El castillo más bonito de España está en un pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico: repleto de torres, galerías y jardines para perderse
Este castillo combina a la perfección monumentalidad y belleza al más puro estilo cuento de hadas.

En el siglo XV, mientras gran parte de Europa levantaba fortalezas sobrias y funcionales, un rey decidió hacer justo lo contrario. Carlos III el Noble, monarca de Navarra, quiso un palacio donde pasear, conversar, cultivar jardines y asomarse al paisaje por puro disfrute. No puedo poner la mano en el fuego, pero estoy casi segura que no buscaba una fortaleza inexpugnable, sino una residencia que hablara de poder desde la belleza. El resultado fue el Palacio Nuevo de Olite, una fortaleza maravillosa con una arquitectura pensada más para el placer cortesano que para la guerra. Seis siglos después, aquella decisión sigue notándose en cada torre, cada galería y cada rincón suspendido en el aire.
Cuando un rey decidió construir belleza
A comienzos del siglo XV, Carlos III el Noble, rey de Navarra, tomó la decisión poco habitual de trasladar su corte a Olite y levantar allí una residencia que rivalizara con los grandes palacios europeos. No buscaba una fortaleza austera; quería un palacio cortesano, cómodo, luminoso y sorprendente. Y, ya os adelanto, que lo consiguió. Pues, si queréis mi humilde opinión, no he visto cosa igual en España.

Para lograrlo, transformó una fortaleza anterior del siglo XIII (el llamado Palacio Viejo) y levantó el Palacio Nuevo, una construcción gótica civil excepcional en España. El resultado un conjunto complejo y escalonado, adaptado al terreno, pensado para ser recorrido más que contemplado desde fuera. Y eso, se nota en cada metro que se recorre...
Torres que no se repiten
Uno de los grandes aciertos del Palacio Nuevo es que no hay dos torres iguales. La Gran Torre, la Torre Nueva, la Torre de las Tres Coronas o la Torre del Homenaje responden a funciones distintas: estancias privadas, miradores, salones, pasos elevados... Cada una aporta una perspectiva nueva sobre el conjunto y sobre el pueblo.

Por el contrario, el interior es una sucesión de galerías abiertas, claustros elevados y patios que conectan las estancias como si fueran calles interiores. Esta idea de palacio-laberinto era muy avanzada para su tiempo y refuerza la sensación de movimiento continuo. Aquí la arquitectura no es defensiva, más bien es escenográfica. Todo está pensado para el paseo, la conversación y la vida cortesana. Por eso el Palacio de Olite se siente tan diferente a otros castillos españoles.
Jardines colgantes y animales exóticos
Uno de los detalles más sorprendentes (y documentados) es la existencia de jardines colgantes y huertos elevados dentro del palacio. En ellos crecían naranjos, limoneros y plantas aromáticas, algo excepcional en la época y en esta latitud. Además, el recinto albergó animales exóticos como leones o jirafas, símbolo de poder y sofisticación. No era solo una residencia; era una declaración política y cultural.

Tras la conquista de Navarra y el paso de los siglos, el palacio cayó en abandono y sufrió incendios y expolios. Durante mucho tiempo fue una ruina romántica. La gran restauración del siglo XX devolvió al conjunto su imagen actual, basada en documentación histórica y criterios patrimoniales rigurosos; ¡menos mal! Hoy el Palacio Nuevo se integra en la red de Paradores de España, ¡dormir dentro de sus muros es posible! Y pasear por sus estancias permite imaginar la vida cortesana con una cercanía poco habitual.
Más allá del palacio
El encanto no termina en el castillo. Olite conserva plazas, iglesias y calles medievales que dialogan con el palacio sin competir con él. La iglesia de Santa María la Real, la plaza de Carlos III o la Torre del Chapitel completan un recorrido coherente y sin estridencias. A esto se suma la tradición vinícola de la zona, con bodegas integradas en la Ruta del Vino de Navarra, que explica por qué Olite fue un lugar estratégico también por razones económicas.

El Palacio Nuevo de Olite no se resume en una foto, pues exige tiempo, curiosidad y ganas de perderse. Es probable que esa sea la razón por la cual muchos lo consideran el castillo más bonito de España.
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