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Los chefs con estrella Michelin coinciden: la capital gastronómica de España no está en el País Vasco sino en una ciudad castellana donde el lechazo y la morcilla han convertido los mesones en templos del producto

En este pueblo de Burgos han convertido una receta de antaño en uno de los grandes reclamos gastronómicos del país. Además, posee una red medieval de túneles excavados entre los siglos XII y XVIII.

La capital gastronómica de España es una ciudad castellana donde el lechazo y la morcilla son los platos más reconocidos

La capital gastronómica de España es una ciudad castellana donde el lechazo y la morcilla son los platos más reconocidos / Istock / Jose Miguel Sanchez

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Pocas provincias pueden presumir de una despensa tan diversa como Burgos. Basta recorrer la provincia para comprobar que cada localidad aporta su propia personalidad a la receta. En algunos lugares predominan los matices picantes, mientras que en otros aparecen notas de pimentón, orégano o comino que transforman por completo el sabor de su producto por excelencia: la morcilla o el lechazo asado. Pero hay un pequeño pueblo reconocido en toda España que merece mención especial.

Las huertas, campos y montes burgaleses abastecen a restaurantes y asadores con productos que van desde las alubias de Ibeas hasta las cerezas de Las Caderechas, pasando por el queso fresco, las setas, la miel o las patatas cultivadas en distintos rincones de la provincia. Todo ello ha permitido que una nueva generación de cocineros combine el respeto por las recetas tradicionales con técnicas contemporáneas capaces de reinventar el recetario sin perder su esencia.

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En este escenario sobresale Aranda de Duero, un pueblo que ha sabido transformar una receta centenaria en uno de sus principales símbolos de identidad. Llegar hasta aquí supone adentrarse en una cultura donde los hornos de leña siguen ocupando un lugar privilegiado.

Aranda de Duero (Burgos)

Aranda de Duero (Burgos) / Istock / Miguel Habano

Los mejores platos de la zona: los mesones son templos de la gastronomía local

El lechazo que se sirve en los asadores arandinos responde a una elaboración que apenas ha cambiado con el paso de las generaciones. Procedente de corderos alimentados exclusivamente con leche materna y criados bajo estrictos estándares de calidad, se cocina con una sencillez casi absoluta. Sal, una cazuela de barro, un poco de agua y el calor pausado de la leña de encina bastan para conseguir una carne extraordinariamente tierna y una piel dorada que cruje al corte.

El acompañamiento tampoco busca protagonismo: una ensalada fresca, pan de pueblo y una copa de tinto de la Ribera completan una combinación tradicional que atrae a miles de viajeros cada año. Entre los restaurantes más destacados de la zona se encuentra el Mesón El Pastor, con un 4'5 sobre 5 en las valoraciones de sus clientes de Google. También destaca Casa Florencio o El Lagar de Isilla, verdaderos santuarios de la gastronomía local.

Más allá de las cocinas: el auténtico patrimonio de Aranda de Duero

Su casco histórico conserva importantes ejemplos del patrimonio artístico de Castilla y León. La iglesia de Santa María la Real impresiona por su espectacular portada gótica, una auténtica obra maestra de la escultura en piedra, mientras que el templo de San Juan Bautista recuerda algunos de los episodios políticos más relevantes de la historia medieval española. Sin embargo, uno de los mayores secretos de la ciudad permanece oculto bajo sus calles.

La Iglesia de San Juan en Aranda de Duero (Burgos)

La Iglesia de San Juan en Aranda de Duero (Burgos) / Istock / David Sanchez

A varios metros de profundidad se despliega una extensa red de bodegas excavadas hace siglos para conservar el vino en condiciones ideales durante todo el año. Estos pasadizos subterráneos, que suman kilómetros de galerías, permiten comprender la estrecha relación que Aranda mantiene con la viticultura desde la Edad Media. De este modo, ofrecen al visitante una perspectiva completamente distinta de la ciudad.