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Parece un castillo de cuento suspendido sobre un río, pero es la ciudad más pequeña de España: tiene casas que desafían la gravedad y 10 siglos de historia

Cuenta con apenas 300 habitantes, pero la historia la considera ciudad desde hace seis siglos.

La ciudad más pequeña de España tiene menos de 300 habitantes y está en Burgos

La ciudad más pequeña de España tiene menos de 300 habitantes y está en Burgos / Istock / mmeee

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En el año 1435, Juan II de Castilla decidió otorgar el título de ciudad a una pequeña villa de Burgos para reconocer su lealtad a la corona; algo que en la Edad Media otorgaba más privilegios a sus habitantes. Desde entonces, Frías, con apenas 300 habitantes, ha logrado mantener el rango de ciudad, siendo la más pequeña de España. Pero tal vez lo más curioso no es eso, sino que sus viviendas parecen desafiar a la gravedad, dando la sensación de estar flotando.

Las casas colgantes de Frías, en Burgos

Las casas colgantes de Frías, en Burgos / Istock / Leonardo de la Cuesta Polzunov

Los orígenes de Frías se remontan realmente al año 867, cuando su nombre empezaba a citarse en diferentes documentos. Más tarde, en el 1202, Alfonso VIII de Castilla le concedió un generoso fuero real, demostrando así que su lealtad venía de mucho antes. En 1446, Juan II donó la ciudad a la familia de los Velasco, que llegaron a ser Condestables de Castilla; y, posteriormente, los Reyes Católicos crearon un ducado. Y así, poco a poco, se fue dando forma a la ciudad que conocemos hoy en día, con restos de esa relevancia en cada rincón.

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Un centro de piedra colgado sobre un acantilado

La silueta que marcan las casas de arquitectura castellana limita con la del Castillo de los Duques de Frías o Castillo de Velasco. Se trata de una fortificación que parece extraída de un cuento y que se erigió en el siglo XII, aprovechando el cerro de La Muela. Al principio era mucho más pequeño, pero se fue ampliando con el tiempo hasta completar una muralla que rodeaba la villa por la parte alta y bajaba para proteger las casas construidas en roca.

El castillo en lo alto de la ciudad burgalesa de Frías

El castillo en lo alto de la ciudad burgalesa de Frías / Istock / Vitor Ribeiro

Además de una preciosa torre del homenaje que sobresale entre las fachadas de las viviendas, se pueden contemplar unos bellos ventanales decorados con capiteles de estilo románico. Del castillo actualmente quedan unas ruinas y tres accesos: la Puerta de la Cadena, la de la Medina y la del Postigo. El desnivel de La Muela es lo que condicionó el trazado de las calles, así como la construcción de casas colgantes que están suspendidas sobre un acantilado.

La iglesia de San Vicente en Frías, Burgos

La iglesia de San Vicente en Frías, Burgos / Istock / Salima Senyavskaya

Al otro extremo de Frías aparece la iglesia de San Vicente, de la que en 1904 se expolió una imponente portada románica, expuesta en el Museo de Claustros de Nueva York. Aun así, su interior todavía alberga varias capillas góticas y renacentistas y tres retablos, uno de ellos firmado por Juan de Borgoña. Todo forma parte de un casco antiguo declarado Conjunto Histórico-Artístico, que concluye con uno de los puentes medievales más preciados de Burgos.

El puente medieval sobre el río Ebro a la entrada de Frías

El puente medieval sobre el río Ebro a la entrada de Frías / Istock / Salima Senyavskaya

Naturaleza llena de vida

A la entrada -o salida- de Frías se alza un puente construido en piedra de sillería del siglo XII sobre el río Ebro. Tal es su conservación, estabilidad e importancia histórica, que se considera uno de los mayores tesoros arquitectónicos de la provincia. Si lo cruzamos hacia el lado opuesto, nos topamos con un entorno natural que también es digno de mención, gobernado por el Parque Natural de los Montes Obarenses, un bosque lleno de rutas y miradores.

La ermita de Santa María de la Hoz en el entorno de Frías

La ermita de Santa María de la Hoz en el entorno de Frías / Istock / Vitor Ribeiro

Muy cerca también están la ermita de Santa María de la Hoz y el Monumento Natural de Ojo Guareña, el complejo kárstico más grande de España. Sin embargo, la guinda del pastel son las cascadas de Tobera, a las que se llega mediante una ruta de un kilómetro por el paseo del Molinar. El río homónimo discurre también por la ciudad, formando parte de ella desde el siglo XV. Todo enmarcado en una de las comarcas más especiales de Burgos, las Merindades.