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La calle más antigua de Granada es la que Federico García Lorca bautizó como el lugar "donde viven las manolas": un paseo de dos kilómetros que atraviesa 2.000 años de historia

El encanto de esta ciudad se entiende al pasear por calles tan emblemáticas como esta, donde hasta los grandes poetas se han rendido a sus pies con sus versos.

La calle más antigua de Granada es un paseo de dos kilómetros que atraviesa 2.000 años de historia

La calle más antigua de Granada es un paseo de dos kilómetros que atraviesa 2.000 años de historia / Istock / Hans-Martens

Granada, con más de 230.000 habitantes y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (gracias a la Alhambra, el Generalife y el Albaicín), es una ciudad que acumula siglos de convivencia entre culturas. Y tiene una calle que es concretamente su columna vertebral histórica. Durante la dominación islámica fue la vía principal de la medina, el camino que conectaba el corazón de la ciudad con la Vega de Granada y con la antigua capital de la región, Medina Elvira. Sus siglos de historia se dejan ver a día de hoy entre sus piedras.

La calle Elvira arranca en la Plaza Nueva y se extiende hacia el norte durante casi dos kilómetros hasta coronarse en la imponente Puerta de Elvira, el acceso principal a la Granada islámica y uno de sus monumentos más antiguos. Hoy es una arteria semi peatonal de ambiente bohemio, tapizado de tiendas de artesanía árabe, tetería de especias, bares de tapas y el murmullo constante de los visitantes. Pero para entenderla de verdad, hay que remontarse mucho más atrás: su nombre ya aparecía en documentos del siglo IX, y los arqueólogos sitúan los primeros asentamientos en este corredor urbano en torno al siglo VII antes de Cristo.

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Adriana Fernández

Herencia japonesa en las calles de Granada

Curiosamente, por este mismo suelo de la calle Elvira, también circularon los samuráis japoneses de la Embajada Keichō camino de Sevilla en el siglo XVII. Entre sus locales más singulares se ha hecho un hueco improbable el Yama Sushi, un minúsculo restaurante japonés con solo tres mesas (y meses de espera para reservar) que su chef Zijian Xiong ha convertido en el templo del sushi granadino.

Puerta Elvira (Granada)

Puerta Elvira (Granada) / Istock / saiko3p

La Puerta de Elvira: una joya declarada Monumento Histórico Artístico

La Puerta de Elvira que la remata fue construida en el siglo XI por los sultanes ziríes y reformada en el XIV bajo el reinado nazarí de Yusuf I. Ha sido declarada Monumento Histórico Artístico Nacional en 1896 y sigue siendo hoy una de las puertas medievales mejor conservadas del sur de España. Durante siglos fue la principal entrada para los viajeros procedentes de Castilla, convirtiéndose en escenario de algunos de los episodios más relevantes de la historia granadina.

Calle de Elvira (Granada)

Calle de Elvira (Granada) / Wikimedia Commons

Por este arco desfilaron los Reyes Católicos tras la conquista del reino nazarí, así como monarcas, nobles y autoridades que marcaron el devenir de España. También cruzaron bajo sus bóvedas cortejos fúnebres de enorme relevancia histórica, camino de los lugares donde reposarían algunas de las figuras más importantes de la monarquía. Pero era mucho más: era un lugar donde convivían vecinos, artesanos y viajeros, convirtiendo este acceso monumental en un auténtico corazón urbano.

Junto a ella, el visitante curioso puede descubrir también la Iglesia de San Andrés, levantada en 1528 sobre el solar de una antigua mezquita, y los Baños Árabes de Hernando de Zafra, un hammam del siglo XII que los Reyes Católicos donaron a su secretario tras la conquista de la ciudad.

Entender esta calle como lo hizo Lorca a través de sus versos

Si hay alguien que supo leer a la calle Elvira como nadie, ese fue Federico García Lorca. El poeta granadino la elevó a símbolo en varios de sus textos, comenzando por la copla que incorporó a Doña Rosita la soltera: "Granada, calle Elvira, donde viven las manolas, las que se van a la Alhambra, las tres y las cuatro solas". Pero fue en su Diván del Tamarit donde Lorca convirtió la Puerta de Elvira en un símbolo del deseo imposible. En la Gacela del mercado matutino, el poeta escribe: "Por el arco de Elvira quiero verte pasar, para saber tu nombre y ponerme a llorar".