Es considerada la ermita más espectacular de España: está en el corazón de un parque natural y se llega a través de una ruta de senderismo de ensueño

Esta ermita es el culmen perfecto de una ruta maravillosa en pleno corazón castellano.

La ermita y ruta perfecta para una escapada.
La ermita y ruta perfecta para una escapada. / Istock / Picasa

Todos los caminos no llevan a Roma, algunos terminan en lugares que se quedan grabados en tu corazón de por vida. En el corazón de Castilla y León, entre paredes de piedra caliza, buitres leonados y un silencio que impone respeto, se esconde uno de esos sitios que no necesitan exageraciones. Es una escapada de las que se disfrutan, tanto es así que, como ya contamos en VIAJAR, “la ruta te lleva por senderos increíbles en los que podrás disfrutar de la naturaleza, verás una ermita del siglo XIII y hasta te podrás asomar al "ojo del diablo".

Adriana Fernández

El escenario no es menor. Hablamos del Parque Natural del Cañón del Río Lobos , un espacio protegido que se extiende entre las provincias de Burgos y Soria y que resume como pocos la fuerza del paisaje kárstico en nuestro país.

Un cañón esculpido por el tiempo 

El protagonista silencioso de esta historia es el río Lobos, que nace en la provincia de Burgos y serpentea hasta Soria, modelando durante siglos un desfiladero de paredes verticales, cuevas y formaciones rocosas únicas. El resultado es magnífico y sorprendente; un cañón de más de 10.000 hectáreas, declarado espacio natural protegido en 1985 y considerado uno de los grandes monumentos naturales de España. Caminar por aquí singifica atravesar un libro abierto de geología, fauna y vegetación. Sabinas, pinos y encinas acompañan una ruta en la que no es raro cruzarse con corzos o ver planear a los buitres desde lo alto.

Vista del Cañón del Río Lobos desde el mirador de la Galiana al atardecer.

Vista del Cañón del Río Lobos desde el mirador de la Galiana al atardecer.

/ Istock / Jose Luis Alvarez Esteban

Lobos, leyendas y refugios antiguos

El nombre del cañón no es casual. Desde tiempos remotos, estas cuevas sirvieron de refugio natural y dieron cobijo tanto a animales como a distintas civilizaciones. Hay vestigios de ocupación prehistórica, huellas romanas y referencias a pueblos celtíberos. A todo ello se suman las leyendas populares, que hablan de bandidos escondiendo botines y de lobos reclamando estas tierras como suyas. Verdad o mito, lo cierto es que el lugar tiene algo difícil de explicar.

Paredes verticales de piedra caliza del Cañón del Río Lobos.

Paredes verticales de piedra caliza del Cañón del Río Lobos.

/ Istock / Javier Ruiz Herrera

Entre el románico y el misterio

En el centro exacto del parque, como si alguien la hubiera colocado con una precisión imposible, se alza la ermita de San Bartolomé, una construcción románica del siglo XIII cuya autoría sigue siendo un enigma. No existe documentación que acredite quién la mandó edificar, y esa ausencia de certezas ha alimentado durante años la teoría templaria.

Ermita de San Bartolomé.

Ermita de San Bartolomé.

/ Istock / ana del castillo

La ubicación del templo ha dado mucho que hablar, pues se encuentra alineada con puntos extremos de la península, un detalle que algunos atribuyen a los profundos conocimientos geométricos de la Orden del Temple. Aun así, conviene ser claros; no hay pruebas documentales que confirmen esta hipótesis. La leyenda, aquí, sigue siendo leyenda.

El secreto que muchos pasan por alto

Justo detrás de la ermita, un pequeño sendero asciende hasta una formación kárstica conocida como el “ojo del diablo”. Desde allí se obtiene una de las vistas más sobrecogedoras del cañón, una panorámica que explica por qué este lugar no se olvida fácilmente. No todo el mundo sube (el cansancio o el desconocimiento juegan en contra), pero quien lo hace suele coincidir en que es el punto más impresionante de toda la ruta.

Imagen de la Ermita de San Bartolomé.

Imagen de la Ermita de San Bartolomé.

/ Istock / Ana del Castillo

El acceso al parque es gratuito, pero exige respeto. No hay grandes dificultades técnicas, aunque en verano el calor puede ser intenso y el viento escasea. Hay fuentes antes de comenzar la ruta, pero conviene ir preparado. Primavera y otoño son, sin duda, las mejores estaciones para disfrutar del cañón con calma y menos afluencia. Porque no se trata solo de llegar a la ermita, sino de entender el camino como parte esencial del viaje. Y en el Cañón del Río Lobos, el camino lo es todo.

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