El castillo más imponente de España tuvo presa a Juana la Loca: fue la fortaleza militar más avanzada de Europa en el siglo XV
Guarda una intensa historia relacionada con los Reyes Católicos y Juana la Loca, la reina que no se sentó nunca en el trono por una locura que hoy se pone en duda.

En Medina del Campo, Valladolid, se emplaza una de las fortalezas más imponentes e impresionantes de España. Se trata del Castillo de la Mota, una construcción que se convirtió rápidamente en el centro de la villa durante la Baja Edad Media. Los reyes Juan II y Enrique IV de Castilla lo mandaron construir en el siglo XV, mientras que los Reyes Católicos dieron por finalizada la obra de la barrera de artillería a finales del mismo siglo.
Hoy cuenta con un enorme patio de armas, una torre del Homenaje que roza los 40 metros de altura y la capilla de Santa María. Actualmente, el Centro de Recepción de Visitantes está sobre los restos de una población de la Edad del Hierro, por lo que su valor histórico y arqueológico va mucho más allá de la época en la que se construyó. Además, era la fortaleza artillera más avanzada de Europa en el siglo XV. Pero si hay algo por lo que este castillo ha sido conocido es porque allí estuvo confinada Juana la Loca.
La triste historia de la reina que nunca reinó
La mal llamada Juana la Loca fue la Reina de España que nunca se sentó en el trono. Por el contrario, estuvo encerrada más de la mitad de su vida, 46 años de los 75 que vivió. La consideraron una trastornada porque su padre, Fernando el Católico, y su hijo, Carlos I, querían apartarla del trono para hacerse con el poder sobre Castilla. Y lo consiguieron, dando lugar a una de las historias más tristes de la monarquía hispánica.

De pequeña, que ya era atractiva, parecía estar predestinada a casarse con algún príncipe europeo de alta alcurnia y acabó casada y enamorada de Felipe el Hermoso. Iba a ser archiduquesa y princesa en Flandes, pero entonces empezaron a ocurrir desgracias en su familia en España. Murieron su hermano Juan y su hermana Isabel, dejando como único heredero de España y Portugal a su hijo Miguel. Así, el trono de Castilla y Aragón sería para Juana.

Su madre, Isabel la Católica, le suplicó que regresara de Flandes y así lo hizo. En aquel momento todo el mundo creía que ella sería la mejor opción para reinar en aquellos territorios. De hecho, el obispo de Córdoba declaró en 1501 que era "habida por muy cuerda y por muy asentada", al contrario de lo que su apodo diría posteriormente. Su marido Felipe, que quedó como rey consorte, la abandonó en España embarazada de su cuarto hijo y se quedó sola.

En 1502, la reina Isabel redactó su último testamento. En él se plasmaban ciertas dudas sobre si su hija podía o no reinar y ponía en duda su integridad mental. Solo dos años después murió, pero la duda ya estaba sembrada. Hay estudios actuales que apuntan a que la locura de Juana fue tan solo una conspiración política masculina para inhabilitar al rival más fuerte que, paradójicamente, era también el más débil.
Los encierros de Juana la Loca
Sin embargo, hay otras fuentes que hablan de su comportamiento errático e imprevisible, heredado de su abuela materna, Isabel de Portugal. Su familia decía temer que estuviera poseída por el diablo. Sea como fuere, la heredera legítima al trono fue encerrada en el Castillo de La Mota en Medina del Campo. Allí estuvo dos años y una de sus hijas contaba que una madrugada la había visto vagar descalza y semidesnuda en el exterior del recinto.

Con la muerte de su esposo Felipe cayó en una profunda depresión que dicen que estuvo a punto de derivar en demencia. Esta fue la gota que colmó el vaso y la excusa perfecta para que su padre y su hijo la encerraran de por vida, manteniéndola bien alejada del trono de Castilla. La trasladaron al palacio-cárcel de Tordesillas, donde solo tenía la compañía de su hija Catalina y donde finalmente falleció a una edad muy avanzada para la época.
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