El desconocido palacio gótico de Guadalajara decorado con 600 diamantes en la fachada: en él se casó Felipe II, fue construido por cristianos y musulmanes, y bombardeado durante la Guerra Civil española
Una joya de la arquitectura que recuerda los lazos con el tiempo, la historia, la religión y el encuentro entre culturas

La fachada del palacio responde al encuentro de tendencias artísticas / Istock
Cuando se trata de palacios, España cuenta por cientos entre castillos, palacetes, y de más estructuras arquitectónicas que hacen de su cultura un museo viviente a lo largo de la península.

Martín Álvarez
Algunos de ellos pasan desapercibidos entre las calles de comarcas, ciudades y pueblos, y es en este silencio histórico donde se encuentran a veces joyas como el famoso Palacio del Infantado.
En el interior de la provincia de Guadalajara se esconde uno de los mayores tesoros del gótico isabelino del siglo XV, una fachada tachonada sobre la Plaza de España con unas 600 puntas de diamante en piedra talladas individualmente. Un palacio al que dieron vida y muerte, que renació de entre sus escombros hasta recuperar la talla que tuvo hace más de 500 años.

Palacio del Infantado / Istock
Movida por el “horror vacui”, algo así como una fobia arquitectónica a dejar espacios vacíos típica del arte islámico, esta trama romboidal conocida como “sebka” que presenta la fachada da una pista sobre el interior de sus muros, que esconden la confluencia de estilos artísticos europeos usados en el momento, con la influencia mudéjar presente en el territorio.
Observa detalles como la colocación de la puerta entre columnas, el uso de arcos apuntados y una mezcla ornamental que une elementos góticos, como las esferas o los entretejidos (que simulan cuerdas, cordones o ramas entrelazadas), con el mudéjar hispánico, con su clásico uso de epigrafías y ornamentación mocárabes.

Palacio del Infantado / Istock
Además de la fachada exterior el palacio, que fue declarado monumento nacional en 1914, cuenta con otros dos espacios: el Patio de los Leones y el jardín, que presentan, de nuevo, este encuentro perfecto entre culturas.
Desde la familia Mendoza hasta la Guerra Civil, la historia del palacio fortificado
Íñigo López de Mendoza, aristócrata humanista y símbolo de transición del medievo al modernismo, encargó el diseño de este palacio al arquitecto a Juan Guas, por entonces predilecto de los Reyes Católicos, convirtiéndolo en el primer ejemplo de un edificio de este estilo en abandonar el aspecto de fortaleza medieval hacia un estilo que evoca a la residencia de lujo.
A mediados del siglo XVI, el palacio sufrió una reforma hacia un estilo italiano, con columnas jónicas, y pinturas al fresco en las salas bajas, etapa en la que sirvió además de palacio de nupcias en la tercera boda de Felipe II, “el prudente”.

Palacio del Infantado / Istock
Y pese a la grandeza de su arquitectura, en 1936, durante la Guerra Civil, el palacio fue bombardeado y quedó en ruinas, por lo que la estructura actual es casi en su totalidad una reconstrucción maestra que salvó al edificio de la desaparición total.
Por qué la presencia del arte mudéjar en los palacios cristianos
La razón más sencilla de explicar el uso de técnicas mudéjares, que responde al estilo musulmán de aquellos que permanecieron en territorio cristiano, es el uso de mano de obra hispanomusulmana, especialmente presente en las zonas de Guadalajara y Toledo, donde eran expertos en trabajar el ladrillo, el yeso y la madera siguiendo esta variante artística.

Pilares ornamentados Alhambra, Granada / Istock
Así, su interior rebosaba techos artesonados de madera tallada y motivos de lacería geométrica de bandas entrelazadas en las ventanas, formando figuras complejas como estrellas o polígonos, elementos que, debido al bombardeo, se perdieron en las ruinas.
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