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César es el único vecino del pueblo al que La Vuelta a España no pudo llegar: 23 curvas, un 21% de desnivel y un futuro sin vecinos

La carretera que mantiene aislado al pueblo también atrae ahora a ciclistas y moteros, mientras César mantiene una forma de vida heredada de sus padres.

César vive solo en un pueblo muy aislado al que La Vuelta a España no pudo llegar

César vive solo en un pueblo muy aislado al que La Vuelta a España no pudo llegar / Istock / t

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Para llegar a Casielles hay que subir 23 curvas que parecen no terminar nunca. La carretera se mete por la roca, gira una y otra vez y, en apenas 3,5 kilómetros, salva casi 500 metros de desnivel, con tramos que alcanzan el 21%. Arriba, en este rincón del concejo asturiano de Ponga, vive César. Es el único vecino.

Casielles no siempre fue el pueblo solitario que aparece hoy entre las montañas

Casielles no siempre fue el pueblo solitario que aparece hoy entre las montañas / Istock / IMAG3S

La subida es tan complicada que incluso la organización de La Vuelta a España se encontró con un problema difícil de resolver. Los ciclistas podían llegar, pero los camiones que acompañan a la carrera tenían muchas dificultades para subir y, una vez arriba, tampoco había espacio suficiente para instalar todo lo necesario para una etapa. La carretera que mantiene conectado al pueblo es también una de las razones que explican por qué terminó quedándose prácticamente vacío.

En uno de sus reportajes, Comando Actualidad, de RTVE, se acerca hasta Casielles para conocer a César y su forma de vida. “Aquí nací y aquí sigo, en esta casa me he criado y aquí he vivido toda la vida”, cuenta César.

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Redacción Viajar

De más de veinte casas a una sola persona

Casielles no siempre fue el pueblo solitario que aparece hoy entre las montañas. Cuando César nació, había “veintipico casas habitadas”. Sus padres tuvieron diez hijos y él fue el único que se quedó. Lo hizo también por una cuestión familiar: “Yo me quedé porque mis padres tampoco podían quedarse solos”.

La carretera llegó en 1979, pero para entonces muchos vecinos ya habían tomado la decisión de marcharse. “Al no haber carretera, marcharon muchos a Argentina y otros países de Europa”, explica César.

La carretera que mantiene aislado al pueblo también atrae ahora a ciclistas y moteros

La carretera que mantiene aislado al pueblo también atrae ahora a ciclistas y moteros / Istock / t

Una vecina que aparece también en el reportaje recuerda esa vida anterior desde otro lugar. “Es muy bonito estar arriba, yo nací allí pero al casarme me fui”, cuenta. Su historia es también la de muchas otras personas que acabaron dejando Casielles, aunque el vínculo con el pueblo no desapareciera.

Hoy todavía llegan visitantes. La misma vecina explica que por allí pasan personas que hacen rutas de montaña, especialmente ciclistas y moteros. La carretera, que durante años fue una de las dificultades para vivir allí, se ha convertido ahora en uno de los atractivos para quienes buscan recorrer esta parte de Asturias.

La vista desde arriba en Casielles

La vista desde arriba en Casielles / Istock / Neorodan

No es una vida completamente desconectada. Casielles tiene agua, luz y teléfono, servicios que antes no tenía. César también tiene móvil, aunque allí no dispone de cobertura.

Su mujer vive en Cangas y ambos se ven los fines de semana. Para llegar hasta Casielles, ella tiene que desplazarse en taxi durante casi 30 kilómetros. Es una de las pequeñas dificultades que forman parte de una vida que, desde fuera, puede parecer idílica, pero que exige acostumbrarse a hacer de otra manera cosas tan sencillas como desplazarse, comprar o ver a alguien.

La casa conserva también algunas de las características de la arquitectura tradicional de montaña. Las puertas son pequeñas y en el interior está la “cocinina”, una pequeña estancia donde la cocina de leña permanece encendida buena parte del tiempo. Tiene también una cocina de gas, pero confiesa que la utiliza poco. César hace incluso queso para consumo propio. Su relación con el ganado no es solo una cuestión de paisaje: forma parte de una economía doméstica que todavía le permite mantenerse en el pueblo. Pero sabe que no resulta sencillo para quienes intentan empezar ahora. “Con esta edad que tenemos, mal que mal ya vamos subsistiendo, pero los que están empezando... yo veo que lo van a tener muy crudo”, explica. “Tal como te pagan ahora los cabritos y los terneros...”.

Lo que de verdad echa de menos César

Hay algo que César sí echa de menos después de tantos años viviendo prácticamente solo: “Poder charlar como nosotros y estar un rato entretenidos”. La conversación se ha convertido en algo que tiene que buscar. “Llamo a mi mujer, a mis hermanos... estoy casi todo el tiempo conectado al teléfono”, explica.

También tiene sus lugares para escapar de esa sensación de aislamiento. César se acerca varias veces al día hasta un mirador desde el que puede contemplar el paisaje de los Picos de Europa y las curvas de la carretera que suben hasta el pueblo. “Me vengo varias veces al día al mirador a ver la nada”, comenta.

Desde allí también mira hacia atrás, hacia la historia de quienes vivieron antes que él. “Imagínate los antepasados lo que tuvieron que trabajar para abrir estos pasos, qué calamidades... y lo triste que da verlo así”, reflexiona sobre este lugar que ahora ha quedado prácticamene abandonado.

No es un lugar para cualquiera. “Aquí no vale para todos, no hay que tener vértigo”, reconoce César, que se refiere al mirador, pero bien podría referirse a la propia vida en Casielles. Y el futuro está bastante claro. El presentador se lo plantea directamente: “Cuando tú te jubiles, ahí no va a quedar nadie viviendo”. César no lo duda: “Sí, no, aquí nadie”.