La ciudad con más iglesias románicas del mundo está en España: 24 templos, un castillo y dos palacios en un lugar declarado Conjunto Histórico-Artístico
Nos trasladamos hasta esta ciudad de gran importancia histórica.

Zamora es una de las provincias que, sin duda, está más infravalorada. Y para alguien que ha pisado innumerables veces tierras zamoranas, me sorprende enormemente su categoría de “segunda” dentro del territorio nacional. Sin embargo, Zamora no necesita grandes argumentos, pues los datos son suficientes. En su casco histórico se concentran alrededor de dos docenas de iglesias románicas, levantadas entre los siglos XI y XIII, muchas de ellas a escasos minutos a pie unas de otras.

Hoy os hablo de una ciudad donde el románico forma parte del paisaje cotidiano, integrado en plazas, cuestas y barrios que siguen funcionando con naturalidad. Ese equilibrio (monumental pero sin artificio) es lo que convierte a Zamora en una rareza maravillosa dentro del patrimonio europeo.
Una capital románica levantada en apenas dos siglos
La concentración de templos románicos no es casual, como nada en esta vida. Y es que, Zamora fue una plaza estratégica en la frontera entre los reinos cristianos y Al-Ándalus durante la Edad Media. Tras su repoblación en el siglo XI, vivió un intenso proceso constructivo vinculado al crecimiento urbano, a la presencia de órdenes religiosas y al papel defensivo de la ciudad en el Duero.
En ese contexto se levantaron iglesias parroquiales para barrios en expansión, pequeñas comunidades religiosas y zonas extramuros que con el tiempo quedaron integradas en la ciudad. El resultado es un conjunto homogéneo y sorprendentemente bien conservado, que explica por qué Zamora suele considerarse la ciudad con mayor densidad de románico del mundo. Una ciudad que es un Edén para cualquier amante del arte, creedme.

Románico con acento bizantino
El punto de referencia inevitable es la Catedral de Zamora, iniciada en el siglo XII. A diferencia de otras catedrales románicas españolas, su rasgo más reconocible es la cúpula gallonada que recuerda a modelos bizantinos y que la distingue de cualquier otro templo de la Península. Yo diría que es una catedral con una enorme personalidad. Además, su ubicación junto al río Duero y su relación directa con el castillo y las murallas refuerzan la idea de Zamora como ciudad-fortaleza medieval.
Más allá de la catedral, el verdadero valor de Zamora está en sus iglesias parroquiales románicas, muchas aún en uso. Templos como San Claudio de Olivares, Santiago del Burgo o San Cipriano son paradas obligatorias; cada uno responde a un barrio, a una comunidad concreta y a un momento histórico distinto.
Lo que hay detrás
Para entender por qué Zamora acumuló tantas iglesias en tan poco tiempo hay que mirar su sistema defensivo. El Castillo de Zamora, de origen medieval y reformado en siglos posteriores, domina la ciudad junto a tramos de muralla que aún se conservan. La ciudad fue durante siglos un enclave clave en la defensa del reino de León, lo que favoreció su repoblación y la construcción de templos asociados a nuevos núcleos de población.

Sin embargo, el románico no es la única capa monumental de Zamora. La ciudad conserva palacios que reflejan su evolución en siglos posteriores. El Palacio de los Condes de Alba y Aliste, hoy Parador Nacional, es un ejemplo destacado del gótico tardío y del poder nobiliario en la ciudad. Por su parte, el Palacio Episcopal o el conocido Palacio de los Momos evidencian cómo Zamora siguió siendo relevante más allá de la Edad Media.
Mucho más que románico
Aunque el románico sea su seña de identidad, Zamora ofrece una lectura más amplia relacionada con sus murallas, las vistas al Duero, los barrios medievales y una tradición gastronómica ligada a su entorno rural. Todo ello configura una ciudad donde el patrimonio no aparece como decorado turístico, sino como parte natural de su estructura urbana.

Por eso Zamora no impresiona por un monumento concreto, sino por la suma de todos. Iglesias que se suceden sin estridencias, un castillo que recuerda su pasado estratégico y palacios que hablan de su continuidad histórica. Una ciudad que no necesita reinventarse porque, sencillamente, nunca dejó de ser lo que era
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