El curioso castillo que de perfil tiene rostro humano: levantado frente al Mediterráneo y uno de los más grandes de España
Construido durante el período de Al-Ándalus, está vinculado a una leyenda trágicamente romántica.

Desde los inicios de la historia de la humanidad, el Mediterráneo ha sido cuna de grandes civilizaciones, como los antiguos griegos, los romanos, fenicios, o los bizantinos. La Península Ibérica ha sido uno de los escenarios de todas estas increíbles civilizaciones, siendo la musulmana una de las que más importancia histórica han tenido.

Durante el período de presencia musulmana, la península fue un centro de progreso y conocimiento, donde se desarrollaron avances tanto en medicina y matemáticas, como en filosofía. Además, el patrimonio arquitectónico y cultural que nos dejaron han sido una gran base para la construcción de la península que hoy en día conocemos.
Una de las construcciones que nos dejaron los árabes es el Castillo de Santa Bárbara, en Alicante. Construido sobre el monte Benacantil, con sus más de 160 metros de altura ofrece unas vistas excelentes sobre la bahía de Alicante y sus alrededores terrestres.
Su nombre actual se debe a que el 4 de diciembre del 1248, día de Santa Bárbara, Alfonso de Castilla (futuro Alfonso X El Sabio) tomó la fortaleza a los árabes. A partir de entonces, ha ido soportando diferentes remodelaciones y ataques militares; en 1698 fue bombardeada por la flota naval francesa, durante la Guerra de Sucesión fue ocupada por los ingleses, y en 1873, durante una de las guerras carlistas, fue gravemente dañada.
La leyenda del Castillo de Santa Bárbara
Cuenta la leyenda que, durante el período de Al-Ándalus, el gobernador de la zona vivía en el castillo con su hija, una hermosa princesa. Tal era su belleza, que tenía encandilados a la mayoría de hombres del reino. Por eso, su padre organizó una gran fiesta para decidir cuál de todos aquellos pretendientes era el idóneo para su querida hija.

Al final de esa fiesta no encontró a uno, sino que encontró a dos pretendientes. Así, indeciso por cual de ellos era más merecedor de la mano de su hija, el gobernador les encargó una prueba diferente a cada uno de ellos, y el que primero la terminase podría casarse con su hija: al primero, Alí, le encargó construir una acequia de Tibi hasta el castillo para traer agua; el segundo, Almazanor, debía viajar a las Indias y traer las mejores especies que encontrara.
Así, los hombres se pusieron manos a la obra, pero Alí empezó a distraerse de ella en beneficio de la princesa, a quien agasajaba y con quien se veía a escondidas. La princesa, por su parte, no tardó en corresponder el amor de Alí, y ambos comenzaron a planear su futuro.
Pero cuando Almazanor llegó, habiendo cumplido con su encargo, el gobernador dictó que sería él quien se casaría con la princesa. Afligido por la decisión del gobernador, Alí decidió quitarse la vida saltando desde lo alto de la sierra. La princesa, con la misma pena que su amado, se quitó también la vida. Al ver lo qué había provocado, el gobernador rogó a Alá el peor de los castigos; así, el gobernador quedó petrificado bajo su gran fortaleza y, todavía hoy, podemos ver su rostro esculpido en la roca.

Otras versiones de la leyenda dicen que Alí era en realidad un chico cristiano que se había colado en la fiesta y que, al ser descubierto, fue capturado y sentenciado a morir, conduciendo a la princesa, dolida de amor, a terminar con su vida.
Pero, sea cual sea la versión real de esta trágica leyenda, lo cierto es que, efectivamente, esculpido en la roca podemos ver lo que parece ser un rostro de perfil, y que recibe el nombre de “la Cara del Moro”.
Visita el castillo
Declarado Bien de Interés Cultural en 1961, el castillo ofrece unas maravillosas vistas de toda la ciudad de Alicante, desde el mar hasta tierra adentro.
En las visitas guiadas por el interior de la fortaleza se pueden descubrir sus diferentes espacios: el patio de armas, un amplio espacio al aire libre que, además de unas fantásticas vistas panorámicas, tiene una terraza donde poder tomar algo; un aljibe renacentista, situado debajo del patio de armas, con dos naves sustentadas en arcos de sillería y diseñado para recoger el agua de la lluvia; o los calabozos, que en su época albergaron un gran número de prisioneros anónimos, así como algunos ilustres personajes, como el Conde de Lumiares, el General D. Juan Prim, o el General D. Francisco Serrano Domínguez.

Existe también la opción de visitas teatralizadas, en las que son actores los que, mediante sus interpretaciones, nos explican la historia del castillo.
Además, el castillo ofrece todo tipo de experiencias para los visitantes, como una degustación de chocolates y turrones alicantinos, la cata de vinos D.O., una visita gastrohistórica, o talleres infantiles.
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