La comarca gallega que bate récords de longevidad: “Lo principal es la comida, la abundancia de hortalizas, el consumo estable de legumbres y la moderación en la carne”

Un rincón de Pontevedra donde tradición, monte y alimentación explican un fenómeno demográfico único.

Paradanta: La comarca gallega donde la vida dura más.
Paradanta: La comarca gallega donde la vida dura más. / Istock

Hay zonas donde la vida avanza sin ruido. A Paradanta, en el interior verde de Pontevedra, es una de ellas. Su paisaje (aldeas pequeñas, huertas cuidadas y montes que huelen a humedad incluso en verano) ya transmite esa sensación de calma que cuesta describir y que aquí, según los geriatras gallegos, podría ser parte del secreto. Los datos no dejan lugar a dudas, y es que esta comarca formada por A Cañiza, Arbo, As Neves y Covelo se ha convertido en uno de los territorios con mayor proporción de centenarios de toda España.

Adriana Fernández

La comarca llega a registrar, en ciertos años, una tasa de mayores de 100 años hasta siete veces superior a la de Okinawa, el caso más estudiado del mundo. No es una metáfora. Es estadística pura en un territorio que ronda los 12.000 habitantes.

Una comarca gallega que es un ejemplo claro en longevidad.

Una comarca gallega que es un ejemplo claro en longevidad.

/ Istock

Una longevidad que no sorprende a nadie

Lo curioso es que en A Paradanta este fenómeno no se vive como una rareza. Forma parte de la normalidad local. En algunas aldeas es habitual encontrar personas de 95, 98 o 101 años que siguen viviendo en su casa, con rutinas muy similares a las que han tenido toda su vida. Los especialistas consultados en prensa coinciden en tres factores que explican el fenómeno: alimentación tradicional, vida activa y un contexto muy poco estresante. ¿Quién necesita más? Aquí casi todo se hace cerca; la huerta está a unos metros de la puerta, el horno a leña sigue siendo protagonista en muchas cocinas y las comidas se preparan con productos locales, frescos y poco procesados. Un privilegio que en algunos países se considera todo un lujo.

El clima también ayuda. El interior de Pontevedra mantiene esa humedad suave que favorece la vegetación, y la orografía obliga a caminar cuestas cada día. No es deporte, es rutina.

Alimentación que suma años

La comida en A Paradanta no es moda ni discurso. Es costumbre. Las malas lenguas dicen que aquí se come muy bien y muy bueno, nada de ultraprocesado; abundancia de hortalizas locales, consumo estable de legumbres, moderación en la carne, uso de productos de proximidad, y horarios regulares. Todo esto encaja con los patrones que los gerontólogos asocian a las poblaciones longevas del planeta. Pero aquí llega con un matiz gallego, y es que no es una práctica consciente, sino una forma de vida heredada.

Queda clara una cosa: la vida en la naturaleza, la vida mejor.

Queda clara una cosa: la vida en la naturaleza, la vida mejor.

/ Istock / Joaquin Ossorio-Castillo

Un paisaje que protege

Además de la comida, A Paradanta tiene otra ventaja, y es su entorno. Las aldeas están envueltas por la Serra do Suído y los valles que descienden hacia el río Miño, una combinación de montaña, humedad y silencio que invita a un tipo de vida menos acelerado que en casi cualquier otro punto del país. El movimiento diario suma años sin que nadie lo busque. Los estudios sobre longevidad publicados siempre citan este factor, y es que las personas mayores gallegas siguen activas, pero sin desgaste físico extremo.

A Paradanta no presume de su longevidad. No recibe multitudes en busca del “elixir gallego”. La vida continúa como siempre, a un ritmo que no tiene horarios digitales, sino hábitos antiguos, al más puro estilo gallego. Y, quizá por eso, esta comarca de Pontevedra se ha convertido en un pequeño laboratorio natural de bienestar. Aquí la longevidad no se celebra, se normaliza. Los centenarios no son una excepción estadística, sino un recordatorio de que hay lugares donde vivir bien sigue siendo posible.

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