La ciudad que fundó la primera universidad de España, presume del Cristo más alto y es el paraíso secreto del románico

La ciudad que tiene historia, récords, una gastronomía para chuparse los dedos y unos habitantes únicos...¡Y no lo presumen!

La ciudad que lo tiene todo pero que no presume de nada.
La ciudad que lo tiene todo pero que no presume de nada. / Istock / Jorisvo

Seamos honestos, Palencia no está en las quinielas de moda. No tiene playa, ni hordas de influencers posando delante de una catedral gótica y muchas veces queda olvidada en detrimento de sus ciudades vecinas como Valladolid o León. Pero… ¿sabías que aquí se fundó la primera universidad de España? ¿Que tiene el Cristo más alto del país? ¿Y que es la capital mundial del románico sin necesidad de presumir? Pues agárrate, que Palencia tiene mucho que decir. Solo hace falta que alguien te lo cuente bien.

La universidad más antigua… ¡antes que Salamanca!

Palencia siempre ha sido discreta, pero tiene hazañas para sacar pecho. En 1212, mucho antes de que Salamanca se llenara de tunas y turistas, el rey Alfonso VIII y el obispo Tello Téllez de Meneses pusieron en marcha el Stadium Generale, un ambicioso proyecto considerado la primera universidad de España.

Aquí se formaban sabios, teólogos, juristas… y aunque el invento no duró mucho (cosas del medievo), Palencia puede presumir de ser la madre académica de este país. Salamanca lo sabe. Pero no lo dice muy alto.

El Cristo del Otero: tamaño XL y mirada de vértigo

Ahora imagina caminando por Palencia y de repente alzas la vista… y ves a un Cristo gigantesco que parece estar vigilando la ciudad. Se llama Cristo del Otero, mide 30 metros (más 11 de pedestal) y es una de las estatuas de Jesucristo más altas de Europa.

El Cristo del Otero de Palencia, Castilla León, España.

El Cristo del Otero de Palencia, Castilla León, España.

/ Istock / herraez

Lo esculpió el gran Victorio Macho en los años 30 y es una maravilla de la que poco se habla. Así que, no te lo pierdas, sube al cerro del Otero y contempla una panorámica brutal de la ciudad, el río Carrión, los campos infinitos y ese cielo palentino que es puro cine.

¿Te gusta el románico? Vas a flipar

Te lo digo en serio, Palencia es el paraíso del románico. Y no solo lo digo yo, lo dicen los datos. Más de 200 iglesias románicas salpican la provincia y muchas de ellas están a tiro de piedra de la ciudad. Es como un parque temático medieval, pero sin filas ni megáfonos. La iglesia de San Miguel, con su torre inclinada sobre el Carrión, parece un escenario de película. San Martín de Frómista, a media hora, es tan perfecta que parece diseñada por un algoritmo medieval. Y si eres fan del turismo relajado, coge la bici del trastero, sigue la Ruta del Románico Norte y vive una experiencia espiritual con mucha calma. 

Iglesia románica de San Martín de Frómista en Palencia, España, vista interior.

Iglesia románica de San Martín de Frómista en Palencia, España, vista interior.

/ Istock / JJFarquitectos

La “Bella Desconocida” que se hace querer

Su catedral no tiene el renombre de Burgos ni el gentío de León, pero la de Palencia tiene otra cosa, y es magia en su interior. Se la llama la Bella Desconocida, y cuando entras entiendes por qué. Es gótica, inmensa (la tercera catedral más grande de España en cuanto a superficie), tranquila… y con una energía que te atrapa.

Virgen inmaculada concepción y fachada gótica catedral de Palencia, Castilla y León, España

Virgen inmaculada concepción y fachada gótica catedral de Palencia, Castilla y León, España

/ Istock / David Andres Gurierrez

Tiene un retablo de Juan de Flandes, más de veinte capillas, y un silencio que invita a mirar hacia arriba y respirar hondo. Lo mejor de todo es que no hay colas, ni flashazos, ni prisas. Aquí te puedes tomar tu tiempo, tranquilo y sin agobios. 

Verde, peatonal y con alma de paseo

Una ciudad se mide por cómo se camina. Y Palencia se camina de lujo. Es llana, peatonal, sin empujones y con el Paseo del Salón, uno de los paseos urbanos más bonitos de España. El Parque Isla Dos Aguas es ideal para un pícnic improvisado o para dormir una siesta mirando al Carrión. Y si te va el rollo cicloturista, tienes que recorrer la Senda del Canal de Castilla, ese capricho ilustrado del siglo XVIII que va bordeando esclusas, campos de cereal y pueblecitos que parecen salidos de un cuento.

A comer, que esto es Castilla

Ahora vamos al tajo: ¿qué se come en Palencia? Aquí el postureo gastronómico todavía no ha llegado, y eso es una suerte. Lo que sí hay es tradición, sabor y raciones como Dios manda. El lechazo es religión.  Principalmente de su lechazo churro. Pero también hay maravillas menos conocidas como la menestra palentina, la sopa de ajo, la morcilla de Villada, y quesos, vinos y dulces que no necesitan eslóganes para enamorar.

Imagen de una tabla de quesos.

Imagen de una tabla de quesos.

/ Istock / Ricardo Jato de Evan

De postre, amarguillos de San Antolín, garrapiñadas de Villoldo, y si es invierno, un chocolate con hojuelas en la Calle Mayor. No hace falta más para ser feliz.

Gente pausada… y con orgullo

Los palentinos tienen algo especial. No te van a vender la moto. Son de hablar poco, pero con fundamento. Orgullosos sin estridencias, saben lo que tienen… y lo cuidan. Si preguntas, te ayudan. Si te sientas a charlar, te cuentan historias. Y si entras en su ritmo, te hacen sentir como en casa.

¿Entonces? ¿Vale la pena Palencia?

Sí. Y mucho. Es la escapada perfecta para quien busca autenticidad, historia sin artificios, rincones con encanto y comida honesta. Y lo mejor de todo, sin masificaciones, sin precios inflados, sin filtros. Lo que ves, es lo que es. Y eso, en los tiempos que corren, es un auténtico lujo.

Vista del Palacio Provincial de Palencia, España, decorado durante la Semana Santa.

Vista del Palacio Provincial de Palencia, España, decorado durante la Semana Santa.

/ Istock / valilung

Así que ya sabes, si tenés un fin de semana libre, si te gusta descubrir lo que pocos conocen, y si quieres enamorarte sin esperarlo… Palencia te espera. Y no necesita gritar para quedarse en tu memoria.

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