El coqueto pueblo de Barcelona que esconde las bodegas de uno de los cavas más famosos de España 

Callejuelas con edificios rosados, un entorno increíble y un sinfín de cavas donde se produce el espumoso más famoso de nuestro país. Así es este pueblo del Alto Penedés.

Se oculta entre los viñedos de la provincia de Barcelona y es uno de los pueblos con más encanto de la región
Se oculta entre los viñedos de la provincia de Barcelona y es uno de los pueblos con más encanto de la región / Istock / Roberto A Sanchez

Adentrarse en el Alto Penedés es asistir a un desfile de pueblos salpicados de edificios modernistas, masías y un mar interminable de viñedos. No es una exageración: en esta región se cultiva una de las denominaciones de origen más codiciadas de España y es el lugar de nacimiento (y de cultivo) del cava.

Entre todos los municipios que lo conforman, hay uno que destaca tanto por su encanto como por su volumen de producción. Nuestra escapada de hoy es a San Saturnino de Noya (Sant Sadurní d'Anoia), uno de los pueblos con más encanto histórico y gastronómico de la región.

Adriana Fernández

La historia de San Saturnino de Noya

Aunque durante siglos dependió de un grupo de pueblos aglutinados bajo el nombre del santo (la primera referencia que existe data de 1080), en el año 1872 obtuvo la independencia y fue referido, por primera vez, por el nombre con el que lo conocemos hoy. Ubicado junto al río Noya, del que recibe el apellido, y en mitad del camino que iba de Barcelona a Tarragona, el pueblo prosperó mucho más rápidamente que sus vecinos.

Su principal fuente económica fue, ya entonces, el cultivo de la viña. Para cuando se desarrolló de forma masiva ya nos encontrábamos en el siglo XVIII y el pueblo entero se volcó en dar respuesta a una creciente demanda del mercado americano. El gran pico de crecimiento se dio entre 1869 y 1880, cuando una plaga de filoxera asoló los viñedos franceses. Por desgracia, unos años después la misma maldición asoló los campos españoles, arruinando buena parte de las viñas y a su población.

La buena noticia es que esta historia la contamos desde la perspectiva presente y, por tanto, sabemos que acaba bien. Un grupo de propietarios apodados "Los siete sabios de Grecia" empleó los métodos aprendidos en Francia y consiguió hacer que la producción de espumoso remontara. A día de hoy, de hecho, San Saturnino es la principal productora de cava del país, aglutinando el 90% de las botellas que se elaboran en España.

Qué ver en San Saturnino de Noya

El patrimonio histórico de San Saturnino

Sant Sadurní cuenta con 20 kilómetros cuadrados de territorio, ahí es nada. Empezamos por explorar su casco histórico, una sucesión de edificios centenarios y callejuelas rosadas que invitan a perderse sin reloj.

El pueblo cuenta con un patrimonio rico en joyas arquitectónicas. No podemos irnos sin visitar la Iglesia de San Benedicto de Espiells, construida entre los siglos X y XI. Más reciente, pero también impresionante, es su iglesia parroquial, que aglutina referencias de tres periodos arquitectónicos (el gótico, el barroco y el novecentista) y cuya fama se debe al campanario octogonal del que presume, de estilo gótico.

Por todo el trazado urbano se han mantenido diferentes viviendas que contribuyen a construir la identidad urbana: la Casa de la Vila, en la Plaza del Ayuntamiento, que data del siglo XIX; la casa señorial Josep Mestres, con su fachada neogótica; la casa Famosa Ragué, modernista; la casa María Sàbat, obra de Miquel Madurell i Rius; o las casas Bagués y Nadal, ambas novecentistas. Un sinfín de ejemplos, en definitiva, que unidos crean una fuente inagotable de belleza que atrapa la mirada.

Las cavas de San Saturnino, el gran atractivo del pueblo

Pero no podemos olvidarnos del gran atractivo del pueblo: sus cavas. Hay nada menos que 80 empresas que se dedican a la elaboración de cava instaladas en el pueblo, desde grandes casas como Juvé Camps, Freixenet o Raventós i Blanc hasta pequeñas cavas artesanales que se han transmitido de generación en generación.

Las más famosas de todas son las cavas Codorniu. Ubicadas en una modega modernista construida por Puig Cadafalch a principios del siglo XX y reconocida como Monumento Histórico Artístico Nacional en 1976, las bodegas no solo producen, sino que están abiertas a los visitantes.

Desde allí se ofrecen diferentes visitas guiadas que atraviesan varias salas: la Sala de Expediciones (ahora llamada Sala de Recepción), la Bodega Grande, el museo ubicado en el antiguo Porche de las Prensas y la casa solariega, que data del siglo XV.

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