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Victoria y Gabriel dejaron Barcelona por el pueblo de sus abuelas, de 10 habitantes: "Mi madre me dijo que no. Mucha gente se piensa que nos aburrimos en un pueblo y no es verdad"

La pareja decidió regresar al pueblo donde habían vivido sus abuelas para empezar una nueva etapa y desmontar algunos de los tópicos sobre la vida en la España rural.

Dejaron Barcelona por un pueblo de solo diez habitantes

Dejaron Barcelona por un pueblo de solo diez habitantes / Wikicommons | MIGHIDISL

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Cuando Victoria y Gabriel contaron en casa que querían dejar Barcelona para instalarse en el pequeño pueblo donde habían vivido sus abuelas, la reacción fue inmediata. "Mi madre me dijo que no", recuerda Victoria en una entrevista para El Español. Para muchas personas, abandonar una gran ciudad para mudarse a un lugar con apenas diez habitantes parece una decisión difícil de entender. Ellos, sin embargo, estaban convencidos de que allí encontrarían la vida que buscaban.

Campos de Soria

Campos de Soria / Istock

Los primos decidieron regresar al pequeño pueblo de Soria con apenas una decena de vecinos donde habían vivido sus abuelas para construir allí una nueva etapa. Lejos del ruido, del tráfico y de las prisas, encontraron una forma de vida mucho más pausada que, aseguran, no cambiarían por la ciudad. "Mucha gente piensa que nos aburrimos en un pueblo y no es verdad", explican, desmontando uno de los prejuicios más habituales sobre la España rural.

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Un regreso al lugar donde empezó la historia de su familia

La decisión no surgió de un impulso. Ambos mantenían un vínculo emocional con el pueblo gracias a sus abuelas, que habían vivido allí durante años y se habían marchado a la gran ciudad a los 20 años. Aquel lugar formaba parte de su historia familiar y siempre había estado presente en sus recuerdos, aunque hasta entonces su vida se desarrollara en Barcelona.

Calatañazor, en Soria

Calatañazor, en Soria / Istock / Jose Arcos Aguilar

Con el paso del tiempo comenzaron a plantearse si realmente querían seguir ligados al ritmo de una gran ciudad. "Ya hace dos años que cambiamos la ciudad por un pueblo de diez habitantes, y si tuviéramos que decir cuál ha sido el mayor cambio, es disfrutar de las cosas sencillas", aseguran.

El cambio suponía renunciar a muchas comodidades urbanas, pero también recuperar una forma de vida que sentían más cercana a lo que buscaban para el futuro. Dan muestra de ello a través de @Repoblando, su perfil en Instagram en el que suman más de 85.000 seguidores y comparten su día a día en el pueblo. Con este proyecto buscan no solo repoblar su pueblo, "sino el resto".

Instalarse en un pueblo tan pequeño implica aceptar ciertas limitaciones. Los servicios son escasos y muchas gestiones obligan a desplazarse a otras localidades cercanas. Sin embargo, para Victoria y Gabriel esas incomodidades quedan ampliamente compensadas por la calidad de vida que han encontrado.

El silencio forma parte del paisaje cotidiano y el contacto con la naturaleza deja de ser una actividad reservada para el fin de semana. Aquí basta con salir de casa para caminar entre campos, montes y caminos prácticamente vacíos. Lejos de sentir aislamiento, ambos aseguran haber aprendido a disfrutar de cosas sencillas que antes pasaban desapercibidas.

Para ellos, la diferencia no está en hacer menos cosas, sino en hacerlas de otra manera. El tiempo libre deja de organizarse alrededor de centros comerciales, grandes eventos o desplazamientos constantes y pasa a centrarse en actividades mucho más ligadas al entorno y a la vida cotidiana. Victoria y Gabriel reconocen que no es un estilo de vida válido para todo el mundo, pero creen que muchas veces se juzga desde el desconocimiento.

Ellos mismos admiten que antes compartían algunos de esos prejuicios. Solo cuando dieron el paso descubrieron que vivir en un entorno rural no significa renunciar a todo, sino reorganizar las prioridades. La cercanía con los vecinos, el contacto permanente con el paisaje y la ausencia de prisas han terminado modificando su manera de entender el día a día.