Nadie habla de ella, pero los historiadores del arte no pueden creerlo: la catedral más bonita del Mediterráneo tiene obras del discípulo de Leonardo da Vinci y una portada renacentista que rivaliza con las mejores de Italia
En su interior alberga pinturas de Goya y conserva el Santo Cáliz de la Última Cena.

La catedral con una arcada renacentista italiana y que alberga el Santo Cáliz / Istock / chris-mueller
Hoy en día, con la cantidad de información a la que estamos constantemente expuestos -donde con un sólo clic del ratón podemos descubrir lo que nos propongamos-, encontrar algo que muy poca gente sabe, y el conocimiento de lo cual consiga sorprendernos de manera genuina, se ha vuelto una auténtica rareza. Aún así, siguen habiendo grandes secretos escondidos en los recovecos de aquello que todos conocemos como la palma de nuestra mano.

Esta catedral es uno de los mayores ejemplos del gótico en España / Istock / atosan
Uno de estos secretos tan bien guardados, que hoy en día sigue pasando desapercibido por la gran mayoría de la gente, se encuentra en una catedral prácticamente única en España. Una catedral que, a pesar de encontrarse en una de las principales ciudades del país, no acostumbra a figurar en las listas de las catedrales más importantes y magníficas del país; y es una verdadera pena, pues se trata de un templo de una belleza sin igual y en cuyo interior se conservan auténticos tesoros.

Adriana Fernández
La Sede
Declarada Bien de Interés Cultural en 1931, en la categoría de Patrimonio Histórico de España, la catedral de la Asunción de Nuestra Señora Santa María de Valencia, conocida popularmente como La Seu en valenciano, es uno de los templos religiosos más espectaculares que podemos encontrar en territorio español. Construida a lo largo del siglo XIII hasta bien entrado el XIV, representa uno de los mayores exponentes del gótico valenciano, estilo predominante en la arquitectura del templo, en la que se mezclan algunos elementos del románico, el barroco, el neoclásico y el renacimiento italiano.

El interior de la catedral alberga auténticos tesoros / Istock / alxpin
Perteneciente a éste último, en la fachada occidental, extendiéndose a la izquierda de la puerta de los Apóstoles (construida en el siglo XIV con influencia del gótico francés) se encuentra la magnífica arcada noroccidental, conocida con el nombre de Obra Nova. Construida en el siglo XVI en estilo renacentista, se trata de un mirador semicircular compuesto por tres galerías superpuestas con arcadas abiertas al exterior, desde las cuales admirar la Plaza de la Virgen. Los arcos del primer piso se apoyan sobre pilastras de orden dórico; en el segundo sobre pilares de orden jónico; y en el tercero sobre columnas jónicas.
Los secretos que esconde la catedral
La belleza del exterior del edificio se complementa a la perfección con la del interior. De dimensiones titánicas, con techos abovedados y una espectacular cúpula que deja pasar la luz a través de sus enormes cristaleras, la catedral es hogar de varios frescos renacentistas. Descubiertos en el año 2004 durante la restauración de la Capilla Mayor, se calcula que fueron cubiertos en el siglo XVII, cuando el entonces Arzobispo D. Luís Alonso de los Cameros quiso resaltar el retablo de plata del altar. Hoy día, los frescos se pueden observar con tan solo levantar la vista hacia el techo.

Detalle de los frescos que se pueden contemplar en el techo de la capilla mayor / Istock / jacquesvandinteren
Otro secreto que esconde el templo lo encontramos en el subsuelo. Visitable a través del museo, debajo de la catedral se encuentra una excavación arqueológica en la que se pueden apreciar los restos de la antigua calzada y varias casas romanas, así como restos de los períodos visigóticos e islámicos.
Además de por su extrema belleza, La Seu es conocida por ser el lugar en el que se conserva el Santo Cáliz, la copa usada, supuestamente, por Jesucristo durante la Última Cena. Datado del siglo I, el cáliz se expone en una pequeña capilla gótica del siglo XIV, y fue donado a la catedral por Alfonso V de Aragón en 1437.

La magnífica cúpula de corona el cimborrio / Istock / IVANVIEITO
Un pintor desconocido
Discípulo de Leonardo da Vinci, con quién colaboró en el perdido mural de La batalla de Anghiari, Fernando Yáñez fue el introductor de las fórmulas quattrocentistas italianas en Valencia y Castilla la Nueva. Extenso conocedor de la obra del pintor florentino, Yáñez fue el encargado de realizar las puertas del retablo mayor de la catedral de Valencia -en las que se muestran diversas escenas de la vida de Jesucristo-, así como la decoración del órgano.
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