El castillo más bonito del mundo está en España: una fortaleza medieval del siglo XIV rodeada de un bosque único en el mundo

El castillo que conquista los corazones de los viajeros por su tamaño y entorno.

Este castillo del País Vasco enamora a todo aquel que lo visita.
Este castillo del País Vasco enamora a todo aquel que lo visita. / Istock / Sergio_Rojo

España está llena de castillos, pero pocos provocan una reacción tan inmediata como este. Esta vez es por su tamaño, ni siquierapor sus batallas, ni por su antigüedad estricta, sino por su apariencia casi irreal; es lo más parecido a revivir aquellas historias de Disney que veíamos de pequeños. Y es que, el Castillo de Butrón, en el País Vasco, parece diseñado para impresionar, pues no encaja con la imagen habitual de las fortalezas medievales españolas y, precisamente por eso, se queda en la memoria mucho después de la visita. Yo, diría, que para siempre.

Adriana Fernández

Un castillo medieval… que no lo es del todo

Aquí es cuando viene el primer giro de guion; el Castillo de Butrón no es medieval en su forma actual, aunque se levanta sobre una fortaleza medieval auténtica. En la Edad Media existió en este lugar una torre defensiva perteneciente al linaje de los Butrón, uno de los más poderosos de Vizcaya.

Imagen del Castillo de Butrón.

Imagen del Castillo de Butrón.

/ Istock / Sergio_Rojo

Lo que vemos hoy es fruto del siglo XIX, cuando el marqués de Cubas (el mismo arquitecto que proyectó el Palacio de Comunicaciones de Madrid) decidió transformar las ruinas en un castillo neogótico de inspiración romántica. No puedo poner la mano en el fuego sobre aquello que pensaba el arquitecto, pero en mi humilde opinión el siempre tuvo en la cabeza la belleza y la espectacularidad.

Torres que no defienden, pero impresionan

Las torres del Castillo de Butrón parecen diseñadas para impresionar desde lejos, o al menos, lo hacen; altas, esbeltas, con almenas exageradas y ventanas que no buscan la funcionalidad militar. Aquí no hay troneras estratégicas ni fosos defensivos pensados para resistir.

Castillo de Butrón, España.

Castillo de Butrón, España.

/ Istock / Juanhdez

El castillo se debió construir para ser mirado, para provocar admiración. Para ser, en cierto modo, una fantasía arquitectónica hecha piedra. Por eso recuerda más a los castillos centroeuropeos que a las fortalezas castellanas. Y por eso resulta tan hipnótico.

El bosque como parte del castillo

El entorno no es un añadido, es parte esencial del conjunto. El castillo emerge de un bosque frondoso, húmedo, verde incluso en verano. Al más puro estilo vasco. Aquí, el camino se abre entre árboles y, de pronto, aparece la silueta. La sensación es absolutamente increíble, de esas que se te quedan grabadas para siempre en la memoria. Ese contraste entre naturaleza salvaje y arquitectura romántica explica buena parte de su encanto.

Imagen del Castillo de Butrón.

Imagen del Castillo de Butrón.

/ Istock / Juanhdez

Otro dato poco conocido es que el interior del castillo nunca se terminó del todo. El proyecto fue tan ambicioso que resultó poco práctico para vivir; estancias enormes, escaleras imposibles, torres difíciles de habitar. El resultado fue un castillo espectacular por fuera, pero incómodo por dentro. A lo largo del siglo XX pasó por distintos propietarios y usos, y durante años permaneció cerrado. Hoy no siempre es visitable por dentro, pero eso no le resta fuerza. El exterior basta para entender su singularidad.

Más alla del castillo

El castillo está muy cerca de Bilbao, lo que lo convierte en una excursión perfecta para combinar con ciudad. En menos de media hora se pasa del Guggenheim a un castillo de cuento. Además, la costa vizcaína está a tiro; Sopelana, Bakio o Plentzia ofrecen un contraste radical entre mar abierto y bosque interior.

Imagen del Castillo de Butrón.

Imagen del Castillo de Butrón.

/ Istock / Juanhdez

El Castillo de Butrón no presume de grandes batallas ni de conquistas decisivas. Su historia es más moderna y, por eso, más honesta. Es un castillo nacido del deseo de crear belleza, no de defender territorio. Y en eso triunfa. Aquí no hace falta entrar para entenderlo. Basta con verlo aparecer entre los árboles y aceptar que, a veces, la arquitectura también puede ser pura fantasía.

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