Pueblos dominados por el ocre

Los pueblos más emblemáticos de Catalunya se tiñen de tonos ambarinos en los últimos meses del año. Sin embargo, será necesario levantarse temprano para aprovechar al máximo las horas de sol y esquivar los atardeceres precoces. 

Anna Solà
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Foto: D. R.

Es difícil encontrar en Catalunya un solo pueblo sin su encanto particular. Aun así, hay ciertos lugares que en otoño se cubren de un aura particular, y cuya visita merece la pena para salir de la rutina que, precisamente, coge fuerza en los últimos meses del año. El clima suave, el cambio de colores en la vegetación y la reducción en la afluencia de visitantes favorecen estas escapadas, que acaban por convertirse en un buen momento para hacer una pausa y respirar. Los entornos en plena naturaleza, pueblos históricos y atractivos de ocio tan singulares como desconocidas protagonizan las diferentes opciones que ofrece el territorio catalán. 

1. Guils de Cerdanya (Girona)

Estany Mal, cerca de Guils de Cerdanya. | D. R.

Uno de los pueblos más grandes de la Baixa Cerdanya es Guils de Cerdanya. Integra diferentes núcleos de población, todos ellos de menos de 100 habitantes y con el encanto de los pueblos de alta montaña. Es una parada obligatoria en los últimos meses del año para practicar senderismo en los pies del Puigpedrós, en unos espacios que pronto se convertirán en pistas de esquí. Se puede llegar hasta Guils de Cerdanya en tren, tras una pequeña excursión que empieza en Latour-de-Carol (Francia) y pasa por Iravals y Saneja.

2. Talarn (Lleida)

Plaça de la Vila (Talarn). | D. R.

A caballo entre el Montsec y los Pirineos, en las tierras de Poniente, se encuentra el pequeño pueblo de Talarn, que resguarda edificios de siglos pasados. Bañado por el río Noguera Pallaresa y el embalse de Sant Antoni, invita a practicar deportes acuáticos antes de la llegada del frío. El Tren dels Llacs –de Lleida a la Pobla de Segur–, recorre este enclave del Prepirineo a través de 40 túneles y 75 puentes. 

3. Guimerà (Lleida)

Declarado como Bien Cultural de Interés Nacional en el 1983, a Guimerà, en el Urgell, le sobran argumentos arquitectónicos para entrar en la ruta otoñal. Situado en lo alto de una colina, es recomendable perderse en su entramado de callejuelas y disfrutar de las vistas inmejorables del Valle del río Corb. 

4. Benifallet (Tarragona)

Río Ebro (Benifallet). | D. R.

El río Ebro y su ecosistema otoñal otorgan a este pueblo del Delta una personalidad singular. No puede faltar una ruta en su llagut de cabecera, además de una visita a las Coves Meravelles. Puede recorrerse este pueblo del Baix Ebre a través de la Vía Verde, que aprovecha el trazado de la antigua línea de tren y atraviesa sus parajes salvajes.  

5. Siurana (Tarragona)

Casco antiguo (Siruana). | D. R.

Está situado encima del desfiladero del Salt de la Reina Mora: más allá de la nomenclatura popular, el nombre de este lugar evoca el pasado árabe de Siurana. Las evidencias arqueológicas también invitan a un viaje hacia el pasado sarraceno del pueblo, cuyo casco antiguo traslada a un entorno de cuento, marcado por las leyendas históricas del lugar.   

6. Sant Martí de Tous (Barcelona)

La Fou (San Martí de Tous). | D. R.

Escondida en el entorno natural de este pueblo de leyenda cerca de Igualada, encontramos el salto de agua de La Fou. Es el primer punto de una ruta que conduce hasta el centro de Sant Martí de Tous, uno de los pueblos más pequeños de la Anoia, dominado por el Castell de Sant Martí de Tous. Es un buen destino para los amantes de buscar setas y para hacer una escapada a Montserrat. 

7. Sant Andreu de la Vola (Barcelona)

Bosque de la Grevolosa, Sant Andreu de la Vola. | D. R.

La niebla de Osona lo cubre todo de un aura de magia, especialmente en otoño. También lo hace en Sant Andreu de la Vola, donde encontramos el Bosque de la Grevolosa, un hayedo especialmente desconocido en el corazón de Catalunya. Su visita es más que recomendable en otoño: los tonos marrones dominan la vista, la tierra húmeda el olor y el silencio el oído.

8. Calella de Palafrugell (Girona)

Paisaje marítimo en Calella de Palafrugell. | D. R.

Los pueblos costeros merecen una nueva oportunidad en otoño, cuando bajan su ritmo y podemos conocer, ahora sí, su espíritu local. Es un buen momento para reencontrarse con el Mediterráneo en el paseo de Calella de Palafrugell, uno de los pueblos más emblemáticos de la Costa Brava. Desde este pueblo podemos recorrer el Camí de Ronda y descubrir sus calas de aguas cristalinas.