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La ciudadela gallega de origen celta coetánea a la ocupación romana: sobre un acantilado, pertenece a la Edad de Hierro y aún conserva parte de su muralla original

Este yacimiento arqueológico demuestra de que antes de la llegada de los romanos, en la península ya había pueblos muy avanzados.

La ciudadela celta de la Edad de Hierro presente desde antes de la llegada de Roma.

La ciudadela celta de la Edad de Hierro presente desde antes de la llegada de Roma. / Istock

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Con la llegada de los romanos a nuestras orillas y su asentamiento en los territorios de la península ibérica, fundando algunas de las que con el tiempo se convirtieron en las principales polis del Imperio, eran varios los pueblos y civilizaciones que ya entonces ocupaban el territorio, muchos de ellos con sociedades y economías muy desarrolladas, e infraestructuras de construcciones avanzadas.

El Castro de Baroña, en A Coruña

El Castro de Baroña, en A Coruña / Istock / AndresGarciaM

Los celtas eran uno de estos pueblos que habitaban en el territorio previo a la llegada de los romanos; sus poblados se concentraban en el norte de la península, más específicamente dentro de lo que hoy es Galicia. En el municipio de Puerto del Son, en la provincia de A Coruña, se encuentra uno de los asentamientos mejor conservados de la región. El castro celta de Baroña es una joya arqueológica, la cual ha permitido descubrir más acerca de cómo funcionaba la sociedad anterior a los romanos.

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Martín Álvarez

Un secreto pasado de generación en generación

Asentado en una pequeña península rocosa de la ría de Muros y Noia, conocida con el nombre de Punta do Castro, se cree que el Castro de Baroña fue fundado a mediados del primer milenio antes de nuestra era, y se estima que estuvo ocupado hasta el siglo I d.C. con la llegada de los romanos. El castro ocupa una extensión aproximada de 2,5 hectáreas, las cuales estaban rodeadas por una espléndida muralla, en cuyo interior se emplazan una veintena de casas.

El castro de Baroña data del primer milenio a.C.

El castro de Baroña data del primer milenio a.C. / Istock / Thomas Nuehnen

Aunque las excavaciones del yacimiento comenzaron en 1933, es muy probable que la existencia de los restos del castro fuera conocida por los habitantes de la zona desde hace siglos. De hecho, se tiene constancia del conocimiento del castro ya en 1754, cuando fue nombrado por el Padre Sarmiento en su viaje por Galicia.

A pesar de esto, las excavaciones arqueológicas como tal empezaron oficialmente a finales de la década de los 60, cuando las murallas, varias casas y la entrada al segundo recinto del castro quedaron al descubierto. Desde entonces, los trabajos han consistido principalmente en consolidar y recuperar las estructuras, muchas de ellas dañadas en las anteriores excavaciones; se han hecho también los trabajos para la declaración del yacimiento como Bien de Interés Cultural.

Las excavaciones del castro comenzaron en 1933

Las excavaciones del castro comenzaron en 1933 / Istock / Mercedes Rancaño Otero

La visita al castro

Para poder acercarse al castro hay que dejar el coche en la zona de aparcamiento que hay junto a la carretera y atravesar el trozo de bosque he se extiende entre la playa y la carretera, siguiendo un sencillo camino de unos 500 metros que se hace en menos de 5 minutos. El recorrido no tiene pérdida, tan solo hace falta seguir las señales que indican hacia donde avanzar.

Desde el castro se obtienen unas magníficas panorámicas

Desde el castro se obtienen unas magníficas panorámicas / Istock / AndresGarciaM

En el interior del recinto arqueológico podrás observar los fundamentos de la veintena de casas que había en el castro, así como los restos de la muralla que las protegía de posibles ataques. Una de las construcciones se cree que fue un horno en el que se llevaron a cabo trabajos de metalurgia y minería, puesto que se hallaron restos de bronce, oro y hierro.

Aparte de ofrecer una experiencia llena de historia, el Castro de Baroña sirve también como un mirador excelente para el entorno en el que se encuentra. Desde el punto más alto del yacimiento se obtienen unas panorámicas estupendas del Atlántico y la ría de Muros y Noia. Por otro lado, junto al castro encontrarás una playa fantástica para disfrutar de un buen día de verano.