La catedral más desconocida y curiosa de España está en un pueblo de 3.300 habitantes: tiene un retablo de oro de más de ocho metros y los restos de un santo
En Mondoñedo, este templo histórico forma parte del Camino del Norte y es una parada poco masificada con mucho que descubrir.

Catedral Basílica de Mondoñedo, Lugo / Istock / 5
En el interior de Mondoñedo, una localidad pequeña pero con bastante peso histórico, hay un edificio que concentra buena parte de la atención. La catedral medieval, cuya silueta tiene perfectas proporciones y torres más bajas de lo habitual, recibe el apodo de la “catedral arrodillada”.

Mondoñedo conserva rasgos de origen medieval / Istock / m
La primera impresión de la catedral basílica de la Virgen de la Asunción de Mondoñedo, situada en la Praza da Catedrales, es más contenida de lo que uno podría esperar de una catedral. Es al entrar cuando cambia la percepción, ya que el interior concentra más elementos de los que sugiere el exterior y permite entender mejor su importancia dentro de Galicia.

Adriana Fernández
Su construcción comenzó en el siglo XIII y fue ampliándose y reformándose con el paso del tiempo, por lo que en el edificio conviven elementos románicos, góticos y barrocos.
Una parada que encaja bien si estás recorriendo el norte de Galicia
Más allá del edificio en sí, Mondoñedo funciona bien como parada dentro de un recorrido más amplio. Está situada entre la costa de Lugo y el interior, lo que facilita incluirla en una ruta sin necesidad de reorganizar demasiado el viaje.
Además, forma parte del trazado histórico del Camino de Santiago en su variante del Camino del Norte (itinerario que atraviesa la cornisa cantábrica antes de llegar a territorio gallego), lo cual explica por qué este pueblo, pese a su tamaño actual, tuvo un papel relevante en la historia. Durante siglos, Mondoñedo fue sede de la diócesis mindonense, lo que convirtió al lugar en un centro religioso importante dentro del norte de la región. La presencia del obispado atrajo actividad administrativa y económica, y favoreció el crecimiento del núcleo urbano.

Su construcción comenzó en el siglo XIII / Istock / Carlos Soler Martinez (KarSol Photo)
Hoy, con apenas 3.300 vecinos, sigue siendo un lugar de paso tranquilo, donde no te encontrarás con masas de visitantes. Eso permite recorrerlo con otra calma, algo que se agradece frente a destinos más saturados, especialmente en temporada alta.
Una catedral que por fuera puede parecer discreta pero que cambia completamente cuando cruzas la puerta
Como decíamos, el tamaño aquí no es relevante, porque es en el interior donde todo cobra sentido. El espacio está mejor aprovechado de lo que parece y concentra elementos que le dan más peso del que sugiere su fachada.
Uno de los puntos que conviene no pasar por alto es el retablo mayor, que supera los ocho metros de altura y organiza visualmente todo el espacio del altar, tanto a nivel estético como simbólico.

Sus torres más bajas de lo habitual son las responsables de que se la conozca como la “catedral arrodillada”. / Istock / 5
Más allá de ese elemento, la visita gana bastante si se hace sin prisa y con tiempo para fijarse en los detalles de las capillas laterales, los cambios de estilo y los elementos decorativos que reflejan las distintas fases de construcción del edificio, desde su origen en el siglo XIII hasta reformas posteriores.
El papel de San Rosendo
El relicario de la catedral proviene de San Rosendo, obispo de Mondoñedo en el siglo X, lo que refuerza el papel histórico del lugar.
Según cuentan, el obispo Alfonso Mesía de Tovar se encargó del traslado de una reliquia de San Rosendo desde el monasterio de Celanova a la catedral de Mondoñedo en 1614. Sin embargo, y aunque en u origen estuviese dedicado a San Rosendo, más tarde se transformó en el relicario general de la Catedral. El relicario incluye 13 hornacinas y 17 relicarios pertenecientes a los siglos XVII y XVIII.
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