La catedral gótica más impresionante de España es el lugar donde está enterrado el Cid Campeador: está en la ciudad de moda de Castilla y León y es Patrimonio de la Humanidad desde 1984
Icono indiscutible de Castilla y León, la catedral burgalesa fue el primer templo español en ser declarado Patrimonio Mundial de forma independiente.

Llegar a Burgos es, en realidad, acercarse poco a poco a su catedral. Da igual por dónde entres en el casco histórico que, en algún momento, entre soportales y plazas, aparecen las agujas de la Catedral de Burgos. La ciudad puede cambiar, modernizarse, abrir restaurantes o museos, pero ese perfil gótico sigue marcando el ritmo y es el centro alrededor del cual todo se organiza desde hace más de ocho siglos.

La construcción de la Catedral Basílica Metropolitana de Santa María (por su nombre completo) comenzó en 1221, en tiempos de Fernando III, y el templo se consagró cuatro décadas después, en 1260. A partir de ahí no dejó de transformarse y cada época añadió algo: capillas, rejas, sepulcros, torres. Lo que hoy se visita es una suma de decisiones acumuladas durante siglos que han dado lugar a uno de los monumentos más importantes de nuestro país.
En 1984 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, un reconocimiento que llegó de manera independiente (algo poco frecuente, ya que normalmente va unido al centro histórico de la ciudad y es la única en España con esta distinción), y confirmó que la catedral de Burgos ocupa un lugar propio e inigualable dentro de la arquitectura gótica europea.
Piedra y luz que cambia a lo largo del día
La influencia francesa es evidente por sus arbotantes, bóvedas de crucería y un trazado que busca altura. Pero lo que termina de definir su silueta y hacerla tan memorable son las agujas caladas que se añadieron en el siglo XV, obra de Juan de Colonia. Sin ellas, el perfil sería otro totalmente distinto.
El cimborrio sobre el crucero es el culpable de la luz cambiante que transforma el interior a lo largo del día, por lo que si vas en diferentes ocasiones la experiencia puede ser completamente distinta. Y ya que estás ahí, detente, levanta la vista y no vayas con prisa. Recorre todas las naves laterales y párate en la Capilla del Condestable, que destaca artísticamente por sus bóvedas estrelladas y escultura minuciosa.

Si te fijas, notarás en tu recorrido que la catedral no pertenece a un solo momento histórico, sino que convive con añadidos renacentistas y barrocos, pero sin que el conjunto pierda coherencia.
El Cid, memoria y ciudad
En el centro del crucero, bajo una losa sobria, descansan los restos del Cid Campeador y de su esposa doña Jimena. Rodrigo Díaz de Vivar fue trasladado aquí en 1921 desde el monasterio de San Pedro de Cardeña tras varias profanaciones y traslados históricos. La decisión convirtió definitivamente a la catedral en un lugar de memoria más allá del monumento artístico que ya de por sí era.
Si te acercas a la tumba, te encontrarás con una figura histórica que ha sido también personaje literario y ha mezclado historia y mito por ser el héroe del Cantar de mio Cid. Pese a esa importancia, el espacio es discreto y no llama mucho la atención por no ser grandilocuente.
Y aunque fuese declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco de manera individual, la catedral no está aislada del resto de Burgos. El paseo del Espolón, el Arco de Santa María o las calles que descienden hacia el río se encuentran en torno a ella. Aunque siempre será su gran atractivo y la referencia de Burgos como destino en Castilla y León, en los últimos años, la oferta gastronómica en expansión ha reforzado la imagen de la ciudad para atraer a muchos más viajeros que van tras los pasos del Cid.
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