El chiringuito más bonito de Ibiza tiene vistas panorámicas a una bahía y más de 60 cócteles: "La comida estaba seriamente increíble, nos encantó"
En Es Canar, el pueblo que los británicos adoptaron como suyo hace medio siglo, hay un lugar con vistas permanentes al mar y una sangría que parece más una obra de arte que una bebida.

El chiringuito más apetecible de Ibiza se esconde en Es Canar. / Josh Hernandez / Artmood
Es Canar tiene un pie en cada época del turismo isleño. Un pueblo pequeño de Santa Eulària des Riu que las familias británicas e irlandesas empezaron a frecuentar en los setenta y que, medio siglo después, sigue pareciéndose más a un domingo tranquilo que a una fiesta de Ibiza. Un kilómetro de paseo, un puñado de hoteles, un coqueto pueblo donde se agolpan las pequeñas barcas, y una playa de 350 metros de arena dorada que entra al mar tan despacio que ni los más pequeños se lo piensan dos veces.

Es Canar pertenece a Santa Eulalia des Riu, uno de los lugares más bonitos de Ibiza. / Istock
Un pueblo precioso que los miércoles se transforma por completo, porque acoge el mercadillo más famoso de Ibiza: el Hippy Market de Punta Arabí. Entre los pinos del recinto se despliegan más de cuatrocientos puestos de artesanía —este verano con horario ampliado hasta las siete de la tarde—, con las calles llenas de gente buscando collares, ropa y recuerdos hechos a mano. Nació en 1973, cuando el hotel de la zona dejó que los hippies recién llegados a la isla vendieran sus telas y sus creaciones a los huéspedes, sobre un simple descampado que hoy nadie reconocería. Más de cincuenta años después, sigue siendo el mercadillo más grande de Ibiza y uno de los planes más auténticos y apetecibles de la isla.

Hippy Market de Punta Arabí. / Istock / ArtesiaWells
Pero el resto de la semana, cuando el mercadillo duerme y la playa vuelve a ser solo playa, hay un sitio en Es Canar al que merece la pena ir sin necesidad de ninguna excusa. Un chiringuito con las mesas pegadas a la arena donde la gente entra a tomar algo y termina quedándose la tarde entera.

Adriana Fernández
Un chiringuito que cumple las tres B: bueno, bonito y barato
El chiringuito tiene nombre propio: BUAH!, y lleva la coctelería por bandera. Esto se nota en cuanto llega la primera ronda: son más de sesenta referencias en carta, pero el pedido que casi nadie deja pasar es la sangría. No llega en una presentación cualquiera. La decoran con la fruta cortada y clavada formando un abanico que se despliega por el borde de la copa, tan cuidado que la gente se lo piensa antes de darle el primer trago, cámara en mano. Es de esas cosas que uno no espera encontrarse en un chiringuito de playa, y por eso mismo se ha convertido en la seña de identidad del sitio.

Sangría del chiringuito / Josh Hernandez / Artmood
El resto de la carta de cócteles tira de nombres tan directos como su sabor: Espresso Martini, Piña Colada, Margarita, Frozen Daiquiri, Tequila Sunrise o cualquier cóctel clásico que a uno se le pueda pasar por la cabeza. A esto se le suman un puñado de creaciones propias como el Drunken Berries, el Sophie on the Rocks, el Mojito Lady, el Mojito Passsion, el Sex in the jungle o tantos tipos de Spritz como de gustos. Pero si hay una bebida con firma propia del lugar capaz de sorprenderte es el MojiMary, un cruce entre mojito y Bloody Mary que suena a error de barra y que, probado, resulta ser justo lo contrario: la menta fresca contra el punto salado del tomate hacen de este uno de los más peculiares y deliciosos que encontrarás sentado en sus mesas.

Sala del chiringuito BUAH! / Josh Hernandez / Artmood
No es una impresión pasajera de turista de paso. Una residente de la zona, de esas que dice pasar por BUAH! de forma habitual, lo dejó claro sin muchos rodeos: "Uno de los mejores sitios para tomar cócteles de todo Es Canar". Y razón no le falta.
En la cocina el planteamiento es parecido: mezclar sin miedo. Hay pulpo a la brasa, nachos de tres quesos, poke de salmón, costillas glaseadas, tacos de cochinita pibil, croquetas y sardinas ahumadas, pad thai, tacos, pescados... todo cocinado con producto de mercado y sin renunciar a los guiños mexicanos y asiáticos que se cuelan por toda su carta. Las ensaladas —de pollo pagés, de pato con wonton crujiente, de salmón ahumado— siguen la misma norma no escrita: nada de recetas de manual. Entre lo que la gente pide repetir están las costillas, la ciabatta de jamón ibérico con queso de cabra y los smoothies de fruta recién hecha, que se toman igual de bien a las diez de la mañana que a media tarde.

