Esta cala paradisíaca de Cataluña es única, desconocida y esconde unos puentes de piedra que parecen flotar sobre el mar
No hace falta viajar demasiado lejos para encontrar auténticos paraísos que nada tienen que envidiar a las islas del Caribe.

Por más de 200 kilómetros se extiende unos de los paraísos más preciados de España, con cientos de pueblos medievales, preciosas playas y calas escondidas que poca gente conoce: la Costa Brava. El litoral catalán cuenta con espacios para todos los gustos, desde algunos más familiares hasta otros más recónditos para escapar durante unos instantes de la realidad. En un pequeño pueblo del Baix Empordà encontramos una cala única de esa segunda categoría.

Además de unas preciosas aguas cristalinas y arena dorada, típicas de la mejor playa caribeña, esta cala del pueblo de Santa Cristina d'Aro (Gerona) se caracteriza por elementos muy especiales, puentes de piedra que parecen flotar sobre el Mediterráneo. Su nombre es Cala Canyet y pocos son los viajeros que la han descubierto porque no aparece en los catálogos turísticos, ni suele ser un lugar que se llena de visitantes en ninguna época del año, ni siquiera en verano.
Se encuentra en la carretera de Sant Feliu de Guíxols a Tossa de Mar. Si bien se encuentra en el término municipal de Santa Cristina d'Aro, para llegar hay que atravesar una sinuosa carretera hasta el desvío hacia la urbanización Rosamar. Solo el trayecto ya ofrece unas vistas impresionantes del entorno, pero lo que realmente merece la pena es llegar hasta esta maravilla natural que mide poco más de 70 metros y está salpicada de puentes, arrecifes y cuevas.

Puentes que flotan sobre el mar y una estatua homenaje
Está delimitada por puentes de piedra en un paseo que se denomina Camí dels Pontets. Al sur están los Esculls de Canyet y al norte la Punta de Canyet. Funcionan como pasarelas que aportan la sensación de que se está caminando sobre el mar, observando a sendos lados una zona de arrecifes marinos y las olas mediterráneas. Al final del pasadizo aparece la pequeña superficie arenosa, donde tomar el sol y relajarse con las mejores vistas de la Costa Brava de fondo.

La cala también cuenta con servicios cercanos como duchas, club náutico, chiringuito o restaurante. Además, hay un mirador en la zona amurallada con una estatua femenina que homenajea a la actriz Ava Gardner. El motivo es que en ese lugar se rodaron varias escenas para la película 'Pandora y el holandés errante' en el año 1950 junto a un torero catalán, Mario Cabré, con quien se dice que mantuvo un romance en una época en la que estaba casada con Frank Sinatra.
Cómo visitarla y qué ver en el entorno
Esta joya ampurdanesa está completamente alejada de las aglomeraciones típicas del verano en el litoral español. Una de las razones es que su acceso está limitado durante la temporada alta por una barrera en la urbanización Rosamar y la entrada se torna de pago durante el verano. Un dinero, sin duda, muy bien invertido, pues se trata de un lugar muy valorado tanto por los viajeros que lo descubren como por los habitantes de la zona que lo conocen desde siempre.
En la zona también puede visitarse Santa Cristina d'Aro, un municipio de interior que, a pesar de ello, cuenta con las calas más paradisíacas de la zona. De hecho, se dice que fueron sus calas las que inspiraron el nombre de la Costa Brava. Tampoco se debe dejar de visitar la Vall d'Aro, una subcomarca donde se erigen monumentos como la iglesia de Santa María de Bell-lloc, el monasterio cisterciense de Santa María de Solius, la Font Picant o el dolmen de la Cova d'en Daina.
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