Cuesta de Moyano: la calle más leída de Madrid cumple cien años
Una declaración de amor a la emblemática feria de libros de viejo, la única permanente del país

La historia literaria de Madrid está escrita en una calle empinada, que discurre silenciosa a la vera del Jardín Botánico y conecta la Glorieta de Carlos V con el parque de El Retiro. Una calle jalonada por casetas de libreros de viejo donde la vida ha quedado atrapada entre páginas amarillentas y lomos desgastados.
Esta calle es la Cuesta de Moyano. La misma a la que Ramón Gómez de la Serna llamaba la “Feria del Boquerón” porque, en sus inicios, en 1925, los libros se vendían a 15 céntimos, lo que se pagaba por un aperitivo. Y la misma a la que Francisco Umbral, en su minuciosa disección de la capital, definió como “la calle más leída de Madrid”.

Cien años se cumplen ahora de la colocación de esos primeros puestos, que llegaron sin luz ni calefacción, pero cargados de poemas y de relatos, de promesas y de sueños. Y que luego fueron cambiando con el tiempo, pero poco. Tal vez alguna vez trataron de ser más ordenados. Tal vez nunca pretendieron dejar de ser caóticos y confusos como deben ser los lugares en los que se amontonan los libros.
Lucha de intelectuales
Hoy los puestos de la Cuesta de Moyano están regentados por los hijos y los nietos de estos primeros libreros, que han visto peatonalizar esta calle para que el paseo resulte más agradable. Y esta calle, a su vez, ha visto desfilar a escritores e intelectuales, desde Ortega y Gasset hasta Hemingway. E incluso en tiempos de vacas flacas, cuando peligraba su permanencia, ha visto cómo grandes figuras de nuestra literatura apostaron por su defensa.

La más entregada: Pío Baroja, que reclamó a la municipalidad su protección a este rincón, al que después Camilo José Cela retrató en su Viaje a la Alcarria: “Cae por la cuesta de Moyano un alegre carrito de hortalizas. Los puestos de libros de lance guardan, herméticamente, su botín inmenso de vanas ilusiones que fracasaron, ¡ay!, sin que nadie se enterase”.

A Baroja, precisamente, la Cuesta de Moyano le agradeció tal entrega, colocando su solemne escultura en uno de sus extremos. En el otro descansa la de Claudio Moyano, responsable de la modernización del sistema educativo en aquella España pintada en triste blanco y negro, en la que solo una minoría podía acceder a la instrucción pública.
Ayer y hoy
Gracias, en parte, al esfuerzo de ambos, ahí sigue esta feria del libro permanente, la única del país. En ella dormitan libros de literatura, de cine, de filosofía, de arte, de medicina, de botánica, de autoayuda, de psicología canina. Libros muy baratos, libros de ocasión, libros nuevos, libros viejos e incluso libros descatalogados, de esos que ya no se encuentran en ninguna parte.

Y también en estos tiempos hay quien lucha por su conservación. Como la iniciativa ciudadana llamada Soy de la Cuesta, formada por célebres personalidades como Arturo Pérez-Reverte, Marwán, Rosa Montero, Carmen Iglesias, Fernando Aramburu o Luis Alberto de Cuenca, entre otros muchos. Su fin es revitalizar la Cuesta de Moyano con eventos y celebraciones relacionados con la cultura.

Es, precisamente, esta asociación la encargada del programa conmemorativo del centenario, que se desarrollará desde marzo hasta diciembre. Una agenda de rutas literarias, paseos guiados, conciertos, concursos, ciclos de tertulias, recitales, exposiciones y otras muchas actividades en memoria de esta calle de vocación lectora, que ni siquiera cesó su actividad durante la Guerra Civil (aunque sí hubo de hacerlo, tristemente, con la pandemia). Una calle que es historia viva de Madrid, memoria afectiva de los madrileños.
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