Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El cañón de Soria con una ermita templaria del siglo XIII: más de cien buitres leonados, una cueva gigante y un restaurante con estrella Michelin a 20 minutos

133 parejas de buitre leonado, una ermita atribuida al Temple y un restaurante con estrella Michelin conviven en un mismo cañón soriano que cruza también tierras de Burgos.

Tiene una ermita templaria única en el mundo convertida en abadía.

Tiene una ermita templaria única en el mundo convertida en abadía. / Istock

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Entre Soria y Burgos, el río Lobos se abre paso por una garganta de piedra caliza donde basta mirar al cielo para entender por qué este lugar es especial. Pero lo más impresionante es cuando, a mediodía, los buitres leonardos aprovechan las corrientes térmicas que aquí se generan para ganar altura y buscar a sus presas. A veces son tantos que uno acaba perdiendo la cuenta. Lo mejor es que no se trata de tener suerte: aquí es lo normal. Según el último censo oficial, en el parque crían 133 parejas reproductoras y 103 de ellas lograron sacar adelante un pollo que llegó a volar.

Parque Natural del Cañón del Río Lobos

Parque Natural del Cañón del Río Lobos / Istock

El paisaje lleva millones de años formándose. El agua ha excavado un cañón de más de veinte kilómetros en la roca cretácica, dentro de un espacio protegido que supera las 10.000 hectáreas y que se reparte entre Soria y Burgos, aproximadamente en una proporción de dos tercios en la primera provincia y uno en la segunda. Este fue, además, uno de los primeros espacios naturales protegidos de Castilla y León, con declaración desde 1985.

La ermita más espectacular de España está en el corazón de un parque natural: se llega a través de una ruta de senderismo de ensueño

Adriana Fernández

Pero uno de sus rincones más conocidos es el que está en una enorme cavidad abierta en la roca, donde aparece la curiosa y peculiar ermita de San Bartolomé: un edificio del siglo XIII que se relaciona desde hace generaciones con los templarios. Estamos, indudablemente, en el Cañón del Río Lobos, un lugar que mezcla historia, paisaje y leyendas.

La ermita que la tradición relaciona con el Temple

La ermita de San Bartolomé fue construida durante el primer cuarto del siglo XIII. Es románica, aunque ya incorpora algunos elementos góticos, y tiene planta de cruz latina. Su aspecto es austero, casi sencillo, sobre todo si se compara con el enorme paredón de roca que la rodea.

Ermita templaria de San Bartolomé

Ermita templaria de San Bartolomé / Istock

En su día formó parte de un pequeño conjunto religioso. La tradición local lo ha vinculado durante siglos a la Orden del Temple, llegando a plantearse que podría haber sido la sede de la encomienda de San Juan de Otero. De aquel conjunto original únicamente se conserva la capilla, pues después de la disolución del Temple en 1312 esta pasó a depender de la diócesis de Osma, que estableció allí la actual Abadía de San Bartolomé.

No fue hasta 2015 cuando la Junta de Castilla y León declaró a esta ermita Bien de Interés Cultural, uno de los mayores reconocimientos a nivel patrimonial de España. Anque para seguir soñando con las historias de lo templarios siempre nos quedará, a pocos kilómetros, las ruinas del castillo de Ucero, también relacionadas tradicionalmente con la orden.

Ermita en el interior del Cañón del Río Lobos.

Ermita en el interior del Cañón del Río Lobos. / Istock

La Cueva Grande, frente a la ermita

Al otro lado de la explanada se abre la Cueva Grande, también conocida como Cueva de San Bartolomé, situada a unos 996 metros de altitud. No pasa precisamente desapercibida. Su enorme boca domina este tramo del cañón y ha servido como refugio humano desde épocas antiguas. En el entorno se han encontrado indicios de ocupación que se remontan a la Edad del Bronce. También se ha relacionado la cavidad con eremitas de época visigoda, que habrían buscado aquí aislamiento muchos siglos antes de que aparecieran los templarios en el relato.

Cueva en el Cañón del Río Lobos.

