El Cotillo: en el fin del mundo de Fuerteventura
El norte de Fuerteventura revela sorpresas como El Cotillo, un antiguo reducto pescador que hoy nos invita a descubrir playas fascinantes en un ambiente de lo más costumbrista.

A la hora de profundizar en la literatura surrealista de nuestro país, no podemos obviar la aportación de Miguel Unamuno. El poeta, desterrado a la isla de Fuerteventura en 1924, se encargó de profesar a su regreso todas las maravillas experimentadas en la conocida como “playa de Canarias”, alimentando así un imaginario de dunas, pueblos perdidos y volcanes durmientes cuya estampa hoy perdura.

Cuando se trata de sucumbir a esa magia isleña, nada mejor que adentrarse en el norte, comenzando por el fascinante paraje del Parque Natural de las Dunas de Corralejo. Desde aquí, podrás disfrutar del relax del pueblo homónimo o extender la visita hasta Majanicho, un oasis marinero de ventanas verdes donde sus habitantes limpian pescado en mesas sumergidas en la propia playa y la ropa tendida se compone de jibias y otros pescados colgados tras la captura.
Una ruta surrealista que revela como guinda el pueblo de El Cotillo, en el extremo noroeste de Fuerteventura e ideal para rememorar todos esos veranos de la infancia.

El Cotillo: la nostalgia suspira entre los acantilados de Fuerteventura
Una tienda rebosante de flotadores, niños jugando frente al océano y esas casitas de pescadores de ventanas azules, los aparatos de aire acondicionado de color anaranjado por los mordiscos del salitre o la blancura que contrasta con el color oscuro de la roca volcánica. El Cotillo podría ser ese pueblo de tantos veranos que susurra en la memoria, casi como un espejismo en esta tierra mística alimentada por las leyendas del Atlántico.

Lo que comenzó siendo un antiguo refugio de pescadores ha conservado su encanto genuino para invitarnos a recorrer sus calles mientras espías al océano o visitas vestigios históricos como su Faro del Tostón o la Torre del Tostón, una estructura construida en el 1700 para proteger la costa de los frecuentes ataques piratas. Sin embargo, uno de los principales reclamos de El Cotillo lo encontramos, claro, en sus playas.
A pesar de la accesibilidad para alcanzarlas desde el propio pueblo, las playas de El Cotillo conservan esa magia tan propia de un paraíso remoto y volcánico, con ejemplos como la playa de la Concha, la playa de los Lagos o la playa de los Charcos. Ensenadas enormes donde sentirse más pequeño frente a un Atlántico inhóspito.

Si te encuentras en agosto, puede que coincidas con las Fiestas Patronales de La Virgen del Buen Viaje, símbolo local que los pescadores pasean por el mar. Además, durante las fiestas, se permite emplear artes de pesca prohibidas como el trasmallo, que consiste en la colocación de paredes de redes mediante las que el pescado queda atrapado para ser cocinado un popular asadero donde participan locales y turistas. Todo ello, envuelto en una exaltación del folclore que incluye música, gastronomía y pistolas de agua por doquier.
En cuánto a la gastronomía de El Cotillo, recomiendo degustar las lapas con mojo verde, el pulpo, los mejillones guisados o secos, o su caldo de pescado. En caso de visitar el pueblo durante las fiestas, sucumbirás al puchero de carne de cabra, con garbanzos y verduras, todo un emblema majorero.

Sin duda, sucumbir a los encantos de El Cotillo revela experiencias que quedarán atrapadas en la memoria y, con suerte, te conectarán con el niño interior que una vez corrió con pistolas de agua por el pueblo de todos los veranos.
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