La ciudad con el hallazgo visigodo, romano y musulmán más impresionante de Europa: está debajo de una catedral y mezcla 11 siglos en un espacio
A veces la historia queda oculta bajo tierra y los arqueólogos se encargan de mostrarla, como ocurre con este centro arqueológico único en Europa.

Tras la caída del Imperio Romano, el pueblo visigodo se asentó en la Península Ibérica desde el siglo V hasta el VIII. Los franceses los expulsaron de la Galia (antigua Francia) y desplazaron su capital en Toledo. Integraron sus costumbres con algunas de las romanas que ya estaban allí. En ocasiones, su legado ha pasado desapercibido por la grandeza de los monumentos romanos, pero su influencia tampoco se queda atrás.
Hay lugares en los que se conservan más restos visigodos que en otros, por ejemplo en Valencia. La riqueza de la ciudad levantina en ocasiones queda olvidada por ser un destino de sol y playa muy turístico durante el verano, pero esconde tesoros únicos y vestigios de un pasado desconocido por muchos. Junto a la preciosa catedral hay un centro arqueológico subterráneo que alberga los restos de los primeros asentamientos de la urbe.
La Almoina recoge la huella desde la fundación romana hasta la época árabe, destacando la presencia visigoda. La palabra "almoina" proviene del valenciano y significa "limosna", haciendo referencia a la antigua institución benéfica que allí se ubicaba. Se trata de una excavación considerada como uno de los mejores centros arqueológicos de Europa, donde se pueden contemplar desde edificios hasta vasijas y otros elementos de la vida cotidiana de la época.
Cuando los tesoros están bajo tierra
De la primera época de la ciudad que destruyó Pompeyo en el 75 a.C. para luego volver a levantar, se conservan un santuario de Asclepios, un Horreum y unas termas. De años posteriores están la curia, la basílica y el porticado del foro, así como las vías por las que caminaban antaño los habitantes de la urbe. De la época musulmana se exponen una noria, un patio con lavadero y parte de la fortificación, así como el edificio de La Almoina para ayudar a los pobres.

Lo más curioso de este lugar es que se puede ver la evolución de los diferentes pobladores que se asentaron exactamente en el mismo sitio. Los visigodos reutilizaron construcciones romanas y lo mismo hicieron los musulmanes. Es el reflejo de la historia de Valencia en un único espacio. El primer trazado de la ciudad consistía en dos vías, el cardo y el decumanus -las vías que se cruzaban de manera perpendicular-, favoreciendo así su defensa.

Aquello evolucionó en una plaza porticada con un templo principal en el foro dedicado al dios grecorromano Asclepios, hijo de Zeus y Coronis. A su alrededor había hórreos donde se guardaba el grano -sí, hubo hórreos más allá de Asturias y Galicia-, elementos para canalizar el agua y las termas romanas, que es uno de los edificios mejor conservados de la época. En aquel entonces eran espacios de relajación, encuentro e incluso actividad física, y se dividían en tres salas.

Todo acaba por amontonarse como si el tiempo se solapara de alguna manera. Así, vemos un alcázar musulmán junto a enterramientos medievales, aljibes, albercas islámicas o un baptisterio visigodo. Pero al final todo acaba unido con un mismo fin: recordar que la riqueza de una ciudad no es solo lo que se aprecia a simple vista, sino también lo que está escondido bajo la tierra, que muchas veces queda olvidado por las nuevas y gigantescas construcciones.
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