Las vistas al mar son su punto fuerte. / Josh Hernandez / Artmood
Hay una reseña de TripAdvisor que resume mejor que cualquier ficha técnica lo que se vive ahí dentro. La dejó una clienta que entró sin reserva un día de agosto con el local a reventar y salió escribiendo, sin adornos: "La comida estaba seriamente increíble y todo fue genial. Nos encantó". Es una entre las 282 opiniones que sostienen los 4,7 sobre 5 del local.
Con los pies casi metidos en el agua
El chiringuito BUAH! está en la Avenida d'Es Canar 17, tan pegado a la arena que las últimas mesas casi la pisan. Desde ahí se ve toda la bahía de un lado a otro, sin que ningún edificio corte la vista, y eso, en un pueblo donde casi todo está a un paso de todo, no es poca cosa: se puede salir de comprar en el paseo, cruzar cuatro pasos y sentarse con el mar de frente como si el sitio fuera un balcón privado. Y hay algo que engancha especialmente a quien se sienta aquí al caer la tarde: ver salir la luna. Pocos rincones de la isla la regalan tan grande y tan roja, asomando sobre el agua como si emergiera del mismo mar.
Por dentro tira de estética hippy, esa que hizo a Ibiza famosa en todo el mundo, hasta el punto de que un cliente que volvió varias veces en su visita a la isla lo describió como "un pequeño refugio con el espíritu auténtico de Ibiza". Hay sofás bajos donde uno acaba medio tumbado sin darse cuenta, mesas altas donde pasar una tarde entera con amigos y barras frente al mar para los que prefieren la verdadera panorámica de la bahía.

La comida es uno de sus puntos fuertes. / Josh Hernandez / Artmood
A mediodía llega el bullicio de las familias, críos con el pelo todavía mojado del último chapuzón y madres pidiendo un smoothie mientras vigilan de reojo. Con la tarde cayendo, el ambiente cambia de marcha: entra la gente que solo quiere un cóctel y una charla larga, y hay quien se queda ahí sentado hasta que el camarero, con más paciencia que prisa, se acerca por tercera vez a preguntar si va todo bien. Porque si hay algo que hace especial a este chiringuito es, también, sus trabajadores. En BUAH! el servicio no se limita a traer los platos: el personal está pendiente de cada mesa con una alegría difícil de recrear en otros puntos de la isla, atentos a si falta hielo en la copa o si alguien busca sombra para los peques sin necesidad de que nadie lo pida. Hay clientes que llevan años volando a Ibiza solo para pasar por aquí, y aseguran que las camareras los reconocen y los reciben como si no hubiera pasado un año desde la última vez. Esa cercanía, ese trato que hace sentir a cualquiera como en casa desde el primer minuto, es tan parte del sitio como la sangría o las vistas a la bahía.

Vista exterior de BUAH! / Josh Hernandez / Artmood
¿Cómo llegar?
Desde Ibiza ciudad se llega en unos 25 minutos por la carretera hacia Santa Eulària; desde el propio Santa Eulària, siete minutos; desde el aeropuerto, media hora. El autobús línea 13 conecta Ibiza, Santa Eulària, Es Canar y Cala Llenya por unos 3 euros. Hay aparcamiento gratuito en el pueblo, aunque el más cercano al mercadillo se llena antes de las once los miércoles.

Aguas de Es Canar. / Istock / Poliki
El chiringuito abre todos los días salvo los lunes, de doce del mediodía a once y media de la noche, con precios medios para lo que pide la isla. Para completar la visita, Cala Martina y Cala Llenya quedan a un paseo en coche corto, y el Puig de Missa de Santa Eulària —una iglesia fortificada del siglo XVI encalada en blanco, a 52 metros sobre el pueblo— regala una de las mejores vistas de toda la costa este.
Es Canar mira al este, así que aquí no hay puestas de sol de postal como en el resto de la isla. Lo que hay es un amanecer que sale directamente del mar, con la bahía todavía vacía, la arena fría bajo los pies y un chiringuito esperando a que te sientes para disfrutar la verdadera esencia de Ibiza.
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