La ciudad del norte de España que rebosa elegancia: combina arquitectura señorial con unas playas de ensueño

Una ciudad que lo tiene todo y no presume de nada, donde la gastronomía esa una experiencia y los paisajes son un tesoro.

La ciudad que es un sueño hecho realidad para los amantes de la autenticidad.
La ciudad que es un sueño hecho realidad para los amantes de la autenticidad. / Unsplash / Willian Justen de Vasconcellos

Hay ciudades que tienen mar, y luego está Santander, que nace del mar, vive por el mar y respira con él. Capital de Cantabria y joya del Cantábrico, es una ciudad que combina el refinamiento de antaño con la vitalidad de hoy, todo ello aliñado con la pura elegancia santanderina. Aquí no hace falta elegir entre naturaleza, gastronomía y cultura, pues todo está a mano, y todo ello con el punto perfecto de sal, como quien dice. 

Adriana Fernández

No es la ciudad más conocida del norte, pero es de las que más sorprenden. Quizá porque lo tiene todo sin alardear. Santander es una ciudad de gente con ritmo tranquilo, con fachadas señoriales, con bahía de postal y con playas que parecen sacadas de un catálogo. El epicentro de nuestra amada Cantabria Infinita es mucho más que tres post de las Pombo; es cultura, gastronomía, paisajes y hablar cantado. 

Vista de Santander, España.

Vista de Santander, España.

/ Istock / MarioGuti

De ciudad de veraneo aristocrático a capital que se reinventa

Santander fue durante décadas destino de la aristocracia española, especialmente desde que Alfonso XIII instaló aquí su residencia estival en el Palacio de la Magdalena, entre 1913 y 1930. Desde entonces, la ciudad se convirtió en un lugar “de veraneo fino”. De hecho, aquel espíritu elegante aún se nota en los paseos, en los parques y en ciertos barrios como El Sardinero o Puertochico.

Vista aérea de la playa de la ciudad de Santander.

Vista aérea de la playa de la ciudad de Santander.

/ Istock / saiko3p

Pero Santander no se ha quedado anclada en la postal. Hoy es una ciudad viva, moderna sin estridencias, que ha apostado por el arte contemporáneo (con el Centro Botín a la cabeza), por la arquitectura funcional y por recuperar el frente marítimo como zona peatonal, abierta y para disfrutar. Es una ciudad en la que apetece pasear, incluso cuando llueve. 

Planes para todos los gustos

Santander es una ciudad de caminar, de subir y bajar cuestas, de mirar hacia el agua. El Paseo de Pereda sigue siendo el alma del centro, con sus jardines, su aire decimonónico y sus bancos frente a la bahía. Desde allí puedes recorrer a pie todo el frente marítimo hasta llegar a los Jardines de Piquío, en pleno Sardinero.

Paseo de Pereda en Santander.

Paseo de Pereda en Santander.

/ Istock / MEDITERRANEAN

El Centro Botín, obra de Renzo Piano, es parada obligatoria. No solo por las exposiciones de arte contemporáneo, sino por el propio edificio, el cual se encuentra suspendido sobre el mar, blanco, lleno de luz. Y el entorno invita al descanso; los jardines de Pereda se han renovado y hoy son un espacio perfecto para tumbarse, leer o simplemente ver pasar la ciudad.

Parque Jardines de Pereda en Santander en España.

Parque Jardines de Pereda en Santander en España.

/ Istock / gionnixxx

Otro clásico es subir al funicular del Río de la Pila, que conecta el centro con una de las mejores vistas sobre la bahía. Gratis, rápido y panorámico. Y si quieres más altura, acércate al Parque de Mataleñas, entre acantilados, donde se encuentra también el Faro de Cabo Mayor, con vistas abiertas al Cantábrico puro y duro.

Playas urbanas y excursiones con toalla

Pocas ciudades pueden presumir de tener playas así a pie de calle. Desde el centro puedes llegar andando en poco más de 20 minutos a la Playa del Sardinero, una de las más emblemáticas, amplia, con paseo marítimo, olas moderadas y buen ambiente. Un poco más allá están la Segunda del Sardinero, más recogida, y la espectacular Playa de Mataleñas, en una cala entre acantilados, a la que se accede por una escalera empinada, pero que merece la pena.

Playa de la Costa Quebrada Playa de Somocuevas.

Playa de la Costa Quebrada Playa de Somocuevas.

/ Istock / MEDITERRANEAN

Si vas en coche o bus, en menos de 30 minutos puedes estar en playas como Liencres (paraíso surfero y natural), Somocuevas (más salvaje, nudista y con vistas de infarto) o la Playa de Langre, redonda, rodeada de prados verdes y perfecta para sentirse en el norte más puro.

Comer bien en Santander

Estamos en Cantabria, así que comer mal es difícil. Santander ofrece de todo... Desde bares de pinchos a restaurantes con estrella Michelin. Pero no hace falta vaciar la cartera para comer como un rey.

En el centro, una buena zona es Cañadío, con bares como La Bodega del Riojano, donde probar rabas (calamares fritos), quesadas, anchoas de Santoña o un vino blanco con marisco. Otro clásico local es el Mercado del Este, donde puedes tomar algo entre puestos y arquitectura industrial reformada.

Plaza de Cañadío en Santander.

Plaza de Cañadío en Santander.

/ Istock / gionnixxx

Si buscas nivel alto, El Serbal (con estrella Michelin), La Caseta de Bombas (más informal, pero creativa, en la antigua grúa de la ciudad), o el propio restaurante del Hotel Real (para ver la ciudad desde arriba con mantel blanco) son opciones excelentes. Para dulces, no te vayas sin probar una quesada pasiega, sobaos o una corbata de Unquera con café.

Excursiones desde Santander

Si te apetece salir de la ciudad, hay excursiones que se hacen en el día y que merecen mucho la pena:

  • Santillana del Mar, uno de los pueblos más bonitos de España, está a 30 min en coche. También puedes visitar las Cuevas de Altamira (o su réplica).
  • Castro Urdiales, con su castillo y su paseo marítimo, tiene encanto marinero.
  • Cabárceno, a solo 20 km, es uno de los parques de fauna en semilibertad más espectaculares de Europa.
Parque Natural de Cabárceno.

Parque Natural de Cabárceno.

/ Istock / Glida46

Santander no tiene la intensidad de Bilbao ni el tirón turístico de San Sebastián. Y quizá por eso gusta tanto. Es una ciudad donde el mar siempre está cerca, donde se come bien sin buscarlo, donde la arquitectura se mezcla con el paisaje y donde el viento del norte sopla con clase.

Síguele la pista

  • Lo último