La catedral española que tardó 600 años en terminarse: empezó en la Edad Media, se cerró en el siglo XX y todavía genera debate
Esta catedral catalana demuestra que muchas veces hay que tomarse su tiempo para hacer bien las cosas.

En España, hay muchos monumentos que se toman muy en serio lo de "despacito y con buena letra". Y, en Barcelona, su catedral es la mejor prueba. Una construcción que es el resultado de generaciones enteras haciendo, parando, retomando y corrigiendo. Por eso no impresiona de golpe, pero en cuanto te sitúas, la sensación es indescriptible; y más cuando te das cuenta de que has entrado en un edificio que resume más de seis siglos de historia.
Un templo levantado sobre otros templos
Es importante conocer que antes de que se colocara la primera piedra gótica, este lugar ya era sagrado. Aquí hubo una basílica paleocristiana y, más tarde, una catedral románica. La actual catedral comenzó a construirse en 1298, en tiempos de Jaime II, cuando Barcelona ya era una potencia comercial del Mediterráneo. No se empezó desde cero, pues se construyó sobre capas anteriores, reutilizando espacio, simbolismo y función. Eso explica por qué el edificio no es solo monumental, sino también urbano.

La Catedral de Barcelona es gótica, pero no como las del norte de Europa. Nada más verlo, os daréis cuenta no hay una obsesión latente por la altura extrema ni por el exceso ornamental. El gótico catalán apuesta por la amplitud, la claridad y una cierta sobriedad. La nave central alcanza los 26 metros de altura, menos que en León o Burgos, pero gana en sensación de espacio continuo. Es un templo pensado para una ciudad mercantil, no para una corte real.

Una obra que avanzó al ritmo de la ciudad
Durante siglos, como ya os podéis imaginar, la catedral avanzó despacio. Las obras se adaptaban a los recursos disponibles, a las crisis económicas, a las guerras y a las prioridades del momento. En la Edad Media y la Moderna no era extraño convivir con edificios inacabados durante generaciones. La catedral funcionaba, se utilizaba y se respetaba aunque no estuviera completa. Nadie tenía mucha prisa, si os soy honesto. Y eso, visto hoy, dice mucho de cómo se entendía la arquitectura.

El gran motivo por el que esta catedral tardó casi 600 años en terminarse es su fachada principal, pues durante siglos fue sobria y provisional. No fue hasta finales del siglo XIX cuando se decidió completarla siguiendo un diseño neogótico basado en un proyecto medieval conservado en el archivo catedralicio. Las obras comenzaron en 1882 y concluyeron en 1913, gracias al mecenazgo del banquero Manuel Girona. El resultado es la fachada que hoy conocemos. En mi opinión, una maravilla.
El claustro donde la historia se mueve
Pocos visitantes, como es normal, esperan encontrarse 13 ocas blancas dentro de una catedral. Sin embargo, ahí están, viviendo en el claustro desde hace siglos. Su razón es la de representar los 13 años de vida de Santa Eulalia, copatrona de Barcelona, martirizada en época romana. El claustro, además, conserva restos romanos, palmeras y una fuente central. Es uno de los espacios más vivos del edificio, en todos los sentidos.

Aquí también hay simbolismo para dar y regalar. En el altar mayor se encuentra la cripta de Santa Eulalia, el núcleo espiritual de la catedral. Allí descansa el sepulcro de la joven mártir que da nombre completo al templo; Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia. Este espacio conecta directamente con los orígenes cristianos de la ciudad y explica por qué este lugar fue sagrado mucho antes de que se levantara la gran fábrica gótica. Al visitarlo, la sensación espiritualidad está bastante latente. Y, como suele decirse, las cosas hechas despacio acaban saliendo mejor. Y pocas construcciones en España explican tan bien esa idea como esta catedral que tardó casi seis siglos en cerrarse… y que sigue dando conversación.
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