Cueva en el Cañón del Río Lobos. / Istock

La cercanía entre la cueva y la ermita es una de las razones por las que este punto concentra tantas visitas. En pocos metros se juntan la pared vertical del cañón, la cavidad, el templo y el río. No sorprende que sea uno de los lugares más fotografiados del parque y que haya servido también como escenario de rodajes de películas y series. Pero el trabajo del agua no termina en lo que se ve desde fuera. Bajo la superficie continúa desarrollándose una compleja red de conductos y galerías propia del relieve kárstico. En algunos tramos el propio río desaparece bajo tierra y vuelve a surgir kilómetros después, siendo uno de los rasgos más curiosos de la ruta.

Un santuario para las rapaces

Buena parte del valor natural del Cañón del Río Lobos se entiende mirando sus cortados. En las ocho zonas de cría controladas dentro del parque se han censado 133 parejas de buitre leonado, con 103 pollos que consiguieron volar en la última temporada de referencia.

Buitre.

Buitre. / Istock / Maurizio Bonora

El buitre es la especie más visible, pero no es la única. En estos mismos paredones crían también nueve parejas de alimoche y tres de halcón peregrino. Águilas reales, águilas perdiceras, azores y búhos reales forman igualmente parte de la fauna del espacio protegido. A ras de suelo, el parque alberga corzos, jabalíes, nutrias, tejones y gatos monteses.

El seguimiento de la colonia de buitre leonado se mantiene desde 1999, lo que permite observar su evolución a largo plazo. Los datos apuntan a que, después de décadas de crecimiento, algunas de las grandes colonias de las zonas controladas desde hace más tiempo empiezan a mostrar cierta estabilización. Nada de eso resta espectacularidad a la escena. Ver decenas de buitres girando a la vez sobre el cañón sigue siendo una de las imágenes más reconocibles del parque. Y, en este caso, no hace falta perseguir demasiado el momento: muchas veces basta con levantar la vista.

Cañón del Rio Lobos

Cañón del Rio Lobos / Istock

De Ucero al Puente de los Siete Ojos

Ucero es una de las principales puertas de entrada al parque. Allí se encuentra la Casa del Parque, instalada en un antiguo molino rehabilitado como centro de interpretación. Sobre el pueblo aparecen, además, las ruinas del castillo, visibles desde buena parte del entorno.

Desde esta zona se puede seguir a pie el curso del río y adentrarse en el cañón. A medida que avanza la ruta, el paisaje va cambiando: los paredones estrechos del comienzo dejan paso poco a poco a zonas más abiertas hasta llegar al entorno del Puente de los Siete Ojos, otro de los puntos habituales de acceso y referencia para los senderistas. El agua transparente, la vegetación de ribera y algunos tramos cubiertos de nenúfares ofrecen una imagen bastante distinta de la que rodea a San Bartolomé. Es también una buena forma de comprobar que el parque no se acaba en la ermita, por mucho que esta concentre buena parte de las fotografías.

Cañón del Río Lobos y la ermita templaria.

Cañón del Río Lobos y la ermita templaria. / Istock

Navaleno y una cocina ligada al monte

A poco más de veinte minutos en coche se encuentra Navaleno, un pequeño municipio soriano rodeado de pinares. Allí está La Lobita, uno de los restaurantes más conocidos de la provincia. La casa nació en 1952 como establecimiento de comidas de Luciana Lobo y Andrés Lucas y continúa hoy en manos de la familia. La tercera generación está representada por Elena Lucas en la cocina y Diego Muñoz en la sala y la bodega.

La Lobita fue el primer restaurante de la provincia de Soria en conseguir una estrella Michelin, en 2014. Su cocina está muy ligada a los bosques que rodean Navaleno y, especialmente, a la micología. Boletus, níscalos, colmenillas o trufa negra aparecen en los platos según lo que permita cada temporada. El restaurante abre de miércoles a domingo, por lo que, si se quiere convertir la visita al cañón en una excursión de día completo, merece la pena planificar la reserva con antelación.