La calzada romana mejor conservada de España está en un pueblo de 500 habitantes: lo llaman el valle de los tres paisajes y está entre barrancos, bosques y campos de cultivo
Un tramo de más de 1.600 metros que nos transporta hasta el apogeo de Hispania.

Quizá uno de los períodos más interesantes de la historia de la península ibérica, la presencia del Imperio Romano en nuestro territorio sigue siendo evidente hoy en día. Mejor o peor conservados, son cientos, sino miles, los yacimientos arqueológicos presentes en nuestros pueblos y ciudades, los cuales demuestran la importancia de esa época.

Muy probablemente, lo primero que nos viene a todos a la cabeza cuando pensamos en vestigios de ese período que han llegado hasta nuestros días son ejemplos como la ciudad de Mérida o el acueducto de Segovia. Pero hay algunos, quizás no tan conocidos, que son de igual importancia.
Durante su tiempo aquí, los romanos construyeron cientos y cientos de kilómetros de vías que comunicaban diferentes ciudades y colonias, siendo la Vía Augusta la más conocida de ellas. Pero en el norte de la provincia de Burgos se halla la que seguramente es la calzada romana mejor conservada de todo el país.

Una obra de ingeniería romana
En el municipio de Valle de Losa, ubicado en la comarca burgalesa de Las Merindades, se extiende un tramo con más de 1.600 metros de longitud cuyo estado de conservación es prácticamente excelente.

Pertenecía a la vía romana que iba desde la antigua Flaviobriga, actual Castro Urdiales, hasta Uxama Barca, conocida hoy en día como Osma, y según palabras de Isaac Moreno Gallo, ingeniero, historiador y uno de los mayores especialistas en ingeniería romana, “Es una carretera que probablemente sea la mejor conservada de España”.
Con unos 2.000 años de historia, es el tramo más largo del país que no ha sufrido transformaciones. Su descubrimiento es reciente, pues hasta hace bien poco no se sabía exactamente lo que era; por esta razón, hasta los años 80 el tramo era de más de 7 kilómetros, pero la actividad agrícola y la concentración parcelaria lo acabaron reduciendo a los 1.600 metros actuales.
La desaparición de vías romanas, en general, se debe al desconocimiento, pues anteriormente se creía que estas infraestructuras estaban empedradas, como sucedía en las calles de las ciudades romanas. Pero la construcción de las vías era distinta: estaban conformadas por varias capas de piedras de todos los tamaños, así como áridos finos y arcillas, todas ellas compactadas para crear una carretera que, muchas veces, se encontraba sobre una plataforma de rellenos a cierta altura, y por la cual circulaban carros de mercancías y todo tipo de gentes.

Evidentemente, hoy en día se puede transitar por la vía, si bien siempre a pie e intentando ir con el máximo cuidado, pues debemos ser respetuosos con el entorno y la historia.
Un valle con tres paisajes
El municipio de Valle de Losa se encuentra enclavado en un valle del cual se distinguen tres zonas distintas: la más baja, por donde pasa el río Nabón, es zona de conreo de cereal; en las zonas más altas, los bosques y pastos predominan el territorio; por último, el trazado del valle del río Jerea, que atraviesa el territorio de manera transversal para conformar un paisaje de sorprendentes formas geológicas.
Una de estas formas geológicas tan peculiares es la peña sobre la que se erige la ermita de San Pantaleón, de estilo románico y consagrada a principios del siglo XIII. La combinación de su curioso emplazamiento, su compleja iconografía, y su pertenencia a la Orden de San Juan de Jerusalén han hecho que nazcan leyendas entorno a esta iglesia, muchas de ellas relacionadas con el Santo Grial.
Situada al norte del municipio, limitando con el Valle de Mena, la cascada de San Miguel es un imponente salto de agua en el que el río San Miguel forma una cascada de 200 metros de altura. Con un recorrido de 4 kilómetros ida y vuelta y con cierta dificultad, sobretodo por encontrarse en las inmediaciones de un coto de caza, la cascada ofrece una experiencia espectacular, especialmente durante la época de lluvias.
Declaradas Bien de Interés Cultural, repartidas por las diferentes localidades pertenecientes al Valle de Losa hay tres torres y un torreón de suma importancia arquitectónica e histórica; estas se encuentran en Río de Losa, Lastras de la Torre, y San Llorente.
Por otro lado, en la localidad de San Martín de Losa se encuentra la villa romana de Los Casajeros, declarada bien cultural protegido. Se cree que la población se mantuvo hasta las invasiones bárbaras del siglo V, y en ella todavía se conservan mosaicos en varias de las estancias, los restos de una sala fría, y un sistema de calefacción romano.
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