo que podríamos llamar un “excelentísimo díptico románico”, ya que no solamente se conservan en perfecto estado, sino que su belleza y grandiosidad los hacen casi únicos.

Nada más llegar a la cima de la carretera que lleva hasta lo alto de este cerro, a la izquierda queda el monasterio de Santa Maria de Mur, concebido originalmente como colegiata agustiniana, la cual fue fundada y consagrada por el obispo de Urgell en el 1096. Concebido también como panteón de la familia condal de la zona, el monasterio conserva a la perfección su estructura original, compuesta por la iglesia, el claustro y las dependencias monásticas. De estilo románico lombardo, su interior hace pendiente hacia el altar dominado por el Pantocrátor, cuyo original se conserva en el MNAC.

En el otro extremo de la planicie se erige el castillo de Mur, ejemplo canónico de la arquitectura militar catalana del siglo XI. Con un recinto amurallado compactado, se convierte en una fortaleza impenetrable de la que destaca la torre maestra circular, que alcanza los 16 metros de altura y desde donde las tropas podían detectar cualquier movimiento sospechoso en las llanuras de alrededor. Por suerte, hoy día ya no hay soldados patrullando lo alto de la torre, por lo que los visitantes pueden subir hasta lo alto de ésta y quedar fascinados con las panorámicas que ofrece, donde la gran protagonista es la Sierra del Montsec.

Visita al conjunto monumental
Aunque el acceso al recinto permanece abierto a lo largo de todo el año, desde el marzo a diciembre hay disponibles unos horarios de visita guiada, la cual tiene un precio de 6€ por persona. De febrero a julio y de setiembre a diciembre, las visitas serán los sábados y domingos a las 11h; en agosto, los sábados serán a las 11h y las 18h, y los domingos a las 11h.
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